abucheos

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Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Algunos españoles son tan caprichosos que exigen hasta lo que es posible que haya: unas elecciones generales. El grito más repetido hasta enronquecer está siendo ese: «¡Elecciones! ¡elecciones!». El miedo a la consulta popular está haciendo más impopular a Pedro Sánchez mientras los populistas y los separatistas cantan victoria porque nunca han reconocido su derrota. Están ocupados en reprochar al Rey porque no pueden olvidar que fue el que paró el golpe de Estado.

El despiste protocolario sería poco más que una anécdota si no hubiese tantos que quieren aprovecharse mientras crecen los abucheos al presidente del Gobierno, que no tiene tiempo para oír a todos los que chillan porque es España la que está en un grito. Los abucheos al desfile se han convertido en una de nuestras tradiciones, pero el besamanos no se puede convertir en un lameculos. Mientras, los turistas hacen cola a la puerta de la catedral más fea del mundo, que está en una de las ciudades más atractivas, según sentencia Hemingway, que presumía de conocerlas todas, lo que es metafísicamente imposible.

Los abucheos pueden dejar a muchos con la boca abierta para siempre. No le perdonan al Rey que desmontara la intentona golpista, que fue mucho más que un intento, y se pareció mucho a un golpe de Estado. El partido que manda en España no es que esté partido por el eje, sino que no tiene eje. El obstáculo mayor sigue siendo el alojamiento del muerto, que no sabe estarse quieto. Puede ser un lugar de peregrinación o de repulsa. Eso es una cuestión de familia, pero la familia tampoco sabe qué hacer y nuestros políticos tampoco.

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