Alto Besaya - Cantabria

Huellas romanas

Las hojas secas cubren parcialmente el empedrado de la calzada. /
Las hojas secas cubren parcialmente el empedrado de la calzada.

El tramo mejor conservado de la calzada romana que unía Suances y Palencia atraviesa valles y aldeas con encanto. Una agradable caminata en familia para disfrutar del paisaje del centro de Cantabria

IRATXE LÓPEZ

Cuando los romanos llegaron al centro de la actual Cantabria decidieron que era primordial facilitar el camino a sus legiones. Corría el siglo I después de Cristo y tenían ante sus ojos el valle del río Besaya, habitado desde mucho tiempo atrás aunque ellos tal vez no lo supieran. Inspeccionado el territorio, no dudaron en construir una calzada siguiendo el curso del agua para facilitar los movimientos de sus ejércitos, transportar minerales extraídos de los yacimientos y facilitar las labores administrativas. Pocos restos de aquella pasada romanización han sobrevivido al paso de casi dos milenios. Alguno en los puertos del norte como Portus Blendium (Suances) y Portus Victoriae (Santander). La ciudad de Julióbriga, junto a Reinosa. Y los de esta calzada romana que aún se distingue entre las localidades de Pesquera y Bárcena de Pie de Concha.

A lo largo de la historia, la cuenca del Besaya ha ganado fama como principal vía de comunicación entre la costa cántabra y la meseta. La antigua calzada nacía en Pisoraca (Herrera de Pisuerga, Palencia), entraba en Cantabria, discurría por la ciudad de Julióbriga (ahora Retortillo) y bajaba hasta la costa de Portus Blendium, la actual Suances. Siguió funcionando muchos siglos después.

Un viaje en tren

Conocer este camino que abarca unos cinco kilómetros y medio es fácil, incluso para los niños. Invitamos a hacerlo transitándolo cuesta abajo. Quienes prefieran ascender pendientes solo tienen que dar la vuelta al recorrido. El senderista iniciará la ruta en Bárcena de Pie de Concha. Vale la pena conocer el municipio cortado en dos tajos por el Besaya. Acercarse hasta la iglesia románica de San Cosme y San Damián, del siglo XII. Admirar las casas de estilo regionalista que se suceden entre calles, como la Casona de Collantes y el chalé La Chozuca, testigos mudos del presente y el pasado. Descubrir el singular Pico Jano, una montaña de curiosa orografía que vigila desde sus 1.288 metros el transcurrir del tiempo.

Una vez oteado el lugar hay que dirigirse a la estación de tren para tomar el de Reinosa. ¡Importante confirmar los horarios antes pues la frecuencia no es demasiado amplia! Desde las ventanillas del vagón disfrutará el pasajero de las vistas, de naturaleza que se abre y ensancha mecida por el traqueteo. Pocas paradas después debe bajar en Pesquera. Descendida la pendiente por la que se abandona la estación aparece el primer cartel que señala la calzada. No hay pérdida.

Antes de obedecerlo, si dispones de tiempo, puedes acercarte hasta el municipio, partido en dos también por el Besaya. Sus tierras, antaño dominadas por Don Tello, hijo de Alfonso XI, albergaron desde finales del siglo XVIII y en el XIX la ferrería de Gargallón, instalación harinera más tarde, la primera de España en funcionar con cilindros, según aseguran. Hoy los vecinos se dedican a la ganadería. Conservan uno de los pocos rollos o picotas de piedra, con planta circular, existentes en Cantabria -tiene cuatro cabezas de animales labradas-. Y la iglesia de San Miguel, de ábside gótico medieval con bóveda de cañón apuntada.

Restos arqueológicos de Julióbriga y de la iglesia de Santa María. | Columnas de la antigua ciudad romana de Julióbriga. | Picota de Bárcena Pie de Concha. / José Miguel Martínez Pereda | Nacho Cavia

Las huellas del pasado

Tras seguir las instrucciones del panel indicativo, la primera parte de la ruta se desenvuelve sobre pista. Varios carteles indican la dirección y, aunque el ascenso se haga casi paralelo a la carretera, las vistas a un lado ensanchan el alma. No es extraño toparse con vacas que pasan el rato. Más adelante, el paisaje cambia al comenzar la calzada construida uniendo materiales por capas. De abajo a arriba, piedras gruesas y planas fusionadas con mortero y arcilla (statumen), piedras pequeñas y cascajo (rudus), gravilla o mortero (nucleus) y cubierta de losas como superficie (summun dorsum).

Recuerda que estás pisando el tramo mejor conservado de la calzada Pisoraca-Iuliobriga-Portus Blendium, el que une Somaconcha -donde ahora te encuentras-, y Pie de Concha salvando un desnivel de casi 400 metros. Observa el firme si las hojas del otoño caídas lo permiten. Grandes losas en los márgenes, más pequeñas en el interior. Tres a cuatro metros de anchura media, más en tramos rectos, menos en las curvas. Busca las marcas que dejaron ruedas de carros siglos atrás. En caso de que los árboles se hayan zafado de su vestimenta el suelo simulará un tapiz de colores otoñales, verduzcos y naranjas, marrones y amarillos, una colcha que cubre el monte convirtiéndolo en escenario de leyenda.

Recomendaciones

La posada Ocho Hermanas se encuentra en un hermoso edificio por dentro y por fuera; se nota el esfuerzo invertido en decoración seleccionando piezas especiales, recuerdos de otras épocas y muebles rústicos. Cada cuarto es distinto, mantiene su personalidad y encanto. Cuenta con zonas comunes como el comedor, un salón y la preciosa galería acristalada, diva de esta casa, donde campo y sol saludan al madrugador y los nocturnos disfrutan leyendo engullidos por sofás y cojines. El hospedaje dispone de parking y ofrece desayuno buffet. Punto extra importante: posibilidad de alquilar bicis eléctricas de paseo o montaña para conocer la zona sin excesivo esfuerzo (¡muy recomendable!). Orlando y Emma son los anfitriones y recomendarán las mejores excursiones por la zona. (Ctra. Las Fraguas 35, Arenas de Iguña. 942826587/678437942.

www.ochohermanas.com).

Llega el descanso

Hace siglos, gracias a esta vía, podía eludirse el estrecho desfiladero de las Hoces de Bárcena donde era fácil perder la vida o las posesiones en una emboscada tendida por los bandidos. El esqueleto de Mediaconcha sorprenderá al caminante a mitad de camino, con su presencia fantasmal de aldea deshabitada. Tras unas dos horas bañadas en paisaje, en bosques y soledades, acabarás la ruta de piedra al llegar a Pie de Concha donde casas de balconada florida saludan vivarachas.

Un kilómetro después, Bárcena de Pie de Concha abre de nuevo sus brazos. Allí podrás descansar mientras das cuenta de alguno de los contundentes platos de carne en los que se ha especializado el restaurante La Calzada. O de la carta menos sibarita, a base de platos combinados, raciones o hamburguesas, de El Moderno. Premio y recompensa para quienes completen la marcha.

Otros puntos de interés

Cuentan los sabios que Arenas de Iguña es el origen de las marzas o trovas con las que los mozos de Cantabria despiden el invierno y dan la bienvenida a la primavera. También de La Vijanera, singular carnaval celebrado al comenzar el año y que hoy en día solo se mantiene en Silió, en el cercano municipio de Molledo. Un paseo despertará la curiosidad al contemplar casonas de los siglos XVII y XVIII, especialmente una de las pocas góticas de Cantabria. Junto a ella se alza la 'torrona' de Núñez Bustamante (XVII), contador de las Guardias Viejas de Castilla. Algo más allá, en Las Fraguas, alza sus formas el elegante palacio de los Hornillos, donde Amenabar rodó 'Los otros'. Cerca, una construcción extraña a los visitantes, la iglesia neoclásica de San Jorge conocida como 'El Partenón' porque imita al edificio griego.

Los verdes prados de Molledo marcan su estilo aunque también destaca un inmueble, la iglesia románica de los Santos Facundo y Primitivo, construida en Silió en el siglo XII. Dentro de los lindes pertenecientes a Molledo, los folletos turísticos señalan la iglesia de San Lorenzo de Pujayo y la de San Martín de Quevedo. Pero, sin duda, el trono se lo lleva uno de los ejemplos de arquitectura mozárabe de Cantabria: la iglesia parroquial del siglo X perteneciente a Helguera. Por lo que respecta a la arquitectura civil, destacan el castillo de Cobejo y la casa señorial de Torres Quevedo.

La ermita San Román de Moroso es prerrománica, mozárabe en concreto, y está rodeada por un halo mágico en el que fluyen diversas energías. Se accede hasta ella desde el coqueto pueblo de Bostronizo, por una pista en dirección norte que conduce a una vaguada desde la que arranca el sendero hasta la ermita del siglo X. Levantada con grandes sillares, la nave conserva techumbre de madera y un arco de herradura en la entrada. El arco triunfal, al que le faltan las columnas, es de herradura con cimacios escalonados. Para sostener el alero del tejado se colocaron modillones de estilo mozárabe decorados con flores de cuatro, seis y ocho pétalos, esvásticas y círculos, entre otros elementos. Al norte fue encontrada una necrópolis con tumbas de lajas y sarcófagos.