Puigdemont insinúa que Urkullu mintió en el Supremo y ahonda la brecha con el PNV

Urkullu saluda a Puigdemont en Gernika, en el acto de jura del lehendakari en su última toma de posesión del cargo en 2016. /Ignacio Pérez
Urkullu saluda a Puigdemont en Gernika, en el acto de jura del lehendakari en su última toma de posesión del cargo en 2016. / Ignacio Pérez

Niega que declarase la independencia por la «presión» de la calle y dice que al lehendakari le «falta parte de la memoria»

DAVID GUADILLA

Carles Puigdemont abrió ayer una brecha sin precedentes entre el PNV y sus socios históricos durante más de treinta años, los herederos de la antigua Convergència. El expresidente de la Generalitat, huido de la Justicia española, lo hizo además atacando a uno de sus principales símbolos. Al lehendakari, a quien acusó de no decir la verdad durante su comparecencia como testigo ante el Tribunal Supremo el pasado 28 de febrero.

Iñigo Urkullu había sido citado por la defensa de Josep Rull para que explicase su labor de intermediación en aquel convulso otoño de 2017. Y lo que vino a decir ante los magistrados es que Puigdemont, en realidad, no quería declarar la independencia sino buscar una salida pactada con el Gobierno de Mariano Rajoy, pero que la presión de la calle le obligó a dar marcha atrás. «No fue así. Le falta parte de la memoria», aseguró ayer Puigdemont en una entrevista radiofónica.

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El desmentido del expresident tiene un carga política profunda. Para empezar, porque insinúa que el lehendakari cometió un delito. Como testigo, Urkullu estaba obligado a decir la verdad en el Tribunal Supremo. Y según Puigdemont, no lo hizo, o por lo menos, no del todo. No es una cuestión baladí. El Código Penal establece una pena de tres años de prisión y multa para quien dé falso testimonio.

Pero, además, supone un punto de inflexión en unas relaciones cada vez más deterioradas entre dos aliados que durante años fueron de la mano. Aquello ya es historia. El 'procés' ha generado una desconfianza difícil de recuperar. El momento elegido por Puigdemont para poner en entredicho la versión del lehendakari tampoco es inocente. En plena negociación para conformar la lista europea. El pasado domingo, el expresident demostró su fuerza dentro del PDeCAT situándose como cabeza de cartel para las europeas e imponiendo a los candidatos más radicales en las planchas para el Congreso. La decisión de situarse como 'número uno' hacía ya casi imposible la coalición con el PNV. El ataque directo al lehendakari borra del mapa las últimas opciones.

En su declaración ante la Sala que preside Manuel Marchena, el lehendakari desgranó toda una serie de datos y fechas acumuladas en un dosier de 400 folios que almacena sobre aquellos agitados días. Y su conclusión fue que Puigdemont acabó lanzándose a la vía unilateral y proclamó la declaración de independencia obligado porque la calle «se rebelaba» y porque estaba siendo «presionado» por su grupo parlamentario.

La rectificación

Lo que vino a decir el lehendakari en el Supremo es que el ahora fugado de la Justicia española «compartía» su apuesta por una salida dialogada y que «en modo alguno tenía deseos» de proceder a la secesión unilateral. Según su versión ante los jueces, Puigdemont rompió el acuerdo alcanzado en la madrugada del 26 de octubre de 2017 para convocar elecciones. A las diez y cinco de la mañana, explicó Urkullu, habló por teléfono con el expresident. Cuatro horas más tarde, y en una nueva llamada, Puigdemont se echaba para atrás. Entre las dos conversaciones, los sectores más radicales del soberanismo llenaban la plaza de SantJaume y Gabriel Rufíán escribía el famoso tuit de las «155 monedas de plata».

Pero ese relato, según afirmó ayer el expresidente del Govern, no es correcto. En una entrevista radiofónica en RAC-1, Puigdemont se esforzó en asegurar que su decisión de proclamar la DUI no tuvo que ver con la presión del soberanismo y las manifestaciones ante su despacho, sino con otros motivos. Y que el lehendakari no dijo toda la verdad. «Estoy convencido de que Urkullu, cuando explique la integridad de las conversaciones, sabrá que al único acuerdo que yo estaba dispuesto a llegar era convocar elecciones si había garantías explícitas de que no se aplicaría el 155, si se retiraba la Policía enviada extraordinariamente a Cataluña para dar miedo, si se levantaba la intervención de las finanzas de la Generalitat y si se paraba la represión».

Puigdemont subrayó que esas eran «las condiciones» para que él firmara el decreto de convocatoria de elecciones y frenara la declaración de independencia, pero en ese momento «estas condiciones no se daban». «A Urkullu le falta una parte de la memoria o del relato», señaló el expresidente catalán. Puigdemont también restó valor al papel del lehendakari. Apuntó que ese día activó «todos los resortes de intermediación que tenía al alcance», que no pasaban «solo» por el jefe del Ejecutivo vasco. «Y a todos les dije lo mismo».