Edvar Moser: «La vejez conlleva sabiduría»

El científico Edvard Moser, durante su visita a Madrid./R. C.
El científico Edvard Moser, durante su visita a Madrid. / R. C.

El premio Nobel, descubridor de las células responsables de la orientación humana, asegura que el cerebro puede gozar de buena salud aunque envejezca

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

En su laboratorio de Noruega, el neurocientífico Edvard Moser descubrió las células del cerebro responsables de la orientación de los seres vivos, imprescindible para la supervivencia de animales y humanos. En el hipocampo se desenvuelven neuronas y conexiones que permiten esa geolocalización. Por este hallazgo, Moser recibió el premio Nobel de Medicina en 2014, junto a John O'Keefe y May Britt, cofundadora del Centro de la Biología de la Memoria, con quien trabajaba desde los años 90 en la búsqueda y comprensión de ese «mapa cognitivo». Publicados sus artículos en revistas como 'Science' y 'Nature', y habiendo revolucionado el campo de la neurociencia al señalar que los animales trazaban un patrón de «células de cuadrículas», a través de complicadas operaciones, para determinar su propia ubicación, comenzó a estudiar las enfermedades degenerativas como el alzhéimer. Fundó el Instituto de Neurociencia de Sistemas de la Universidad de Noruega de Ciencia y Tecnología de Trondheim.

De sonrisa fácil que a veces llega a breve carcajada, Moser reflexiona sobre los procesos del cerebro y la memoria a medida que el ser humano envejece, durante una visita a Madrid, donde participó en el foro 'El futuro del envejecimiento', celebrado en la Fundación Ramón Areces. Con una gestualidad comedida, apenas titubea cuando responde de forma clara y directa.

¿A dónde va la memoria cuando empieza el olvido?

Lo triste es que cuando la memoria se va ya no podemos volver a encontrarla. A veces parece que has perdido un recuerdo, pero muchas veces no siempre lo has olvidado definitivamente. Sin embargo, es difícil rescatarlo. Está por ahí, pero no sabes cómo llegar a él. Durante mucho tiempo estará ahí. Hasta que todo muere. Entonces desaparecen las historias.

¿Por qué la vejez es sinónimo de sabiduría?

La vejez conlleva sabiduría. No podemos olvidar que si hablo de la degeneración que se produce con el alzhéimer, hablo de lo que sucede con una enfermedad. No es una evolución natural. Si es un cerebro normal, sí se producen cambios con la edad, con el rendimiento y la memoria que suelen reducirse un poco. Pero al mismo tiempo tenemos más experiencia y la integramos. Es lo que conocemos como sabiduría. Tienes experiencias vitales, que te permiten integrar cosas que han pasado hace 30 años y verlo todo en perspectiva. Eso aumenta a medida que envejecemos. Por eso es importante tener en nuestra sociedad a jóvenes que reaccionan rápido y controlan las nuevas herramientas, pero tenemos a esas personas que tienen más años y aportan la perspectiva. Hay cosas que declinan cuando envejecemos, pero otras se incrementan.

¿Qué pasa en el cerebro cuando envejecemos?

Se produce una amplia gama de cambios. Hay personas cuyos cerebros siguen como cuando eran jóvenes y están muy sanas hasta el final de sus días, y otros que tienen cambios extremos producidos por patologías como el alzhéimer, que produce la muerte de las neuronas. Pero, aunque es la enfermedad más habitual de este tipo, la mayoría de las personas longevas no padecen alzhéimer, ni están condenadas a tenerla por llegar a la vejez.

¿Se puede comparar el efecto de la edad en las neuronas con lo que sucede en el resto del organismo?

En un envejecimiento normal, sí, todas las células del cuerpo, estén donde estén, tendrán un declive gradual, un deterioro dentro de un proceso muy lento. Pero en personas con demencia no se trata de un deterioro gradual en la capacidad de funcionar de las células neuronales sino de una enfermedad que se extiende hasta ocupar todo el cerebro, y que todavía no sabemos lo que lo activa o desencadena. Ésa es la gran pregunta abierta.

Brújula biológica

¿Cuando ocurre realmente la vejez?

Enfermedad y vejez no es lo mismo, ni la edad implica tener estas enfermedades neurodegenerativas. Lo demuestran los estudios de personas centenarias que siguen sanísimas hasta el final de sus días, y la prevalencia del alzhéimer, que aumenta a partir de los 65 años pero se detiene a los 80, sin importar cuánto más envejecemos. Si combinamos estos factores tenemos que la enfermedad no es consecuencia de la edad, sino que aparece cuando llegamos a esa edad. Quizás porque el cuerpo es más susceptible a algo que sí soporta un cuerpo joven.

¿Qué sucede con las neuronas relacionadas con la orientación y los centros cerebrales que rigen las recompensas?

El sistema de orientación funciona de manera independiente a las recompensas. El cerebro hace una cartografía del entorno con precisión, sin importar lo que estemos haciendo. Grabar la posición es un proceso continuo, encajando direcciones y distancias. Pero si hay lugares en este entorno que son especialmente importantes, como los que resultan placenteros, se codifican con mayor resolución en el cerebro. Aumenta el nivel de detalle y atención. Si no hay una patología, el sistema de orientación no varía con la edad y puede funcionar muy bien hasta el final.

¿Qué es lo más importante, y quizás más impresionante, que ha aprendido usted estudiando el cerebro?

El cerebro utiliza procesos computacionales, algoritmos que ni siquiera nos hemos planteado. Me fascina cada vez que descubro cómo funciona la evolución y cómo hemos conseguido soluciones tan inteligentes.