Jon Ander Zalduegi: «Los mejores suelos se dedican a la vivienda»

Jon Ander Zalduegi: «Los mejores suelos se dedican a la vivienda»
MAITE BARTOLOMÉ

Este profesional de Imagen y Sonido lo dejó todo para ocuparse de la tierra, como hicieron sus padres

GAIZKA OLEA

Quizá la web, clara, manejable, intuitiva, llena de recetas, explica mejor que nada los orígenes profesionales de Jon Ander Zalduegi. Este bilbaíno con raíces en Amurrio estudió Imagen y Sonido para ejercer tal profesión durante décadas como free lance en Euskal Telebista y otros medios, tanto nacionales como en Europa. Pero llegó un día, hace 16 años, que decidió regresar a la tierra. Y no sólo a su lugar de origen, sino al trabajo que durante su infancia ocupó a sus padres. «Siempre quise volver al caserío y decidí dar un vuelco a mi vida después de pasar largas temporadas fuera de casa». Así que se apuntó a la Escuela Agraria de Derio e hizo todo tipo de cursillos, hasta que arrendó una explotación semiabandonada en Mungia. Hace cuatro años descubrió unos terrenos en Bakio, en unas laderas soleadas en la entrada del pueblo, y decidió que el viaje había terminado.

Ekorlegi (Bakio)

Web
www.ekorlegi.com.

Zalduegi es el fundador de Ekorlegi, una granja dedicada a las verduras que dispone de 2.500 metros cuadrados bajo invernadero y otros 20.000 al aire libre, donde trabajan tres personas para poner en el mercado unas 60 variedades: desde 27 tipos de tomate (uno no deja de sorprenderse de que haya tantas) hasta cultivos tradicionales del país como pimientos, vainas, ajos, guindillas, berzas, coliflores, acelgas o puerros, que conviven con género foráneo como remolachas de colores, colirrábanos, colinabos o flores eléctricas... Alto ahí. De eso no habíamos oído hablar en el largo viaje de Jantour por el mundo de los productores. «Algunos cocineros las sirven entre plato y plato y son como un juego en la boca», explica Zalduegi. Vale, algo que hemos aprendido hoy.

«Con los cultivos tradicionales nos quedamos algo cortos, de modo que hay que ofrecer más diversidad, más atractivos, a los grupos de consumo». Los consumidores interesados en una producción más acorde con los ritmos naturales y la ecología son uno de los destinatarios del género de Ekorlegi, como los mercados o los restaurantes. Y las técnicas más avanzadas como el riego automático, el control de la temperatura o la planificación permiten cubrir la demanda durante todo el año, aunque el final de la primavera y junio es precisamente el más flojo. «Nosotros no plantamos para hacer venta mayorista, sino para adecuarnos a las necesidades de los compradores», añade.

Bakio es, para el agricultor, «un lugar privilegiado» para esta actividad, gracias a un microclima que evita los excesos de calor o frío, aunque también eso está cambiando: «Vivimos una época en la que la primavera y el otoño casi han desaparecido; lo que tenemos realmente es un verano que empalma con el invierno y este, con el verano. Apenas hay transición, con cambios radicales de temperatura o de las lluvias».

Pese a los problemas y las dificultades, Zalduegi admite sentirse «supercontento» con el cambio radical que experimentó su vida al regresar a la tierra, dejar los viajes y tener una inesperada posibilidad de trabajar con su familia a la hora de cosechar o calificar los cultivos. «Hemos creado una expectativa entre las familias jóvenes que buscan productos saludables para alimentarse. Además, ahora, con Internet y las redes sociales saben dónde nos pueden encontrar».

La luna menguante

Y lo dice mientras, desde las alturas de los invernaderos de Ekorlegi, observa el valle que conduce al casco urbano de Bakio, a la playa. «Eso que se ve desde aquí es uno de los grandes problemas de la agricultura en el País Vasco, donde los mejores suelos están situados en los terrenos llanos y se dedican a la vivienda. Nuestro problema es encontrar suelo, de modo que tenemos que tirar hacia el monte, en lugares con una pendiente del 10%, en los que cualquier proyecto se encarece porque requiere allanar el terreno», asegura.

Aún así, y a pesar de los cambios, dice Zalduegi que es necesario seguir escuchando lo que dicen los viejos baserritarras. Como cuando menean la cabeza si el recién llegado no siembra con luna menguante. «Yo creo que tienen razón. No está demostrado científicamente, pero hacerlo tiene sus efectos».