Del paleolítico al siglo XXI

El precioso caserío de Iturraran, que conserva su estructura original de madera, acoge el centro de visitantes./Lobo Altuna
El precioso caserío de Iturraran, que conserva su estructura original de madera, acoge el centro de visitantes. / Lobo Altuna

El parque de Pagoeta alberga numerosos puntos de interés natural y arquitectónico que muestran la riqueza de Aia y el entorno de Iturraran

ELISA BELAUNTZARAN

Verde, azul, gris, marrones, amarillos... se mezclan por todos los rincones de Aia, la hermosa villa guipuzcoana que a pie de costa disfruta de un entorno natural lleno de tesoros repartidos por su extenso territorio. Sus más de 2.000 habitantes se reparten por sus más de 55 kilómetros cuadrados, sexta de Gipuzkoa en extensión, y los once barrios que conforman el municipio. Gigantescos y peculiares caseríos se erigen por doquier mostrando el poderío de sus habitantes, que durante generaciones trabajaron la tierra para conseguir su sustento, pero también buscaron la riqueza en el mar, pues en el barrio Santiago, junto con restos dispersos de ferrerías, se encuentra la de Arrazubi, que poseía puerto y lonja propios. Esta ferrería conoció en el siglo XVIII, una de las etapas de mayor apogeo como consecuencia del inicio de la fabricación de anclas.

Pagoeta (Gipuzkoa)

Cómo llegar
Aia se encuentra a medio camino entre Zarautz y Orio.
Webs
aiapagoeta.com y gipuzkoamendizmendi.net.

Otro de los puntos claves de Aia es Olaskoegia, un extenso barrio en cuyas inmediaciones se encuentra la cueva de Altxerri. Allí vivieron los primeros pobladores de la comarca y muestra de ello son los grabados y pinturas de 68 bisontes, 7 renos, 6 cabras, 5 caballos, 4 peces, un ciervo, un oso y una serpiente, entre otros animales, datados del Paleolítico que aun perduran en su cobijo.

Muy cerca se encuentra el palacio de Laurgain, un impresionante caserón que fue casa-torre en su origen, con saeteras, ventanas conopiales, geminadas, etc... una joya que se erige rodeada por la iglesia San Miguel y su torre barroca, completando el conjunto la casa cural y el caserío Bizkar. Todo ello en el precioso espacio Pagoeta, parque natural que a lo largo y ancho de sus 2.860 hectáreas, pertenecientes en su mayor parte al término municipal de Aia y, en menor medida, a los de Zarautz y Zestoa, cuenta con gran variedad de especies de árboles y plantas. Fue declarado como parque natural en 1998.

Además de la riqueza del territorio, Pagoeta cuenta con interesantes enclaves como Iturraran, Agorregi y Bekola. El caserío de Iturraran, que mantiene su estructura original de madera, alberga desde 1990 el Centro de Acogida del Parque de Pagoeta. Los primeros datos sobre su origen nos remontan al siglo XV. El caserío, destruido por un incendio, fue reedificado en 1711. Dos siglo y medio después, en el año 1986 la Diputación Foral de Gipuzkoa vuelve a recuperarlo, y aún se mantiene como referente de la arquitectura vasca.

Cruz blanca y paloma

En ese entorno de Iturraran destaca su jardín botánico, repleto de especies que lucen cada uno de sus rincones en cada estación del año. Las primeras plantaciones se realizaron en el invierno de 1986 y desde entonces se siguen añadiendo cada año nuevos ejemplares. El jardín botánico de Pagoeta cuenta actualmente con más de 5.200 taxones, incluyendo una colección de plantas en peligro de extinción y una extensión de 15 hectáreas divididas en ocho zonas. En cada una predomina un tipo de vegetación específica, atendiendo al tipo de suelo, orientación y microclima.

Maquinaria de la ferrería de Agorregi.
Maquinaria de la ferrería de Agorregi. / Lobo Altuna

Otra de las joyas arquitectónicas de Pagoeta es Agorregi. Una ferrería y cuatro molinos forman el complejo, cuyo origen se remonta al siglo XV como propiedad de los señores de Laurgain. En el siglo XVIII se llevan a cabo obras para paliar la escasez de agua, quedando configurada la ferrería como se conoce en la actualidad, con su doble antepara (depósito de agua) y sus canales.

Todo ello situado a los pies de la cumbre que da nombre al parque, Pagoeta, una cima de 678 metros de altitud integrada en la cadena de montañas que sirve de barrera a los vientos de la mar, con su gran cruz blanca y la estatua de una paloma como hitos. Es habitual ver numerosas aves que surcan el cielo sobre el parque, refugio a su vez de razas de animales domésticos en peligro de extinción, testigos vivos de la domesticación de la fauna silvestre por nuestros antepasados, como las vacas betizus o los caballos pottokak o ciervos por Sarrola.

Una barra y una mesa

Un par de consejos de buena mesa en los alrededores de Pagoeta. Okamika (Ipar Kalea, 1. Zarautz) es un local especializado en vinos, ginebras y pintxos de buena apariencia y mejor calidad, a caballo entre la modernidad y la tradición. Si preferimos mantel, conviene no olvidar que estamos muy cerquita de Orio y Getaria, en tierra de asadores. El Joxe Mari (Herriko Plaza, s/n. Orio. 943830032) lleva seis décadas bordando los pescados a la parrilla.