Aguas de San Sebastián

Arcos y escaleras de piedra sustentan la estructura del depósito./
Arcos y escaleras de piedra sustentan la estructura del depósito.

Las estructuras construidas en el siglo XIX para abastecer la ciudad, catalogadas de monumento, acreditan el auge del turismo industrial

IRATXE LÓPEZ

¿Ulía? Sí, me suena... o no. ¿Eso dónde está? Serán contados los lectores que sepan ubicar el monte que cierra San Sebastián por el este. Aparte de la playa de La Zurriola, el pujante barrio de Gros o los cubos del Kursaal, el visitante no repara en que hay vida más allá de la explanada de Sagües, donde se celebran los conciertos importantes de la Semana Grande, y la escultura de 'La paloma de la paz', del bermeano Néstor Basterretxea. Ulía es parte del viejo camino hacia Pasaia, hacia el faro de La Plata, que por sí sólo merece una visita, pero pocos quieren saber más de esta cima, salvo que haya reservado en el Mirador, el restaurante con estrella Michelin de Rubén Trincado.

Depósitos de Ulia (San Sebastián)

Visitas
Rutas guiadas en euskera y castellano, con plazas limitadas.
Duración
60 minutos.
Reservas
943290672 y asociaciondevecinosdeulia@gmail.com.

Pero va siendo hora de abrir nuevos caminos en San Sebastián, más allá de La Concha, el Paseo Nuevo, la Parte Vieja o el Peine del Viento, y ahora que el turismo industrial está de moda, vecinos e instituciones han descubierto sus viejos depósitos, los que durante décadas abastecieron de agua la ciudad.

Estas estructuras recuerdan mucho a los míticos aljibes árabes, construidos bajo tierra y sustentados con arcadas, lugares enigmáticos en los que el agua de lluvia aún gotea. La imagen es parecida a estos venerables pozos: arcos sustentados en columnas y una escalera de acceso. Así de simple, así de eficaz. Los depósitos, construidos entre 1871 y 1895 y declarados monumento por el Gobierno vasco, pueden ser visitados de la mano de la asociación de vecinos del barrio, que persigue así que se mejore el entorno semisalvaje que rodea la zona. Vista desde La Zurriola, Ulía es una pequeña selva punteada por casas y chalets.

De su relevancia habla el hecho de que fuera un arqueólogo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi quien apreció el valor arquitectónico de las construcciones, «uno de los pocos testimonios que tenemos de la cultura del agua», según Juantxo Agirre, secretario de la entidad. El aljibe Buskando, el que se visita, tiene una capacidad de almacenamiento de 8.900 metros cúbicos de agua, el doble que el de Soroborda.

Y curiosamente en una ciudad con tantos atractivos turísticos, el recorrido por los depósitos y sus alrededores, una actividad al alcance de toda la familia, se está convirtiendo en los últimos años en una de las rutas con más tirón entre los vecinos, obviamente, pero también entre los visitantes. Y eso que en el pasado pesó sobre la zona la posibilidad de una urbanización menos cuidadosa con el entorno, una opción que en los últimos tiempos ha quedado en suspenso.