¿Es admisible divertirse en el Museo de Auschwitz?

Una de las fotos colgadas en la cuenta de Twitter del Museo de Auschwitz./E. C.
Una de las fotos colgadas en la cuenta de Twitter del Museo de Auschwitz. / E. C.

Los responsables del centro han subido indignados a Twitter fotos de visitantes pasando un buen rato en la línea férrea que llevaba a los judíos al infierno

Isabel Urrutia Cabrera
ISABEL URRUTIA CABRERA

Viva el espectáculo. En los tiempos del selfi y las redes sociales parece que hay que divertirse en todo momento. Dar la impresión de que el mundo es un circo y no hemos superado la infancia. Una opción tan respetable como cualquiera. Que cada uno proyecte la imagen pública que quiera en internet. El problema es cuando esa actitud no es una pose, sino una filosofía de vida. En definitiva, cuando se pierde totalmente el sentido de la oportunidad. Lo mismo dan los raíles del tranvía de Disneyworld, en Orlando, que las vías del tren del museo del antiguo campo de Auschwitz.

Todo vale a la hora de sacar una foto. Sirva como ejemplo la instantánea que acompaña este texto (y las hay todavía más bufonescas y payasas en Facebook, Twitter e Instagram), con un joven haciendo equilibrios sobre la línea férrea que tenía por destino el centro de exterminio nazi. «Cada año nos visitan cientos de miles de personas de todo el mundo, y lamentablemente vemos como una parte de ellos aprovecha su recorrido por Auschwitz para hacerse fotos en actitud frívola, sin tener en cuenta que están en un lugar donde tuvo lugar una tragedia humana», se han quejado esta semana los responsables del museo a los medios de comunicación.

Los 'community managers' del centro no han dudado en colgar las imágenes en el propio perfil de Twitter de la entidad (@AuschwitzMuseum), para afear la conducta de los espontáneos y de paso promover el debate entre los más de 302.000 seguidores que tienen. «Hay mejores sitios para hacer equilibrios sobre un raíl», recalcan en el comentario que acompaña el tuit. En torno a 800 internautas han reaccionado a la llamada de atención y la aplastante mayoría comparte el estupor de los directivos del memorial de Auschwitz. «Es tremendo que haya gente con ganas de sacarse fotos en cualquier sitio. Es un lugar que puedes inmortalizar con la cámara, pero, tío, ¿qué sentido tiene que salgas tú posando? Estamos enfermos de exhibicionismo. Dan ganas de vomitar», reflexiona un visitante del museo.

Entre los seguidores de @Ausch-witzMuseum no hay neonazis ni negacionistas del Holocausto. Todos ellos son afines al pueblo judío o simplemente turistas que aprovecharon el viaje a Polonia para darse una vuelta por las instalaciones del infierno donde murieron más de un millón de personas, entre hombres, mujeres y muchos, muchísimos niños. Se les presume sensibilidad y empatía hacia las víctimas de la locura del Tercer Reich.

Solo unos pocos lamentan que se imponga el respeto y la introspección en un antiguo campo de exterminio nazi. ¿Con qué argumentos? Básicamente les incomoda la seriedad: «Es una pena que no se permita sonreír a la gente; si los hay que se divierten, es porque el mundo es mucho mejor ahora. El recordar a las víctimas no significa que debamos estar con un gesto solemne y severo todo el rato». Otros son más escuetos para defender el derecho a banalizar el horror: «Vive y deja vivir». A lo que el Museo de Auschwitz responde con firmeza: «Estudiad Historia para que luego no tengáis que llorar».