LOS CUERNOS DE LOS LISTOS

«Ya no es un chiste. La dictadura de lo correcto cabalga imparable».

LOS CUERNOS DE LOS LISTOS
JON URIARTE

Y el toro dijo al morir-Siento dejar este mundo...sin probar pipas Facundo. Pero visto el número de tontos de dos patas, no es mal plan viajar al paraíso de las astas difuntas-. Nunca lo dijo. Para empezar no hablan. Pero imagino a aquel toro del anuncio de las pipas pensando algo parecido. Que preparen las teclas los fanáticos integristas del dios animal porque este texto les va a cabrear. De hecho les enciende cualquier cosa últimamente. Y como no son cuatro monos, sino que la cosa crece, habrá que dejar algunas cosas claras. Lo digo por la última ocurrencia de PETA. Ya saben, «Personas por la Ética en el Trato de los Animales». Proclaman que hay que acabar con frases como «coger el toro por los cuernos». Y proponen cambiarlo por «agarrar la flor por las espinas». Muy poético. Imagino a los morlacos en las dehesas aplaudiendo la iniciativa. Ya pueden dormir tranquilos. O no. Porque tanta corrección acaba atragantando.

Confundir el respeto a los animales con anular frases hechas cargadas de simbolismo es dar otro paso hacia ese mundo cada vez más cercano y peligroso que se llama «dictadura de lo correcto». Ya no se puede hacer un chiste y tampoco decir según qué frase. Si no es un colectivo facha es uno rojo. Si no es un taurino es un antitaurino. Si no es un blanco es un negro. Si no es un taxista es uno de Uber. Y suma y sigue. Curioso que se celebre en estos días la llegada de la democracia y cada vez haya más censura. Ahora, la políticamente correcta. Pero censura. Total que estoy desolado ante las propuestas de PETA. Dicen «matar dos pájaros de un tiro» pasaría a «alimentar dos pájaros con un panecillo». Y que en lugar de «ser conejillo de indias», debo decir «ser tubo de ensayo». Me paro aquí, porque la risa me va a provocar un flato. Pero no sé de qué me río. Debería ponerme a cambiar el repertorio de mis frases hechas.

Empezaré por «Memoria de pez» y la cambiaré por «memoria corta». No porque sea falso. Que lo es. Sino para evitar que se disguste Dori, la amiga de Nemo. Y jamás diré «a cara de perro». Lo cambiaré por «enfrentarse sin concesiones». Tampoco repetiré «más vidas que un gato» pese a, lo juro por Don Gato, Silvestre y Jins, que jamás le he visto ofenderse por esa expresión al felino que vive con nosotros. Tras pasar su primer año de vida como gato abandonado, parece que prefiere el cariño familiar que una revisión de las expresiones de castellano. Raro que es él. Y ya puestos, no diré que «alguien está como un grillo», no sea que la asociación de ortópteros se ofenda. Acepto que llamar «burro» o «asno» a alguien terco o corto de mente no es lo más atinado. Siendo de familia con caserío y pasado rural, tuve un burro de nombre Perico que podría dar clases de ingenio a más de un humano. Pero aun así no me desgarro las vestiduras al escucharlo. Y tampoco lo hago si alguien llama «cerdo» a una persona. Bueno, por la persona quizá. Pero los gorrinos no sufren más por ello. Se lo aseguro. Ah, por cierto, son muy limpios. Pero ya que los de PETA están empeñados en erradicar frases y dichos injustos y ofensivos, podrían actuar contra los chistes de Lepe, pueblo que merece respeto y que carga con un carro de gracietas que les ponen como tontos cuando dan sopas con hondas a otras localidades, tanto en capacidad como en sentido común. Pero como son humanos, lo mismo no interesan. Así que sigamos con otras frases que hay que vetar.

«Eres un rata», porque ese roedor no es culpable de que alguien sea tacaño. Tener «dientes de conejo», porque Bugs Bunny no tiene la opción de que pongan unos brackets. Tener «cuello de jirafa» es signo de belleza, pero lo mismo se enfada el animal porque carga complejo. Y nada de lucir «orejas de elefante». Ya sabemos lo que sufrió Dumbo. Tampoco diré eso de «estar mariposeando». Para lo poco que viven las mariposas no vamos a criticar su forma de volar. Eliminaré «pájaro de mal agüero» y «ser un buitre» por razones evidentes. También «resultar más pesado que una mosca o que un tábano». Jamás soltaré la frase «hacer el salto del tigre». El felino puede molestarse y además es una actividad que nadie practica. ¿O si? En fin, continúo. Eliminaré «tener corazón de león» porque es mucha presión para el rey de la selva, que no tiene por qué ser valiente. Ni rey, ahora que lo pienso. Lo de «correr como una gacela o galgo» también. Es estereotipo facilón. «Hacer el mono» no hace falta comentarlo. Como «gorila de discoteca», «delfín del partido», «lobo solitario» o «pulpo sobón». Y nada de dar «abrazos de oso», «trabajar como una hormiga», «mirar como vaca al tren», «ser más lento que una tortuga» o «salir menos de casa que un caracol». No sigo que me dan mareos. A ver cómo voy a construir una frase en adelante, con lo bestia que soy. Ay, ¿bestia es ofensivo? Por suerte no soy poeta. Por cierto, ¿esto del lenguaje respetuoso, se aplica con carácter retroactivo?

«Los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra». Lo escribió Lorca. Y Miguel Hernández aquello de «Como el toro he nacido para el luto y el dolor, como el toro estoy marcado por un hierro infernal en el costado». Quizá los amigos del lenguaje no ofensivo crean que hay que borrar estas hermosas estrofas, por ser vejatorio y ofensivo hacia el toro. Llegados aquí dejaré claro que es cierto que hay expresiones que deben ser apartadas. Por ejemplo las que se refieren al color, la raza o la clase social de las personas. Pero el resto de animales deben contar con el respeto, la protección y el cariño del ser humano. No con la idiotez. Por decir «matar dos pájaros de un tiro» no voy a ser más agresivo ni los pájaros más infelices. Ni tampoco habrá más cazadores. Quienes insisten en corregir el lenguaje hacen un flaco favor a los seres que presuntamente defienden. Sean hombres, mujeres o toros. No se cambia la sociedad cambiando la lengua. Es al revés. Aunque algunos y algunas sigan sin entenderlo. Personalmente estoy pensando en cambiar «coger al toro por los cuernos» y sustituirlo por «coger al listo por los cuernos». Porque toros no hay muchos. Pero listos...

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