Uno de los sicarios confiesa que el vecino de Amorebieta les encargó matar a Ardines por 25.000 euros

La primera mujer a la izquierda, de espaldas, es Katia, la esposa del presunto inductor del crimen, ante la casa de Ardines poco después de encontrarse el cadáver. / Llaca

La jueza encarcela a tres detenidos por la muerte del edil de Llanes, al que sus asesinos rociaron con gas pimienta para aturdirle y asfixiarle

OLAYA SUÁREZ | LUCÍA RAMOS

La jueza de Llanes Lucía González Azpiazu decretó la pasada medianoche el ingreso en prisión comunicada y sin fianza por un delito de asesinato para el empresario de Amorebieta Pedro Nieva Abaigar, para uno de los dos sicarios a los que presuntamente contrató para matar al concejal de Izquierda Unida Javier Ardines -el otro está pendiente de extradición desde Suiza- y para el supuesto mediador, Jesús M. B., arrestado el pasado martes en Erandio. Los tres fueron trasladados a primera hora de la madrugada al centro penitenciario de Asturias, entre gritos de «hijos de puta» lanzados por vecinos de Llanes.

La confesión del ciudadano argelino apresado en Otxarkoaga no dejó muchas opciones a la jueza. En su declaración, que se prolongó más de una hora, D. B. explicó que Nieva les encargó a él y a su compatriota matar a su amigo -del que sospechaba que tenía una relación íntima con su mujer, Katia- a cambio de 25.000 euros. Entre los dos asesinos a sueldo y el inductor del crimen habrían trazado de forma minuciosa el plan para acabar con la vida del edil de Llanes, estudiando el escenario más propicio y con varios viajes desde Bilbao para concretar los pormenores, analizar el terreno y ensayar la emboscada que finalmente llevaron a cabo la madrugada del 16 de agosto del pasado año.

El presunto autor intelectual ofrece una versión distinta. Nieva negó tanto que conociera a este ciudadano argelino como cualquier implicación en los hechos. Se negó a contestar a la jueza y a la fiscal y únicamente ofreció un monólogo de seis minutos en un intento desesperado de negar unos cargos de los que la Guardia Civil dice tener «multitud de pruebas». Más escueto aún fue el supuesto mediador, que solo pronunció una frase: «No quiero declarar».

Entre esos indicios recabados por el instituto armado destaca un aerosol de gas pimienta incautado en el piso de Bilbao donde residía D. B. con su familia. Según se desprende de la investigación, los dos autores materiales del asesinato se abalanzaron sobre su víctima por detrás en la oscuridad y le rociaron con gas pimienta. Su intención era dejarle aturdido para evitar que se resistiera, objetivo en el que inicialmente fracasaron pese a haberle golpeado de forma brutal con un objeto contundente, ya que Ardines consiguió echar a correr camino adelante. Sin embargo, su fuga y su esperanza de salir con vida del trance duraron apenas 70 metros. Los dos sicarios le alcanzaron y le asfixiaron hasta la muerte.

La Guardia Civil encontró trazas de gas pimienta en las vallas con las que los autores del asesinato cortaron el paso al vehículo del concejal de Llanes. En principio confundieron la sustancia con óxido, pero los laboratorios de Criminalística confirmaron en octubre que se trataba de gas irritante. El registro del Citroën requisado en Otxarkoaga al sicario argelino, y que los investigadores han conseguido situar en Llanes el día de los hechos, habría revelado también la presencia de restos de este gas tóxico, y el hallazgo del espray en Otxarkoaga cerró el círculo.

Detenido por narcotráfico

Además de los cargos por asesinato, Pedro Nieva se enfrenta a una acusación por tráfico de drogas. El pasado noviembre, la 'operación Strabe' abierta para esclarecer la muerte de Ardines se cruzó con otra bautizada como 'Mariateza', en la que el empresario de Amorebieta está imputado por haber instalado presuntamente el sistema eléctrico en un invernadero de cannabis en Las Merindades, en el norte de Burgos.

La Guardia Civil le detuvo por estos hechos a finales de diciembre. Para entonces ya era el principal sospechoso de encargar el asesinato de Ardines, pero a los investigadores aún les faltaban pruebas, así que le dejaron continuar con su vida hasta tener mejor ancladas las pesquisas.

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