El veraneo del marqués de Comillas

Un grupo de visitantes se dirige hacia el palacio. /JAVIER ROSENDO
Un grupo de visitantes se dirige hacia el palacio. / JAVIER ROSENDO

El menesteroso vecino de la villa cántabra enriquecido en Cuba dejó para la historia y los visitantes su exquisita residencia

IRATXE LÓPEZ

Con los años acabó llamándose Antonio López del Piélago y López de Lamadrid, I marqués de Comillas, pero nació en una familia humilde que debía pelear duro por la subsistencia. Su orfandad temprana no mejoraría la situación, por eso debió marchar, como muchos otros, a hacer las Américas. Y con éxito. Pasaría así durante los primeros años de su vida de pobre a indiano. De indiano a rico. En 1853, con solo 36 años, regresó de Cuba con las arcas y los bolsillos llenos. Aunque nació en Comillas estableció su empresa en Barcelona. Años después, en 1881, era ya propietario de la Compañía Trasatlántica, la mayor naviera española. Fundó el Banco Hispano Colonial, la Compañía General de Tabacos de Filipinas y la Sociedad de Crédito Mercantil y disponía de un alto porcentaje del accionariado de la Compañía de Ferrocarriles del Norte. Un ascenso a la cima que le encumbró hasta los anales de la historia, donde plantó su bandera para dejar claro que él estuvo allí.

Cuándo
La temporada alta se extiende hasta el 15 de septiembre.
Visitas guiadas
De lunes a domingo, de 9.45 a 19.30 horas.
Precio
Mayores de 12 años: 3 euros. De 4 a 12 años: 1,5 euros. Menores de tres años: gratis.
Web
centros.culturadecantabria.com .

Pero aunque Cataluña fue su nuevo hogar, jamás olvidó Comillas, la localidad cántabra en la que dio sus primero y complicados pasos. Villa costera, hermosa como todas las localidades que se asoman al mar, Antonio decidió adornarla aún más. Para eso construiría el palacio de Sobrellano y la capilla-panteón, obras de Joan Martorell. Por entonces una Cataluña convertida en avanzadilla del arte influyó en sus gustos que acabaron mudando de su tierra de adopción a la de nacimiento. Por eso, tesoros arquitectónicos de estilo neogótico coquetean sin pudor con el modernismo.

Primero llegó la capilla-panteón, después el palacio, residencia de verano del marqués y de la Familia Real. ¿Por qué antes el templo?, tal vez para dar gracias a la buena suerte. Presentada como una catedral a pequeña escala, con girola incluida, es imposible no postrarse ante sus encantos como se arrodillarían los creyentes rezando a Dios. Concentrados ante el carácter ornamental de este mausoleo familiar y espacio para celebrar oficios.

tumba de Claudio, hijo del marqués y heredero del título.
tumba de Claudio, hijo del marqués y heredero del título. / JAVIER ROSENDO

Proyectada en 1878, fue consagrada el 28 de agosto de 1881, con motivo de una visita de los reyes Alfonso XII y María Cristina. Allí descansan, entre otros, el I marqués de Comillas y su esposa, María Luisa Bru Lassus, cobijados por un relieve de Venancio Vallmitjana diseñado por Martorell. Y allí maravilla al público el juego lumínico de las vidrieras polícromas firmadas por Eudald Ramon Amigó. Los sitiales, reclinatorios y bancos fueron diseñados por Antonio Gaudí.

Maderas nobles

La información sobre el palacio la ofrece una visita guiada. Las obras comenzaron en 1882, pero el edifico fue inaugurado cuando el marqués ya había fallecido. El público recorrerá la sala del billar, el comedor, la sala del trono, la biblioteca y el museo del II marqués. Deberá fijarse en la calidad de las tarimas de roble y ébano, en las preciosas puertas de nogal. Imposible no temblar de emoción ante la majestuosa escalera de alabastro en el vestíbulo, iluminada a través de una claraboya de vidrieras polícromas. Frente a las chimeneas de Cristóbal Cascante…

La mayor sorpresa surge en el salón del trono, por su fascinante artesonado y la decoración con pan de oro para las paredes. Reclaman atención las pinturas murales de Llorens i Masdeu, reflejo de los acontecimientos más significativos del marquesado. Y brillan cegadoras las vidrieras diseñadas en los talleres de Eudald Amigó, un estallido de armonía y color.

El recadista

Pasó del barrio de Sobrellano, uno de los más antiguos de Comillas, a codearse con la alta alcurnia española y americana. De trabajar como recadista en Cuba a dominar un imperio económico. Muchos hablan de su buen hacer, otros matizan que relacionarse con la hija de uno de los comerciales más importante por aquellas tierras, Andrés Bru, no le vino mal. Queda claro que, de una forma u otra, llegó a encabezar más de 200 empresas. Que su destino cambió a orillas del mar Caribe, de donde regresaría en 1853 tras vivir varios terremotos y por miedo al cólera. Desde entonces visitaría periódicamente su villa natal para descansar y relajarse, invitando además al monarca, a quien había ayudado con dinero, logística y barcos para combatir las revueltas de África y Cuba. Por algo sería nombrado Primer Marqués de Comillas y Grande de España. Aquella visita real trasladó hasta Comillas a arquitectos y artistas catalanes que engalanaron el pueblo y añadieron el germen del modernismo a la villa.