Nutrición: Dieta para la diabetes

Nutrición: Dieta para la diabetes

La alimentación es fundamental para el adecuado control del nivel de glucosa. Eliminar azúcares rápidos y aprender a leer el etiquetado nutricional son dos consejos que benefician a nuestra salud

JAVIER ESCALADADirector del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Clínica Universidad de Navarra

La reducción del consumo de azúcar es una de las directrices que ha pautado la Organización Mundial de la Salud (OMS) en los últimos años. Actualmente, recomienda que sea menos del 10%, incluso del 5%, de la ingesta total de energía al día en personas sanas. Sin embargo, el azúcar es el 'caballo de batalla' de las personas con diabetes, que deben prestar todavía una atención más específica a su consumo. El azúcar como tal, el añadido, si podemos reducirlo a cero, mejor. Pese a que las personas con diabetes, de forma general, no tienen por qué seguir una dieta distinta a la dieta mediterránea, es cierto que es importante que controlen el aporte de azúcar. Un hecho que no siempre es fácil ya que el azúcar está desgraciadamente escondido en muchos alimentos.

Siempre es necesario estudiar las dietas de forma personalizada, adecuada a cada persona. Aun así, hay tres recomendaciones generales para un paciente con diabetes: eliminar azúcares rápidos, aprender a leer el etiquetado nutricional y planificar según el tratamiento. Sin azúcares añadidos, la glucosa va a proceder principalmente de los hidratos de carbono, que deberían componer el 40-50% de la dieta. Hablamos de hidratos de carbono complejos, con fibra, absorción lenta y, por lo tanto, no de azúcares simples. En la práctica eso se traduce en evitar productos como muchos cereales de desayuno, tomate frito, alimentos procesados o, más claro, los azucarillos, que dificultan el control glucémico de los pacientes, ya que supone ingerir productos hipercalóricos e hiperglucemiantes.

Mejor que zumos, fruta

Para suplir ese aporte de glucosa elegiremos alimentos ricos en hidratos de carbono de absorción lenta, a poder ser integrales, como el pan, pasta o arroz, junto a verduras y fruta. Precisamente, la fruta es uno de los alimentos que causan dudas entre los pacientes debido a la presencia de la fructosa. Por ello, los especialistas dan consejos específicos para su ingesta: conocer su cantidad de azúcar, comerlos en pieza y acompañados del resto de la comida.

No hacerse zumos naturales es una de las sugerencias para pacientes diabéticos; no porque sean malos, pero no se recomiendan porque para conseguir un zumo hay que recurrir a varias piezas de fruta. No es lo mismo comer una pieza de fruta que beberse un zumo. Y, además, la absorción es mucho más rápida, lo que da lugar a elevaciones de glucosa mucho más agudas que lo que supone consumir la pieza entera de fruta con su fibra correspondiente.

Tampoco es lo mismo comerse, por ejemplo, un plátano que unas fresas, ya que el azúcar que contienen no es el mismo. Por ello, es bueno conocer cuáles son esas frutas más ricas en azúcar (plátano, uvas o ciruelas pasas, entre otras) para racionar su cantidad. Un ejemplo: 200 gramos de pera o manzana tienen, en promedio, 2 raciones de carbohidratos (unos 20 gramos de azúcar). Esa misma cantidad de fresas, contiene 1 ración (10 gramos).

Otra recomendación para evitar esos picos de glucosa es comer la fruta acompañada del resto de platos en el desayuno, comida o cena, y no hacerlo de forma aislada. De esta forma, su absorción es más pausada. ¿Y de tentempié? Una mejor opción para personas con diabetes pueden ser los frutos secos, así como el yogurt desnatado (sin azúcar) o vegetales crudos. El azúcar se oculta en muchos alimentos. Por ello, leer, y entender, el etiquetado nutricional es fundamental para elaborar los menús. Una tarea que no siempre es fácil aunque detectar leyendo etiquetas nutricionales qué alimentos son mejores o peores es algo en lo que deberíamos entrenar a todos los pacientes.

Productos nuevos

No solo es bueno para conocer el azúcar de los productos básicos, sino que cobra especial relevancia ante la cantidad de productos que van apareciendo en las estanterías de los supermercados. La quinoa, papaya o la chía están de moda en las cocinas junto a productos internacionales como el kimchi. Sin embargo, sus componentes no son tan conocidos y hay cientos de variantes que luego no salen en una consulta con un paciente.

Por ello, saber interpretar una etiqueta, saber dónde mirar el azúcar que lo compone y en qué cantidades, ayuda a que todos estos nuevos alimentos puedan ser, o no, incorporados a la dieta de cada uno. Además, también es importante tener en cuenta el aporte calórico y el tipo y cantidad de grasa que aporta cada alimento.

 

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