¿Por qué ya no se venden televisores 3D?

Gafas polarizadas para ver en una TV 3D./
Gafas polarizadas para ver en una TV 3D.

La falta de contenido estereoscópico ha resultado determinante

SARA BORONDO

Una de las tecnologías que vuelve cada cierto tiempo es la que ofrece imágenes 3D en toda clase de pantallas. La última vez que se antojó 'el futuro del cine' fue a raíz del estreno de 'Avatar' en 2009, cinta dirigida por James Cameron. El mundo de Pandora era espectacular en su versión 3D, cuando las imágenes parecían salir de la pantalla; sirvió precisamente para despertar la necesidad de ver otras películas con dicha tecnología. El siguiente paso fue conseguir que hubiera una televisión 3D en cada casa, camino que los fabricantes siguieron de forma entusiasta. Con el paso de los años las salas 3D se han mantenido (aunque sin la popularidad inicial), pero el mercado de televisores para imágenes estereoscópicas se fue diluyendo poco a poco y resulta difícil encontrar modelos a la venta.

¿Pero qué es la visión estereoscópica? Parte de dos imágenes que el cerebro humano integra en una sola para crear una imagen tridimensional. Para ello es necesario que las dos estén tomadas con una separación de 65mm, que es la distancia existente entre los ojos humanos. El mayor reto es conseguir que sea una visión 3D directa, sin accesorios de por medio, algo que Nintendo consiguió en su consola portátil 3DS. Por contra, la mayoría de pantallas en cine y televisión son de visión estereoscópica indirecta, que requiere gafas para la visualización tridimensional.

Los primeros intentos por conseguir la estereoscopia

Estereoscopio de Wheatstone
Estereoscopio de Wheatstone

La idea de ofrecer imágenes bidimensionales para que la mente las perciba con profundidad empezó a plasmarse a comienzos del siglo XIX, en la Inglaterra victoriana, cuando Charles Wheatstone inventó el estereoscopio. Éste creaba la ilusión de ver imágenes tridimensionales usando dos fotografías y lentes o espejos.

A lo largo de todo el siglo se desarrollaron varios métodos similares. pero fue la aparición del cine en el siglo XX lo que abrió el campo de la imagen en movimiento a la visión estereoscópica. No fue algo inmediato: en la década de los 20 se intentó la doble proyección de la película 'The Power of Love', que grabó la imagen separando los colores rojo y verde, pero no tuvo demasiada aceptación.

Hasta 1950 no se rodó la primera película 3D en color. 'Bwana, el Diablo de la Selva', de Arch Oboler, narraba la historia de dos leones devoradores de hombres que frenaron las obras de un ferrocarril africano. En cinco años se rodaron varias películas más, incluidas 'Los Crímenes del Museo de Cera', de André de Toth y 'Vinieron del Espacio', de Jack Arnold. Hasta Alfred Hitchcock se dejó seducir por la idea para su película 'Crimen Perfecto', aunque la mayoría de producciones que se rodaron en 3D eran de serie B. A la postre, el público acabó cansado de la calidad (artística y técnica) de la mayoría de películas; y de las gafas que se utilizaban por entonces (polarizadas), que provocaban malestar en algunos espectadores. Así terminó lo que fue la primera fiebre de las 3D en el cine.

La segunda oleada llegó en 1980, coincidiendo con el despegue de los cines IMAX, para los que se rodaba usando dos lentes (cada una representaba un ojo), y luego las dos películas se proyectaban de forma simultánea. El sistema, aunque sobrevive, quedó relegado a una posición minoritaria en el mercado.

Por su parte, Arch Oboler inventó el sistema Space-Vision 3D, que superponía las dos imágenes en una sola película. En esta época se rodaron filmes como 'Viernes 13 Parte III', 'Amityville 3D' o 'Tiburón 3D'. Nuevamente, se trataba de cintas funestas y las gafas no ofrecían demasiada calidad.

Primeras emisiones en televisión

Por entonces también se llevaron a cabo las primeras emisiones en 3D para televisión, con gafas anaglíficas de cartón (un papel azul y otro rojo simulaban los cristales). Éstas llegaron a regalarse junto a una revista para visualizar la emisión del western 'Fort It', dirigida por William Castle en 1953. Aunque la experiencia levantó mucha polvareda, no pasó de ser una curiosidad.

Llegamos así a 'Avatar', que contaba una historia no demasiado original; la verdadera fuerza de la película era el mundo en el que transcurría, Pandora, con una vegetación espectacular que al anochecer se llenaba de azules y púrpuras, con monturas voladoras… todo ello quedaba espectacular visto en 3D con las gafas polarizadas. Tan pronto como se estrenó se despertó una nueva fiebre estereoscópica y se rodaron versiones tridimensionales de estrenos como 'La Vida de Pi', 'Gravity' o 'Cómo entrenar a tu dragón'.

Al mismo tiempo se intentaba, por primera vez, convencer a los consumidores para que comprasen televisores capaces de reproducir contenido en 3D. Las gafas que se utilizaban en este caso eran como las del cine: filtraban las ondas de luz procedentes de distintos ángulos de la pantalla, de forma que cada ojo reciba la imagen polarizada que le corresponde. Su ventaja sobre los anaglifos es que no alteran los colores, aparte de ser más discretas.

Algunas empresas como Philips se aventuraron a lanzar al mercado pantallas autoestereoscópicas, las 'WOWvx', que permitían ver las imágenes sin necesidad de utilizar gafas, utilizando microlentes para controlar la difracción de los haces de luz. Además, el 3D podía apreciarse desde varios ángulos. Estas televisiones debían tener una resolución cuatro veces mayor que la estándar y estaban destinadas al mercado publicitario más que al doméstico, dado su alto precio. Finalmente, Philips abandonó la producción en 2009.

Varios problemas han frenado el impulso de hace 10 años

Hace diez años las productoras cinematográficas se mostraban convencidas de que las 3D eran el futuro del entretenimiento audiovisual y que en esta ocasión el empuje era imparable. Pero la realidad demostró que no era así, ni mucho menos. Los problemas que han frenado el camino de las 3D son variados: en primer lugar está el hecho de que entre el 4 y el 10% de la población tiene algún problema de alineación de los ojos o con la recepción de las imágenes en el cerebro, lo que les impide ver en 3D sin importar la tecnología.

También está el hecho de que en muchos casos los directores caían en el exceso de efectismo y rodaban sus películas para sorprender constantemente a los espectadores (con objetos que iban hacia ellos). No pensaban en la propia cinta, lo que sacaba de la narración y convertía la tecnología en un obstáculo. Al tiempo, surgieron quejas de que las películas en 3D eran mucho más oscuras (las gafas polarizadas reducen la entrada de brillo, luz y contraste).

Un último detalle, pero no por ello menos importante, es que se hicieron conversiones a 3D de películas rodadas originariamente en 2D. Algunas fueron notables, como 'Parque Jurásico' o 'Toy Story 3', pero en otras ('Furia de Titanes', versión de 2010) no se cuidó mucho el aspecto técnico, lo que acabó desencantando al público. En el caso del cine, además, el precio de la entrada es considerablemente superior.

La necesidad de utilizar gafas polarizadas

En lo concierniente a televisores, la tecnología 3D coincidió con otras: el incremento de resolución hasta las 4K y las pantallas OLED, que ofrecen mayor calidad de imagen sin necesidad de gafas adicionales. Otro detalle que no tuvieron en cuenta los fabricantes fue que cada persona que estuviese viendo la televisión tenía que llevar unas gafas polarizadas, lo que suponía un coste adicional -agravado por el hecho de que cada empresa utilizaba sus propias gafas, incompatibles con las de otras marcas-. Además, el ángulo para ver las imágenes tridimensionales era más reducido que en las pantallas tradicionales y llevar puestas unas gafas durante varias horas podía provocar fatiga visual.

Hacia 2015 quedaban Samsung, LG, Panasonic y Sony como principales fabricantes, pero en 2016 ninguno de ellos apostó por esta tecnología en sus modelos. Además de las razones expuestas, los consumidores que decidieron invertir en una televisión 3D (no eran precisamente baratas) encontraron una grave falta de contenido. Las productoras eran conscientes de que los usuarios no estaban muy satisfechos con la tecnología y apenas salieron unos cuantos Blu-ray 3D. En 2016, con el formato algo agotado, se lanzaron 52 películas. En 2017 la cifra bajó hasta 44.

La tendencia actual es hacia una mayor resolución de imagen y la apuesta por las tecnologías QLED, OLED y la iluminación HDR, que ofrecen colores más cercanos a la realidad, menos consumo y un brillo extra.