«No hemos vivido con ETA, pero lo que hizo fue una barbaridad»

Los seis chicos y las cuatro chicas se dieron cita en la sede de EL CORREO para debatir sobre ETA. / Fernando Gómez

EL CORREO reúne a diez jóvenes de entre 18 y 25 años para que hablen sobre lo que saben del terrorismo y del futuro de Euskadi

Después de seis décadas de terror, 855 asesinatos y miles de vidas rotas, el final definitivo de ETA ha llegado en un momento en el que la mitad de los jóvenes vascos no sabe quién fue Miguel Ángel Blanco, cuántas personas murieron en los atentados o qué fue el 'impuesto revolucionario'. Así se refleja en un estudio de la Universidad de Deusto, que también indica que la gran mayoría está en contra de la violencia ejercida por la banda terrorista. EL CORREO ha reunido a diez jóvenes para debatir sobre el pasado, el presente y el futuro de Euskadi.

Son seis chicos y cuatro chicas de entre 18 y 25 años. Algunos son estudiantes de Bachillerato y otros se encuentran en plena formación universitaria. Como en la sociedad, hay de todo. Los hay que saben bastante de esta etapa negra de la historia y que muestran interés por los atentados sin resolver o la situación de los presos. Los más puestos saben, por ejemplo, quién es 'Kubati', uno de los etarras más sanguinarios de la banda, o quién es Rosa Rodero, la viuda del ertzaina Joseba Goikoetxea, asesinado en 1993. Pero también hay algunos que tenían poco más de 11 años cuando ETA anunció el cese del terrorismo en 2011 y que ven todo esto como algo muy lejano. Algunos incluso confunden a Miguel Ángel Blanco con Carrero Blanco y se muestran incapaces de citar el nombre de una sola víctima de la banda. Todos, sin embargo, tienen algo en común. Consideran que lo que hizo ETA fue una «barbaridad».

Los protagonistas

1. Patxi Santaolalla | Estudiante de Medicina de 21 años.
«Cuando era más pequeño me preguntaba si la gente saldría a la calle a celebrar el adiós de ETA. Creo que no se ha hecho porque su final ha sido algo progresivo»
2. Andoni Castaño | Estudiante de Administración. 19 años
«Me impresionó cuando mi madre me dijo que el hermano de una amiga había nacido en prisión porque sus aitas habían alojado a unos familiares»
3. Izaro Calleja | Bachillerato Biosanitario. 18 años
«Me gusta hablar de la historia, sobre todo con mi abuela, que vivió la Guerra Civil. No debemos olvidar todo esto. Porque la violencia sólo genera más violencia»
4. Leire Aguión | Bachillerato Biosanitario. 18 años
«Si algún día tengo hijos, les contaré lo que ha pasado en Euskadi, aunque sea duro y se haya hecho mucho daño. Deberían estudiarlo en el cole»
5. Iñigo Fernández | Estudiante de Periodismo. 21 años
«Asociaba ETA a un nombre de mujer. Mis padres enseguida me dijeron que no era algo bueno»
6. Peio Garnika | Estudiante de Ciencias Políticas. 22 años
«Me di cuenta de lo que era ETA cuando los escoltas del padre de un amigo miraron debajo del coche un día que nos llevó al colegio porque no venía el bus»
7. Iker del Hierro | Licenciado en Psicología. 24 años
«El primer recuerdo que tengo es el de ver en la televisión a tres señores encapuchados, como si estuvieran en la Semana Santa. Supongo que sería la lectura de algún comunicado»
8. Asier Fariña | Estudiante de Historia. 20 años
«Mis abuelos tuvieron que irse a Canarias porque sus nombres habían aparecido en una lista de ETA. Mi padre tenía 18 años entonces y decidió quedarse»
9. Laura Lambarri | Bachillerato Biosanitario. 18 años
«Para bien o para mal, ETA va a ser parte de nuestra historia. Es importante conocer el pasado para aprender de los errores»
10. Covadonga Rodríguez | Licenciada Educación Primaria. 25 años
«Un punto de inflexión fue el atentado de Hipercor. Ahí la gente se dio cuenta de que cualquiera podía morir. Fue el terror total»

La primera pregunta persigue pulsar precisamente qué saben de ETA. Cuesta romper el hielo. Pero poco a poco se van soltando.

Leire Aguión tiene 18 años. Es estudiante de segundo de Bachillerato. Cuenta lo que han estudiado en la escuela sobre los orígenes de la banda. «Era un grupo que quería la independencia de Euskadi. Al principio, cuando surgió en el franquismo, mataba a gente importante antes de que llegase la democracia. Después se separaron, se hicieron más violentos y empezaron a matar a gente inocente. Eso es lo que hemos estudiado».

Asier Fariña, de 20 años, estudia Historia en la UPV. Toma la palabra, de forma espontánea, nada más terminar Leire. «Bueno, ETA surgió de las juventudes del PNV. Al principio atentaban contra lugares. Su primera víctima fue accidental. Fue una niña (se refiere a Begoña Urroz, cuya muerte no está claro que fuera a manos de ETA). Y con la democracia no se disolvieron. Y empezó a haber atentados casi todos los días».

Iker del Hierro, de 24 años, es licenciado en Psicología. En la actualidad cursa un máster en Recursos Humanos. Su padre era ertzaina. En su casa este ha sido un tema que se ha tratado con más frecuencia. Y aporta otro dato sobre los orígenes. «Al principio eran objetivos más designados. Más políticos. Después fue más terror. La expresión 'tiro en la nuca' siempre me ha parecido muy gráfica de lo que fue el terrorismo».

Laura Lambarri parte de la base de que «todo esto» les pilló cuando «ya estaba pasando». Lo que esta estudiante de Bachillerato de 18 años, a la que le gustaría licenciarse en Medicina, ha aprendido es que la banda surgió cuando España «no estaba bien políticamente», ya que atravesaba una «dictadura muy dura» y «tenía que buscar una manera de salir» del franquismo. Por eso mismo, los atentados -dice- no tuvieron «impedimentos» por parte del pueblo en ese momento. El problema surgió cuando «se radicalizó» y no cesó la violencia a pesar de que ya había llegado la democracia. «Fue entonces cuando la gente empezó a darles la espalda», advierte.

-¿Cuál es vuestro primer recuerdo de ETA?

Peio Garnika tiene 22 años y estudia Ciencias Políticas. Este joven, más que de un primer recuerdo grabado en la memoria, habla de la primera vez que se dio cuenta de que la violencia que la organización ejercía contra parte de la sociedad iba mucho más allá de los asesinatos. Apenas tenía 11 o 12 años. «Tenemos un amigo que su padre es político del PP. Un día nos llevó él al colegio. Antes de montarnos en el coche, nos hizo esperar en la puerta del garaje hasta que sus escoltas miraron debajo para comprobar que no había ninguna bomba. Me acuerdo que pensé: ¿Por qué hacen esto?».

Iñigo Fernández es amigo de Peio. Es estudiante de Periodismo y tiene 21 años. También estaba ese día en aquel garaje. «Vimos al escolta mirando en los bajos del coche porque perdimos el autobús. Recuerdo que cuando era muy pequeño asociaba a ETA con el nombre de una mujer. Pero mis padres pronto me explicaron que aquello no tenía nada de bueno». En su caso, no empezó a interesarse de verdad hasta hace 4 años. Fue entonces cuando se dio cuenta de que se trataba de algo «que divide bastante a la gente».

Izaro Calleja rememora que su primer 'contacto' con ETA fue una vez que, siendo muy pequeña, iba con su madre en el coche y vio un cartel en un puente con el nombre de una persona que, según le explicaron, «la habían metido presa por haber pertenecido a este bando». Luego empezó a ver más cosas en la televisión y en otros foros. «Al final todo lo que veía estaba relacionado con la violencia», lamenta esta chica de 18 años. «Y la violencia siempre atrae más violencia», recalca.

Andoni Castaño explica que, en su caso, este asunto se trataba más en casa que en la escuela. Parte de sus primeros recuerdos sobre el terrorismo se centran en los amigos que su madre le contaba que tenía en la cárcel. «Incluso el hermano de una de mis amigas nació en la cárcel porque sus padres alojaron a uno que debía andar metido en ETA», afirma este chico de 19 años, estudiante de un grado de Administración. «De pequeño un amigo de mis padres jugaba en la calle con las pelotas de los antidisturbios», añade.

Los recuerdos que la familia de Asier le ha transmitido son muy distintos. Sus padres le contaban cómo algunos de sus amigos tenían que ir por la calle con guardaespaldas porque estaban amenazados. Y, sobre todo, le llegó la historia de sus abuelos, que tuvieron que irse a vivir a Canarias después de que su abuelo, médico militar, apareciese en las listas de ETA. Su padre decidió quedarse en Bilbao con sólo 18 años.

Iker sabe a lo que se refiere Asier. Una de las primeras imágenes de ETA que conserva en la memoria fue en televisión, cuando vio a tres encapuchados, «como si estuvieran en la Semana Santa». También recuerda un asesinato de dos policías. Aquello, con su padre ertzaina de profesión, causó una profunda impresión en su familia. Y él lo percibía. «¿Por qué hacen esto?», me preguntaba. Y tiene en mente cuando, ya desde muy pequeño, su padre le decía que no dijese «por ahí» a qué se dedicaba. Si alguien le preguntaba tenía que decir que simplemente era un «funcionario». «Yo no sabía ni lo que significaba esa palabra», confiesa.

«Es muy duro»

Muchos de los participantes en el debate no saben lo que fue el 'impuesto revolucionario'. Los que lo desconocían no ocultan su sorpresa cuando se les explica que podían llegar cartas a tu casa en las que te solicitaban dinero y se referían a tus familiares con amenazas de muerte. Cuando se les dice que hubo empresarios que fueron asesinados por no pagar, casi todos responden lo mismo: «Habríamos pagado».

- ¿Aunque con ese dinero fuesen a matar a más personas?

«Lo entendería. A pesar del cargo de conciencia que te quedaría. Es muy difícil decir que no», confiesa Laura. «Es que conseguirían el dinero igualmente y les matarían. Y si no, te matarían a ti también», añade Andoni. «Hay que tener muy claros tus principios para no pagar. Es muy duro», replica Iker. «El problema es que si les pagas una vez les estás dando pie a que te vuelvan a pedir dinero. Lo inteligente sería irse de aquí», opina Asier. «Ya, pero yéndote estás dejando en una situación complicada a tu familia. Igual por haberte escapado matan a la gente de tu alrededor. Todas las salidas son duras. Ninguna es correcta», reflexiona Izaro.

- ¿Y denunciarlos a la Policía?

«¿Y quién te asegura que después de denunciarlos no vendría a cumplir sus amenazas? Es de valientes y arriesgado», apunta Laura.

El silencio se extiende en la sala cuando se apunta a la posibilidad de que sin «valientes» que no cedieron a las amenazas quizás ETA no se habría disuelto. Se lanza otra pregunta.

- Hay personas que dicen que la sociedad vasca ha sido cobarde con la violencia de ETA. ¿Qué opináis?

«Igual es verdad que el pueblo vasco ha sido muy callado. Pero en los años 80 no sé cómo habría actuado. Igual habría estado en una herriko taberna», reflexiona Peio.

Patxi Santaolalla, 21 años y estudiante de cuarto curso de Medicina, ha estado bastante callado durante todo el debate. Este joven también tiene claro que él habría acudido a las manifestaciones en repulsa de los asesinatos, pero al mismo tiempo insiste en que no se habría dejado «politizar».

«Igual hubo gente que estuvo en silencio. Pero, si no, te mataban. Y que me digan que gente que ha luchado en silencio contra esto tiene que pedir perdón me parece muy injusto», sentencia. «Es como cuando se pensaba que todos los vascos podíamos ser terroristas», añade Laura.

- ¿Discutís con vuestros amigos sobre estos temas?

Iñigo dice que le gusta hablar sobre estos asuntos, ya sea con su novia de Rentería, o con personas que suelen tener un discurso parecido: «Yo no defiendo la violencia, pero entiendo...». A este futuro periodista le gusta debatir sobre este tema con gente de puntos de vista contrarios porque, entre otras razones, en su entorno no ha tenido nunca a personas que manejasen estas opiniones.

Patxi tiene claro que las cosas han cambiado mucho en este aspecto, incluso para los jóvenes de su generación. «Ahora mismo puedes debatir con cualquiera de la lucha armada. Hace sólo cinco años no era tan sencillo», explica. «Una de las cosas que más me dolió fue que se dividió en bandos a la sociedad. Y ahora creo que se están cerrando las heridas. Pero hace falta tiempo», considera.

Iñigo alude en este momento de la conversación a las historias personales que se narran en 'Patria', la novela de Fernando Aramburu. «Parecía que se clasificaba a la gente y se les ponía la etiqueta de ser más o menos vasco», añade. «La paz también es poder decir en voz alta lo que piensas», sentencia.

«Vamos a reventarles»

Iker confiesa, en este sentido, que en el pasado tuvo un amigo con el que rompió la relación cuando vio que se estaba radicalizando y se empezó a meter en «rollos». «Vamos a reventarles», decía cuando vino a Bilbao un grupo de simpatizantes fascistas. El problema de todo esto -opina Peio- es que «el espacio público siempre ha estado dominado por un bando». Izaro añade que en su entorno siempre hubo cierta tendencia a demonizar todo aquello que tuviese que ver con España. De hecho, explica que incluso tiene un familiar cercano que se «enfadaba muchísimo» cuando ella le decía que no había que generalizar. «No todo es blanco y negro».

El debate entre los jóvenes estudiantes se anima cuando la conversación se adentra en el asunto del relato.

-¿Qué discurso sobre lo ocurrido en Euskadi debe transmitirse a las próximas generaciones?

Leire tiene claro que se debe contar lo ocurrido, «aunque sea duro». Ella misma lo hará si algún día tiene hijos. Y Peio piensa que «no puede haber un único discurso. Y, sobre todo, no puede hacerse ni en Madrid ni en una taberna de Hernani». Lo que está claro -puntualiza Covadonga Rodríguez, estudiante de Periodismo de 25 años- es que «no se puede ocultar la realidad de lo que ocurrió. Porque de esa manera se corre el riesgo de que alguien la manipule», subraya. «Tenemos la obligación de recordar que hubo gente que mató a muchas personas. Para que no se vuelva a repetir. Pero no se puede recordar con ira», añade Asier. También Laura opina que no puede haber un único relato «porque cada uno lo ha vivido a su manera».

- ¿Y cuál ha sido el motivo principal de la desaparición de ETA?

Andoni entiende que decir que la banda ha sido «derrotada» es contar la historia desde «una parte» porque otros dirán «otra cosa». Iker replica que «es muy difícil echarle un pulso al Estado», ya que tiene «recursos ilimitados». Patxi mantiene que un factor muy importante en la desaparición de la banda fue «que la sociedad vasca les dejó de apoyar».

- ¿Y ahora qué? ¿Qué horizonte se abre a la sociedad vasca?

Peio considera que esta desaparición marca un «antes y un después» y que no se le ha dado la importancia necesaria. Entiende que a partir de ahora se debe dar «voz a aquellos que tienden puentes». Patxi también afirma que se trata de una «buena noticia», pero rechaza llamar «privilegio a vivir en paz. Es un derecho de todos», concluye.

Los seis chicos y las cuatro chicas se dieron cita en la sede de EL CORREO para debatir sobre ETA.
Los seis chicos y las cuatro chicas se dieron cita en la sede de EL CORREO para debatir sobre ETA. / ernando Gómez

Estudio sobre jóvenes de la universidad de Deusto

En septiembre del año pasado, la Secretaría General para la Paz y la Convivencia del Gobierno vasco hizo público un informe del Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe de la Universidad de Deusto sobre el conocimiento que los universitarios vascos tenían sobre el terrorismo y las violaciones de derechos humanos en Euskadi. El resultado era complejo.

Los jóvenes eran contundentes en su rechazo a la violencia pero algunas de sus percepciones sobre la historia reciente mostraban una confusión notoria. Además, las cuestiones vinculadas a la paz y la convivencia apenas les interesaban. Estos son algunos de los resultados de aquel trabajo, que permiten realizar una radiografía aproximada de las inquietudes de los jóvenes en el terreno político.

Preocupaciones:

Los universitarios vascos consideran la violencia de género como su principal preocupación (24%), seguida por la pobreza en el mundo (22%), el terrorismo internacional (13%), los refugiados (11%), el desempleo (9%) y la situación política (9%). El calentamiento global (7 %), la paz y la convivencia (2 %), la pobreza en Euskadi (1 %) y la pena de muerte (1 %) completan, en este orden, sus inquietudes.

Hipercor:

El atentado contra este centro comercial de Barcelona costó la vida a 21 personas en 1987. Al ser preguntados por esta masacre, un 50% de los encuestados afirmó que carecía de información y escogió la respuesta 'no sabe, no contesta'. Un 44% supo identificarlo y un 2% dijo que era un atentado yihadista.

Miguel Ángel Blanco:

Solo el 53% de los participantes en el estudio sabía quién era Miguel Ángel Blanco, el concejal del PP de Ermua asesinado en 1997 y cuyo crimen provocó una de las mayores convulsiones de la historia reciente de Euskadi. Un 40% ignoraba el atentado.

Lasa y Zabala:

Con respecto al secuestro y asesinato de los supuestos miembros de ETA ocultos en Francia José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala, perpetrados por los GAL en 1981, un 54% de los encuestados conocía con exactitud las circunstancias del crimen. Un 13%, sin embargo, respondió que habían sido secuestrados por ETA. Un 32% indicó que carecía de información sobre el caso.

El GAL:

Al ser preguntado por este grupo que practicó la guerra sucia, un 55% lo identificó como un grupo parapolicial que atentó contra ETA. Un 4% consideró que era un movimiento antifranquista y un 3% dijo que era una rama de ETA.

La violencia:

El 91% de los universitarios consultados para el estudio contestó que estaba 'bastante o totalmente de acuerdo' con la idea de que ningún proyecto político es más importante que la vida de una persona. Al ser preguntados directamente por ETA, el 79% aseguró estar totalmente o bastante en contra de la violencia de la organización terrorista . Tan solo un 2% se mostraba partidario de la banda ahora disuelta.

«¿Pero todavía quedan más de 350 asesinatos sin resolver?»

Buena parte de los jóvenes reunidos por EL CORREO sabe que ETA mató a más de 850 personas. «Lo hemos leído y oído estos días», explica Asier. El dato que a muchos les resulta absolutamente desconocido es que hay aún, al menos, 358 asesinatos sin resolver, de los que no se conoce el autor o autores materiales. «¿Hay tantos crímenes sin aclarar?», se sorprende Leire. «Yo no sabía que fueran tantos», añade Laura. «Tiene que ser algo muy duro, el no saber quién ha matado a tu padre. Y que esté en la calle y te puedas cruzar con él, por ejemplo», se sincera Peio.

Entre un murmullo de aprobación, la mayoría de ellos expresa su deseo de que se esclarezca, cuanto antes, todo atentado cuya autoría no haya sido todavía atribuida. «Sería muy importante, sin duda», dice Iker. «Sería algo positivo», apunta Peio. Varios de los presentes estiman que los presos tendrían que ayudar a la Justicia para aclarar esta parte de la historia. «Es el momento de colaborar por ambas partes», sostiene Covadonga. «Se deberían acercar los reclusos y estos tendrían que aportar la información que tuvieran sobre los asesinatos», añade.

El acercamiento a las cárceles próximas a Euskadi es apoyado de manera unánime en la mesa de debate. «Antes podía tener su sentido para que no se organizaran desde dentro de las prisiones, pero ahora, con ETA ya disuelta, no tiene sentido», sostiene Covadonga. Iker es categórico: «Es muy duro. Hay quien está pagando el error de un familiar y está sufriendo mucho, aun cuando no ha justificado, en ningún momento, la violencia. Tendrían que cumplir sus penas lo más cerca de casa».

Todos ellos miran al futuro con optimismo, aunque también con cautela. «Es importante que sepamos lo que pasó y lo recordemos para que no vuelva a suceder nunca jamás», sentencia Laura.

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