Goierri, paseo por las Tierras Altas

Un rebaño de ovejas pasta en una pradera del Goierri, con la emblemática cima del Txindoki al fondo. /
Un rebaño de ovejas pasta en una pradera del Goierri, con la emblemática cima del Txindoki al fondo.

Naturaleza virgen, paisajes, cultura, museos y gastronomía en una de las comarcas mejor conservadas de Euskadi

Elena Sierra
ELENA SIERRA

Que te reconozcan como Destino Europeo de Excelencia queda muy bonito en el papel, pero a la hora de preparar el viaje, a no ser que se sea un entendido en la materia, no tiene mucho peso. Así que más vale ir a lo que importa, al significado, a aquello que puede decantar la excursión -y las próximas semanas son ideales para emprender el camino- por el lugar que fue declarado como tal por la Unión Europea en 2015. El título sigue vigente, que conste, y reconoce el esfuerzo realizado en una comarca para convertirse en destino turístico de forma sostenible, sin perder su esencia, basándose en lo de siempre, en los productos de la tierra, el paisaje y el patrimonio, y reinventándose para promocionar cada una de las piezas de la mejor forma.

Goierri (Gipuzkoa)

Cómo llegar
Beasain, el municipio más poblado de la comarca, se alza al pie de la N1 y está a 70 kilómetros de Vitoria y a 43 de San Sebastián.
Webs
www.goierriturismo.com, www.zegamaturismoa.net (Aizkorri). www.lizarrusti.com (Aralar) www.ataunturismoa.net y www.mutiloakomeatzaritza.com.

Y si hablamos, en el entorno cercano, de un lugar así... estamos hablando del Goierri, la parte de Gipuzkoa que limita con Álava y Navarra. O, para hacerse una mejor idea aún, de Territorio Idiazabal y de Basque Highlands, dos marcas turísticas que estarán presentes la próxima semana en el Txoko Gourmet en la Basque Fest, la feria que abre en Bilbao por Semana Santa. Gastronomía y naturaleza, todo junto, de eso se trata. De lo primero se disfruta mientras se disfruta de lo segundo, o al revés, que lo mismo da. El famoso queso y dos parques naturales, el de Aralar y el de Aizkorri-Aratz, son los ejes sobre los que montar el plan.

La huella de Eiffel

Y a medida que se estudia un poco el tema se van descubriendo muchas posibles visitas, porque los 18 municipios, en su mayoría pueblos rurales que rondan los mil habitantes, tienen su encanto. Están las montañas y los valles, pero también la media docena de museos, algunas pruebas deportivas de prestigio internacional, hitos del patrimonio industrial como ese viaducto de Ormaiztegi emparentado con la Torre Eiffel, uno de los dos mercados tradicionales más importantes del País Vasco (el de Ordizia), juegos de aventura y de orientación pensados para todos los públicos y una oferta gastronómica que incluye, por supuesto, comida o cena en sidrería -excepto dos, las que hay en la zona abren todo el año-.

Para hacer una visita que de verdad descubra el encanto de estas tierra altas desde las que, ya en época medieval, quienes atravesaban el antiguo Camino Real de paso hacia Flandes desde Castilla decían que obtenían la mejor imagen de Gipuzkoa, hay que empezar por un acercamiento a la naturaleza. Aquí es accesible. Es decir, si en otros lugares que como este presumen de montes y praderas -pensemos en los Pirineos y en Picos de Europa- hay que hacer un esfuerzo para llegar a destino, aquí no es necesario. En poco más de media hora, se planta el visitante en un rincón idílico.

Es lo que ocurre, por ejemplo, si se va al túnel de San Adrián desde el alto de Otzaurte (en Zegama); las sierras del Aratz y Aizkorri son ya el marco del recorrido, que continúa por un hayedo y la calzada real hasta el balcón de San Adrián. Vistas, las que se quieran. Y sin matarse. Ida, vuelta y almuerzo, con toda su historia, no llegan a las tres horas. Otra opción de mañana en la naturaleza es entrar al Parque Natural de Aralar desde Ataun-Lizarrusti, donde se encuentra el Centro de Interpretación, y desde allí hacer el recorrido al pantano de Lareo, una ruta de un par de horas que tiene rincones de sobra para retratar.

Hornos en las minas de Zerain.
Hornos en las minas de Zerain.

Y ya que se pasa por Ataun, conviene dedicar unos instantes a recorrer el museo dedicado a la figura de José Miguel Barandiaran; nada como este lugar para quedar atrapado por la mitología vasca.

Semana Santa singular

Una vez conocido el entorno natural, ya se puede entrar de lleno en él y averiguar cómo han vivido sus gentes. En la pequeñísima localidad medieval de Segura, fundada en 1256, hay un Centro de Interpretación Medieval en el que conocer cómo era la vida en la Edad Media. Su celebración de Semana Santa, ya que se acerca la fecha hay que conocer el dato para organizarse, está al nivel de las de Balmaseda y Hondarribia. No muy lejos -de punta a punta del Goierri, de Ataun a Zerain, no hay media hora en coche-, en Beasain, el Conjunto Monumental de Igartza, cuyos señores eran una de las familias más poderosas de la orilla del río Oria, muestra el palacio, el molino, la ferrería, el puente, el crucero... Un lugar con el que volver al pasado, sin duda. Y en Zerain, donde desde el siglo XI se ha explotado hierro, están la Montaña de Hierro, las minas de Aizpea. El Museo Etnográfico da cuenta de esa historia, pero el pueblo tiene otros relatos también como el de la antigua serrería hidráulica y la vieja cárcel.

Un mercado de cinco siglos de antigüedad en Ordizia

El miércoles es el día grande en Ordizia, ya que es la jornada en la que se celebra el mercado. Este es uno de los más conocidos y más antiguos del País Vasco: son ya cinco siglos de existencia. Y quien se acerque a la localidad el miércoles de la semana de Pascua podrá, además de hacerse con los mejores productos de la huerta, asistir al pistoletazo de salida de la nueva temporada de queso Idiazabal. Es porque tiene lugar el Artzai Eguna, el día del pastor; todos los años 2.000 ovejas pasan por el centro de Ordizia para recordar que esos animalitos son parte fundamental de su esencia, figuras principales del paisaje. El sonido de sus pezuñas, los balidos y cómo quedan las calles a su paso no son el único recordatorio de que aquí todo está íntimamente ligado a la leche de las latxas (y las karrantzanas).

Hay un acto más recogido, el corte del primer queso de la última elaboración de esta denominación de origen. A ese los invitados están contados, pero el otro es una fiesta local de primer orden a la que acude mucha gente. Para hacerse la mejor idea de lo que significa este producto en la comarca del Goierri, hay que plantarse en el pueblito que lleva el mismo nombre que el queso y visitar el museo correspondiente. Allí explican que ese sabor tan peculiar del Idiazabal se consigue añadiendo parte del estómago de corderito lechal a la leche.

Tras la teoría, la práctica, con una cata. Y allí mismo ofrecen toda la información necesaria para visitar alguna de las muchas queserías de la zona. Existe hasta una ruta del queso, el GR 283, con casi cien kilómetros en seis etapas que cruzan las comarcas del Goierri, Alto Urola y Alto Deba y por las que no es difícil toparse con algún extranjero que viene de lejos atraído por la fama de Idiazabal.

Hay momentos también para la aventura en el Goierri. Para eso, para jugar a ser exploradores en familia o con amigos, se han pensado los juegos de orientación que tienen como escenario la Vía Verde Mutiloa-Ormaiztegi y, como añadidos, el camino de Troi (desde Barnaola a Mutiloa) y el tramo del Camino de Santiago que va desde el barrio de Lierni a Mutiloa. El mapa del recorrido está listo en la oficina de turismo de Ormaiztegi, que alberga también museo dedicado al general carlista Zumalacárregui. Con él en la mano se va llegando a cada una de las 10 balizas de la ruta al tiempo que se aprende algo sobre naturaleza, medio ambiente y minería. Una manera diferente de visitar las Basque Highlands, sin duda.