Chivite apela a la «convivencia» arropada por el Gobierno de Sánchez

María Chivite, durante su toma de posesión. / Efe

La líder socialista es investida presidenta de Navarra en un acto que contó con la presencia de dos ministros y del lehendakari Urkullu

DAVID GUADILLA

Con apelaciones a la «convivencia» y la «pluralidad», María Chivite tomó este martes posesión como presidenta de Navarra, arropada por el Gobierno de Pedro Sánchez, con el lehendakari como invitado destacado y con duras críticas por parte de UPN, el PP y Ciudadanos. La ceremonia celebrada en el Parlamento foral culminó la apuesta de alto riesgo lanzada por la dirigente socialista tras las elecciones del pasado 26 de mayo y abre la puerta a un Ejecutivo tripartito –PSN, Geroa Bai y Podemos con apoyo de IU– que vivirá en el alambre al encontrarse en minoría y depender de los votos de EH Bildu para sacar adelante sus principales leyes, incluidos los Presupuestos.

El papel de la coalición soberanista ha convertido la investidura de Chivite en uno de los culebrones políticos del verano. La líder del PSN solo ha podido ser designada presidenta gracias a la abstención de EH Bildu. Y aunque los socialistas han insistido en que no ha habido ningún acuerdo, el centroderecha aglutinado en la coalición Navarra Suma considera que ese gesto forma parte de una negociación más amplia para lograr que la izquierda abertzale apoye a Sánchez en el Congreso.

La presión fue tal que Ferraz dudó de la idoneidad del nombramiento de Chivite. Las dudas se incrementaron cuando desde UPN se trasladó que si el PSN daba un paso atrás y permitía que José Javier Esparza –el ganador de las elecciones– fuese proclamado presidente, los dos diputados regionalistas votarían a favor de Sánchez en el Congreso. Aquella oferta quedó en nada y al final el PSOE optó por cerrar filas alrededor de Chivite. Veintitrés años después de que Javier Otano saliese del Palacio Foral, los socialistas recuperan el Gobierno navarro.

El Ejecutivo de Sánchez quiso demostrar su sintonía con la estrategia emprendida por el PSN con un gesto de calado. Dos de sus miembros estuvieron presentes en el Parlamento: los ministros José Luis Ábalos y Luis Planas, quien ha asumido las competencias de Política Territorial tras el nombramiento de Meritxell Batet como presidenta del Congreso. No fue la única asistencia destacada. Sentado en primera fila, Iñigo Urkullu. El Gobierno vasco no oculta su deseo de que las relaciones entre ambas comunidades sigan la misma senda de colaboración que la mantenida durante los últimos años bajo el mandato de Uxue Barkos. Además, Geroa Bai, coalición en la que está integrada el PNV, contará con cuatro consejerías en el Ejecutivo autonómico.

«Camino difícil y duro»

Consciente del «reto» al que se enfrenta, Chivite (Cintruénigo, 1978) tomó la palabra visiblemente emocionada. Expresó su «honor» y «responsabilidad» por acceder a un cargo que para los socialistas parecía un objetivo casi imposible tras la crisis abierta en 2007. Aquel año, la dirección del PSN, liderada por Carlos Chivite, tío de la nueva presidenta, se plegó a las directrices de Ferraz e impidió el nombramiento de Fernando Puras como presidente foral. El PSN quedó bajo mínimos.

Doce años después, María Chivite asumió que el camino que arrancó este martes será «complejo y en ocasiones difícil y duro». El nuevo Ejecutivo será un tripartito en el que los socialistas contarán con ocho consejerías y Podemos con otra, además de las mecionadas de Geroa Bai. Un tripartito que contará con el apoyo externo de Izquierda-Ezkerra. En total, 23 escaños, a tres de la mayoría absoluta.

Quizá por ello, Chivite lanzó un discurso en el que de forma constante apeló al «diálogo», al «acuerdo» y a la necesidad de buscar «consensos». Afirmó que el principal reto será la «convivencia». «Respetaré todas las maneras de pensar, de sentir, de vivir y de amar porque los navarros son diversos en una sociedad diversa», subrayó la nueva presidenta navarra, quien insistió en que esa convivencia debe sustentarse «desde los principios básicos de respeto, paz, memoria, verdad y justicia».

En un mensaje dirigido a todos los grupos con representación en el Parlamento, Chivite apeló al «diálogo fructífero» y al «respeto a la diferencia» como una «responsabilidad de todas las formaciones políticas». Además, prometió «respetar, mantener y mejorar el Régimen foral de Navarra, acatar la Constitución y las leyes».

A partir de ahora, la secretaria general del PSN tendrá que demostrar su capacidad para aguantar el marcaje al que le pueda someter EH Bildu. La izquierda abertzale siempre vio con buenos ojos el nombramiento de Chivite porque, admitían destacados dirigentes de Sortu, les concede una gran capacidad de presión para los próximos cuatro años. La posibilidad de que Navarra Suma dé algo de aire al tripartito se antoja muy complicada, al menos a corto plazo. Chivite deberá gestionar su minoría parlamentaria.