Macron promete reconstruir Notre Dame «en 5 años y hacerla más bella»

Interior de la catedral./AFP
Interior de la catedral. / AFP

La catedral parisina se mantiene en pie después de quedar arrasada por el peor incendio que ha vivido en sus más de 850 años de historia

PAULA ROSAS

Tras las llamas y las lágrimas, ha llegado el momento de la reconstrucción. Mientras los bomberos centraban su prioridad en determinar el alcance de los daños y el estado de la estructura de la catedral de Notre Dame, arrasada por el peor incendio que ha vivido en sus más de 850 años de historia, una lluvia de promesas millonarias procedentes de algunas de las mayores fortunas de Francia ponía el foco en lo que viene después del fuego. La reconstrucción va a ser larga y costosa, pero la voluntad para volver a poner en pie el monumento más visitado de Europa, símbolo de la cultura occidental, parece tan firme como los cimientos del templo.

En un discurso solemne desde el Palacio del Elíseo, con el rostro grave, el presidente Emmanuel Macron se comprometió anoche a reconstruir la catedral «en los próximos cinco años», y aseguró que se levantará «aún más hermosa». El mandatario, que tenía previsto anunciar la noche del incendio las nuevas medidas con las que quiere poner fin a la crisis de los chalecos amarillos, dijo que no es el momento de la política. «Somos un pueblo de constructores y tenemos mucho que reconstruir», afirmó. «Depende de nosotros convertir este desastre en una oportunidad para unirnos, habiendo reflexionado profundamente sobre lo que hemos sido y lo que tenemos que ser, y llegar a ser mejores de lo que somos. Tenemos que encontrar el hilo conductor de nuestro proyecto nacional».

Después de doce horas de lucha sin cuartel y contra el reloj, los bomberos conseguían apagar completamente el incendio del templo a las diez de la mañana de ayer. Un fuego provocado, según apuntan todos los indicios, por un accidente durante las obras de restauración de su tejado. La estructura de madera que sujetaba la cubierta, conocida popularmente como 'el bosque' por sus cientos de vigas centenarias y que data del siglo XIII, fue arrasada por las llamas. La virulencia del fuego, que provocó la caída de la aguja de 96 metros, obra maestra de Viollet-le-Duc, ha debilitado la estructura del edificio. Después de un primer balance de daños, el secretario de Estado de Interior, Laurent Nuñez, aseguró ayer que en principio la estructura parecía sólida, pero que se habían detectado varios puntos vulnerables, sobre todo en la bóveda -las imágenes del interior del templo mostraban un enorme agujero en el lugar donde se encontraba la aguja-, y en el piñón o hastial norte del transepto, la parte superior triangular del crucero.

Los bomberos, durante su intervención.
Los bomberos, durante su intervención.

Sobre el terreno, la principal preocupación es reforzar estos puntos y asegurar el interior de la catedral, un trabajo que se va a prolongar dos días. Solo entonces los bomberos, acompañados por personal del Ministerio de Cultura, podrán empezar a evacuar las obras de arte que no pudieron sacarse la noche de lunes.

Lejos de las cenizas y los escombros, la maquinaria ya se había puesto en marcha ayer para que la joya del arte gótico vuelva a lucir en todo su esplendor. Por la mañana, en el palacio de Matignon, sede de la Jefatura del Gobierno, una reunión de ministros encabezada por el jefe del Ejecutivo, Édouard Philippe, centraba sus esfuerzos en preparar «un plan de reconstrucción». Una rehabilitación para la que los especialistas calculan que se necesitarán entre diez y quince años, y que será muy costosa. Antes del incendio, ya se sabía que existía una necesidad de al menos 150 millones de euros para subsanar las carencias del edificio. La factura será ahora mucho más elevada.

El Ayuntamiento de París, encabezado por la alcaldesa Anne Hidalgo, desbloqueó ayer 50 millones para la reconstrucción del templo y propuso celebrar una «conferencia internacional de donantes». Otros 10 millones vendrán de la región de Ile-de-France, en la que se encuentra la capital. Y la Casa de la Moneda volverá a reeditar una medalla dedicada en 2013 a la catedral de Notre Dame, cuyos beneficios irán a la reconstrucción del templo.

Pero el grueso de las promesas, por ahora, procede de bolsillos privados, de las grandes fortunas de Francia. Los Bettencourt-Meyers, dueños de L'Oreal, ofrecieron ayer 200 millones, la misma cantidad que la familia de Bernard Arnault, propietarios del imperio de lujo LVMH. Los primeros en pronunciarse fueron, sin embargo, los propietarios de Kering, la familia de François-Henri Pinault, que prometieron contribuir con 100 millones cuando las llamas aún no se habían apagado. La petrolera Total también pondrá esa misma cantidad, y los propietarios del gigante de las telecomunicaciones Bouygues y de Decaux, que fabrica y gestiona mobiliario urbano, contribuirán con 10 y 20 millones, respectivamente.

«Francia está mejor preparada que otros países en los que se han producido catástrofes», aseguraba el subdirector general de Cultura de la Unesco, Ernesto Ottone. Es pronto para hacer una estimación del importe de los destrozos causados por el incendio o para saber cuánto durará la restauración. Pero los inventarios sobre las obras que albergaba el templo y los archivos de sus 800 años de historia estaban actualizados, según el funcionario, por lo que las primeras fases de reconstrucción serán rápidas.

El fiscal de París, Rémy Heitz, aclaraba ayer las dudas sobre los orígenes del siniestro y aseguraba que nada hacía pensar que pudiera tratarse de un incendio voluntario y que la pista que siguen los 50 investigadores que trabajan en el caso es la accidental. La Policía ya ha comenzado a interrogar a los obreros y empleados de las empresas que trabajaban en la restauración para intentar dilucidar qué pudo provocar el fuego.

La principal firma encargada de las obras, Les Bras Frères, cuenta con una enorme experiencia en el campo de la restauración, y suyas son las obras de remodelación de las catedrales de Estrasburgo, Poitiers, Verdun y Amiens. El arquitecto que dirigía los trabajos aseguró ayer que se habían respetado todas las normas de seguridad y que, cuando se declaró el fuego, ninguno de los obreros se encontraba en los andamios o el tejado del edificio.

El tejado ha desaparecido, la aguja de Notre dame, uno de los símbolos de París, ya no existe, los destrozos en el interior del templo son cuantiosos, pero gran parte de las obras de arte y reliquias que albergaba la catedral, de valor incalculable para el cristianismo -como la corona de espinas de Jesucristo y la túnica de san Luis- han sido salvadas. Una cadena humana compuesta por bomberos, ayudados por técnicos de Cultura, agentes de seguridad y del Arzobispado consiguieron rescatar muchas de las obras, dijo ayer la alcaldesa de París. Trabajaron en horribles condiciones. El interior de la catedral era una espesa nube de humo sin apenas visibilidad y del techo caían, relató el jefe de bomberos, a cargo de las tareas de extinción, brasas y plomo derretido. El riesgo de derrumbe aumentaba la peligrosidad.

Muchas de esas obras, incluido el tesoro de la catedral, con joyas de orfebrería de gran valor, han sido almacenadas en el Ayuntamiento de París, a unos pocos cientos de metros de Notre Dame. Sin embargo, el órgano, así como algunos de los cuadros más grandes que no pudieron ser sacados por los bomberos, se han visto afectados por la catástrofe, principalmente por los efectos del agua y el humo. El ministro de Cultura, Frank Riester, ha anunciado que esas obras serán descolgadas posiblemente el viernes y transportadas hasta el Museo del Louvre para su restauración. Los principales rosetones de Notre Dame «no parece que hayan sufrido destrozos catastróficos» dijo el ministro.