Noche en las alturas

El sendero conduce hacia el túnel del Crestón, camino de los prados./
El sendero conduce hacia el túnel del Crestón, camino de los prados.

El refugio permite disfrutar de una noche en la montaña y de los animales que pacen en sus alrededores

IÑIGO MUÑOYERRO

Brañagallones o braña de los gallones (urogallos) es un paraje aislado, mágico, el más espectacular del Parque Natural de Redes. Un pastizal a 1.215 metros de altitud envuelto por un espeso hayedo salpicado de cabañas, vacas y mastines, protegido por precipicios y encarado a los puertos de San Isidro. En un extremo se alza el refugio de montaña, un edificio de piedra y madera edificado hace unos 40 años para albergar cazadores que ahora regenta la Federación Asturiana de Montaña.

Desde la subida al Canto del Oso la cima que domina la braña, tiene un aire al siniestro Hotel Overlook, en las montañas de Colorado, inmortalizado en la película 'El resplandor'. Aquel estaba construido sobre un antiguo cementerio indio y, como éste, se quedaba aislado con las fuertes nevadas invernales. Seguro que los astures enterraron a sus muertos en la braña, pero la nieve es el único parecido.

El refugio de Brañagallones es igual de acogedor en verano como en invierno gracias al desvelo de sus guardianes, José Manuel y Carmela. En los viejos buenos tiempos del pastoreo, es decir hasta no hace muchos años, la braña rebosaba vida. Todas las cabañas estaban ocupadas por pastores y había un constante trajín de burros que bajaban a Bezanes cargados con las cantimploras de leche y subían alimentos. Aquella forma de vida ha desaparecido, igual que el bosque ha cubierto la vieja trocha. Las vacadas se mantienen a pesar de la amenaza de los lobos, protegidos, que se están devorando la fauna del Parque. Los pastores se quejan, ya no quedan ovejas y el número de venados ha disminuido. Sólo resisten los osos, que visitan el parque de paso.

La braña de Brañagallones

Distancia
22,5 kms. 6 horas (ida/vuelta).
Dificultad
Alta.
Refugio de Brañagallones
984082981.
Web
branagallones.com.

Un grupo de visitantes otea el cielo en busca de rapaces. Abajo, una cabaña de pastores y ganado en la braña. / Iñigo Muñoyerro/J. C. Gómez García

En el mirador

Hay una pista que sube a la braña, 11,5 kilómetros de cemento y grava que superan 600 metros de desnivel. Una apuesta exigente reservada a los andarines. Salimos del último bar de Bezanes y tras pasar entre hórreos tomamos un camino sinuoso y pendiente que sube entre robles y castaños. Zigzaguea por la ladera durante 2,5 kilómetros hasta el mirador del Texu La Oración, con excelentes vistas de Bezanes, la cuenca del Nalón y el pico Cascayón.

La pista sube sin descanso por una solana y llega a unas brañas con cabañas y vacas: El Raigau, El Fondín, Biaiz y Andorviu. Al rato se interna en el hayedo pero antes hemos pasado por la fuente de Andorviu, que brota poderosa. A nuestra derecha, abajo, divisamos el barranco del río Monasterio. La pista continúa su ascenso sin pausa, con algunos descansos, pero siempre hacia arriba.

Ciervos y rebecos abandonan el bosque al amanecer para pacer y beber

El refugio se encuentra al pie de una ladera boscosa.
El refugio se encuentra al pie de una ladera boscosa.

Tras abandonar el hayedo cruza el túnel del Crestón. El precipicio es impresionante desde el mirador, que permite contemplar los extensos hayedos del Parque. Tras 11,5 kilómetros de marcha entramos en la vega de Brañagallones con sus cabañas, vacas y mastines. Al fondo se alza el refugio, uno de los mejores de la cordillera Cantábrica.

La braña es un paraje ideal para disfrutar de la fauna del Parque. Con las primeras luces del amanecer los ciervos y los rebecos abandonan el bosque para pacer y beber. Antes incluso era posible observar a los urogallos. Tuvieron en los alrededores hasta seis cantaderos (lugares de exhibición de los machos en la etapa de reproducción) pero aquellas aves han desaparecido. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre las razones de la extinción.

La tranquilidad de Brañagallones no solo está al alcance de montañeros. La manera más cómoda de subir (y bajar) es hacerlo en alguno de los taxi todoterreno con base de Bezanes, cuyos teléfonos se pueden conseguir en el Centro de Interpretación.

 

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