Elegir y competir

La mala gestión que se ha realizado del conflicto entre los VTC y los taxis demuestra la dificultad de conjugar libertad e igualdad

Huelga de taxis en Madrid./Víctor Lerena
Huelga de taxis en Madrid. / Víctor Lerena
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

La realidad política y la económica es un constante enfrentamiento entre dos principios básicos, la igualdad y la libertad. Los que enfatizan el primero, normalmente acogidos en los llamados partidos de izquierda, no tienen reparos en cercenar la libertad para mejorar la igualdad. Los que priorizamos el segundo, los odiosos liberales, estamos dispuestos a consentir ciertos niveles de desigualdad para salvaguardar la libertad. Cada uno defiende lo que cree, pero nosotros tenemos en contra a una gran mayoría de la opinión pública y a la práctica totalidad de los medios de comunicación. Claro que tenemos a nuestro favor a la estadística. Los países que defienden más a la libertad acostumbran a disfrutar de mejores niveles de bienestar social, basados en sistemas económicos más potentes. Si sale usted al escenario y habla de igualdad, nadie se atreverá a llevarle la contraria, mientras que si defiende la libertad solo se le soportará si se limita a hablar de ella en abstracto y se le afeará el pensamiento en cuanto trate de aplicarlo a la realidad circundante.

Pero, ¡no se alarme!, que no pretendo arruinarle el domingo con una ración de filosofía de gallinero –no me da para más–. Quería hablarle, ¡fíjese usted!, del conflicto del taxi que ha trastocado la vida de las dos grandes ciudades de éste país y que es un buen ejemplo de este permanente enfrentamiento. No me atrevo a dar recetas concretas de solución, pues solo conozco el sector como usuario esporádico. Pero creo que es sencillo identificar el camino por donde debe circular la solución. Y que es, precisamente, una mezcla de libertad e igualdad.

Por el lado de la demanda, de los usuarios, la regulación debe de garantizar la libertad de elección. El destinatario final de todo el sistema es el cliente y éste debe poder elegir la prestación que considere más conveniente para sus necesidades de movilidad. En este sentido, los taxistas tienen que reconocer algunas evidencias. Los VTC son más ágiles, dan un servicio de mayor calidad, con un trato más amable del habitual y cuidan más el aspecto exterior y, sobre todo, el interior de sus vehículos. Además el servicio tiene una trazabilidad que, en estos tiempos, es un valor estimable. Saber quien te recoge y te transporta, a ti o a tus familiares, y cuando y donde te deja es una garantía de seguridad. Y no tener que sacar dinero en efectivo, es otra. Por eso, oponerse al progreso y poner puertas al campo es una decisión condenada al fracaso. La historia, la reciente y la lejana, está plagada de casos similares que sirven de ejemplo.

Pero, por el lado de la oferta, los taxistas hacen bien en exigir el respeto a la igualdad. Se les puede obligar competir y a respetar la libertad de los usuarios, pero tienen derecho a que todo fluya a través de unas normas de competencia que no penalicen, ni discriminen a nadie. A partir de ahí, se han cometido varios errores graves. El primero, el propio ministro Ábalos que, en un sorprendente ejercicio de irresponsabilidad, se ha agachado y trasladado a las comunidades autónomas la responsabilidad de regular y encauzar el enfrentamiento. ¿Hay 17 realidades distintas, 17 necesidades diferentes que exijan 17 legislaciones propias?

El segundo error ha sido la actitud de los taxistas que han hecho historia al convocar las primeras huelgas ¿contra la empresa? No, porque son ellos mismos. ¡Contra el cliente! Además de provocar un caos desproporcionado que ha enervado a toda la ciudadanía afectada. Y, el tercer error lo ha cometido la Generalitat que, asustada por la deriva del asunto, ha cedido exageradamente ante las exigencias de los taxistas sin importarle abollar la libertad de manera grosera. Primer efecto, la salida de los VTC de Barcelona; segundo, la pérdida de miles de empleos; tercero, la oposición del órgano encargado de vigilar y defender la competencia en Cataluña; cuarto, la próxima llegada de reclamaciones millonarias que plantearán los afectados.

Total, un asunto mal planteado, mal defendido y mal solucionado (?). ¿Es tan difícil conjugar libertad e igualdad? Parece que sí.