Don Fernando conoce la historia de Logroño

Don Fernando, elegantemente ataviado, ilustra a los visitantes acerca de anécdotas ty detalles curiosos de Logroño. /
Don Fernando, elegantemente ataviado, ilustra a los visitantes acerca de anécdotas ty detalles curiosos de Logroño.

Un burgués del siglo XIX narra con humor y mucha ciencia la evolución del urbanismo y la arquitectura de su ciudad

IRATXE LÓPEZ

Don Fernando de Bobadilla aguarda al grupo. Como buen burgués que se desenvuelve en Logroño, sabe de vino. Viste elegante, con sombrero y bastón, como mandan los cánones del siglo XIX. Los datos que le faltan los aportan otros dos personajes cuya identidad no desvelaremos. Ellos guían al grupo por los 'Caminos del vino' para descubrir a los participantes un Logroño diferente, repleto de anécdotas y de historia. ¿Contará el caballero que una ordenanza de 1583 impedía el paso de carruajes herrados por la calle Rúa Vieja, una de las más antiguas de la ciudad? Hay que apuntarse para saberlo. La razón de esta medida: no perturbar el reposo de los vinos que descansaban en los calados horadados bajo el firme. Son muchas las curiosidades que guarda la capital riojana.

El recorrido arranca en un lugar concreto, la Oficina de Turismo, pero se desarrolla en otro plano algo más abstracto, la arquitectura, la sociedad y la cultura de hace 200 años. Los anfitriones relatan el difícil inicio de la época que vivió los avatares de la invasión francesa y su influencia posterior. El asedio de los galos finalizó el 11 de junio de 1521 tras 16 días de combates. También cuentan el desarrollo de los mercados. Y cómo tenía lugar la venta de vino al por mayor y al por menor.

Caminos del Vino

Cuándo
Fines de semana de septiembre, en San Mateo (septiembre) y en el puente de diciembre.
Duración
75 minutos
Precio
Cinco euros
Reservas
Oficina de Turismo de Logroño (calle Portales, 50)
Web
logrono.sacatuentrada.es

Hablan del paso del tiempo y la influencia que cada estilo provocó en la evolución arquitectónica y social de la ciudad. Del teatro en Logroño, los mejores gobernantes de ese siglo y la transformación de la calle Portales, la plaza del Mercado, la calle Herrerías y Mercaderías. También, por supuesto, de las bodegas y calados, maravillosas cuevas subterráneas ahogadas en humedad con temperatura constante todo el año, perfectas para criar y envejecer los vinos. De su transformación comercial.

«Se trata de explicaciones rigurosamente históricas y veraces, pero tamizadas por el humor», aseguran los impulsores de esta iniciativa. Seguro que todas las caras se dan la vuelta al ver pasar la procesión de turistas. Rostros curiosos por la presencia de los peculiares cicerones, mientras el grupo avanza por la calle Bretón de Los Herreros y la plaza de San Agustín. También frente al Teatro Bretón, que comenzó su andadura el 9 de septiembre de 1880, inspirado en el de Gijón. En él tuvo lugar la primera proyección cinematográfica de Logroño, el 18 de noviembre de 1896.

El burgués y una de sus socias.
El burgués y una de sus socias.

Un vino al final

La ruta continúa por el cruce con la calle Sagasta, dedicada al político riojano que impulsó con perseverancia diferentes proyectos de desarrollo económico y urbanístico en la segunda mitad del siglo XIX. Por la calle Portales y la plaza del Mercado, donde se celebraron tradicionalmente las ferias que llevaban prosperidad a la ciudad, marcando su tradición comercial. Los 'portalillos' de esta plaza, acordes con los 'Portales' localizados en la calle de mismo nombre, fueron construidos durante el siglo XIX.

Queda darse un vuelta por Mercaderes y Rúa Vieja, lugar de paso para los peregrinos que se dirigían hacia Compostela. Por el Espacio Lagares, donde antes se pisaba la uva para elaborar el vino, que vivió grandes momentos entre los siglos XVI y XIX. Por supuesto, no faltará acercarse hasta el calado de San Gregorio. Construido en piedra de sillería y bóveda de cañón, mide treinta metros de largo y se extiende entre las calles Rúa Vieja y San Gregorio, cuyas fachadas se asientan encima de la antigua muralla. Allí los anfitriones, expertos en hacer felices a sus invitados, ofrecerán la cata de un caldo elaborado dentro de una bodega de la ciudad… más una tapa. ¡Salud y buen provecho!

Una caminata hasta el embalse

Muchos logroñeses se acercan hasta el embalse de La Grajera para relajarse un rato, abandonar los edificios de la ciudad y conectar con el aire libre. En resumen, para deleitarse con el silencio. El embalse se construyó en 1883 sobre una pequeña laguna utilizada probablemente para almacenar agua del río Iregua, que regaba las huertas del sur de la ciudad. Solo cinco kilómetros lo separan de la urbe, enlazada a través de la Vía Verde integrada en el Camino de Santiago. La Rioja no destaca por sus zonas húmedas; la humedad más famosa reside en sus caldos. Esa escasez ha aumentado la fama de La Grajera, hábitat de numerosos animales y plantas donde volcarse en actividades de ocio y educación ambiental. Tres áreas dividen el espacio natural del embalse: acogida, restricción y protección. A la última solo pueden acceder científicos y educadores que pretenden conocer con mayor profundidad al aguilucho lagunero, la focha, el ánade real o los somormujos, entre otras aves acuáticas.

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