Más de 280 muertos y un millar de heridos por el tsunami de Indonesia

Una mujer habla por teléfono mientras observa los cadáveres acumulados en un patio de un centro de salud en la ciudad costera de Anyer./Efe y Agencias
Una mujer habla por teléfono mientras observa los cadáveres acumulados en un patio de un centro de salud en la ciudad costera de Anyer. / Efe y Agencias

La erupción del volcán Krakatoa provoca un corrimiento de tierra submarino, que se traduce en un devastador tsunami y devuelve la tragedia a Indonesia

Zigor Aldama
ZIGOR ALDAMA

Dos vídeos reflejan a la perfección lo que sucedió el sábado al este de la isla indonesia de Java. El primero se grabó hacia las seis de la tarde, todavía con algo de luz en el cielo, y recoge la violenta erupción del volcán Krakatoa, escupiendo lava y ceniza al cielo. El segundo, tomado a las 21.30 horas, muestra el concierto que la banda Seventeen estaba dando en el complejo turístico playero de Tanjung Lesung: de repente, el escenario se viene abajo, una ola arrasa con todo y lo último que se escucha son los gritos de quienes han sido arrastrados por el agua y tratan de sobrevivir.

En el tiempo que pasó entre la grabación de ambos vídeos, los expertos aseguran que se produjo un corrimiento de tierras submarino que provocó un tsunami cuya fuerza se vio acrecentada por el efecto que la Luna llena tiene en las mareas. La imposibilidad de prever un fenómeno como éste, la falta de boyas que permitan recoger en tiempo real los cambios en el nivel del mar y la cercanía de la pequeña isla volcánica a la costa de Java fueron anoche los ingredientes que produjeron una tragedia que se ha cobrado ya 281 vidas -entre ellas las de varios miembros de la banda de rock- y que ha dejado casi un millar de heridos. Éste es, advirtieron las autoridades, un balance provisional que se quedará corto en los próximos días.

Porque la ola gigante, de hasta tres metros de altura, ha provocado grandes destrozos en zonas turísticas, ha arrasado la costa de algunas localidades de difícil acceso a las que anoche todavía no habían llegado los equipos de rescate a pesar de su cercanía a la capital del país, Yakarta, y ha dejado al menos 30 desaparecidos. Más de 400 edificios y al menos nueve hoteles en primera línea de playa han quedado dañados y, según diferentes medios locales, estos últimos han sufrido víctimas mortales entre los huéspedes que se encontraban en las habitaciones de la planta baja, sobre todo las que ofrecen las mejores vistas al mar.

«La primera ola engulló la playa y paró entre 15 y 20 metros tierra adentro. La siguiente llegó hasta el hotel en el que me encontraba y arrastró consigo coches de la carretera que pasa por detrás. He conseguido escapar con mi familia hasta un lugar más elevado a través de caminos en el bosque y aldeas en las que la población local nos ha ofrecido ayuda», relató uno de los turistas extranjeros afectados, Oystein Lund Andersen, a través de su página de Facebook.

«Todavía estamos recopilando toda la información que nos llega», comentó el portavoz de la Agencia para la Prevención de Desastres, Sutopo Purwo Nugroho, que decidió disculparse preventivamente en Twitter «por si ha podido haber algún error en la respuesta inicial». Afortunadamente, parece que la infraestructura sanitaria respondió positivamente. «La mayor parte de los heridos sufren fracturas de hueso», añadió Abú Salim, un voluntario del grupo de respuesta a desastres de Tangana.

Vecinos de Pandeglang abandonan en motocicletas sus viviendas arrasadas por el agua. Abajo, los equipos de rescate recuperan los cuerpos de las víctimas. / Afp | Efe

400 edificios
y nueve hoteles ubicados en primera línea de playa al este de la isla indonesia de Java resultaron dañados por el tsunami, que penetró entre 15 y 20 metros tierra adentro y arrastró todo lo que encontró a su paso.
Drama humanitario.
Varias ONG han alertado de que en estos momentos la mayor amenaza es la ausencia de agua potable, ya que propicia la propagación de enfermedades. Además, la falta de electricidad en muchas zonas afectadas dificulta aún más las labores de los equipos de rescate.
220.000 personas
perdieron la vida en 2004 en la que fue la mayor catástrofe natural de la historia de Indonesia, cuando un tsunami arrasó por completo la costa del norte de Sumatra. Este miércoles se conmemorará el 14 aniversario de aquella gran tragedia.
Un año desastroso.
El 2018 ha sido especialmente catastrófico para Indonesia. En agosto, dos terremotos golpearon la isla de Lombok y en septiembre otro seísmo seguido de un tsunami dejó al menos 2.100 muertos en el norte de la isla de Sulawesi. Muchas personas siguen desaparecidas.

Preocupación por los niños

Diferentes ONG advirtieron de que la falta de agua corriente es ahora la principal amenaza, porque es el caldo de cultivo perfecto para la expansión de enfermedades. Y muchas de las localidades afectadas también han sufrido el corte del suministro eléctrico, lo que complica las labores de rescate. «Estamos especialmente preocupados por la seguridad y el bienestar de los niños y las niñas, quienes son muy vulnerables a los tsunamis y a ser arrastrados por las inundaciones», añadió Michel Rooijackers, portavoz del socio local de Save the Children.

La calamidad ha golpeado Indonesia cuando solo quedan dos días para que el sudeste asiático conmemore el 14 aniversario de la peor catástrofe natural de su historia, el tsunami que dejó más de 220.000 muertos y arrasó por completo la costa del norte de Sumatra. Y es también el colofón de un año desastroso en el que la virulencia de la Tierra ha dejado miles de muertos: en agosto, dos terremotos sacudieron la isla de Lombok, y, en septiembre, otro seísmo, seguido de un tsunami y de la licuefacción de una gran superficie de tierra, se cobró al menos 2.100 vidas en el norte de la isla de Sulawesi, donde las autoridades creen que muchos de los desaparecidos no serán encontrados jamás.

Por si no fuese suficiente, ayer desde el Gobierno se afirmó que, debido a la continua actividad del volcán Krakatoa se mantiene el riesgo de que este fenómeno vuelva a repetirse a corto plazo. «Por favor, no se acerquen a las playas en el Estrecho de Sunda. Y quienes hayan sido evacuados, no regresen todavía», pidió el director de la Agencia Meteorológica de Indonesia, Rahmat Triyono.

Un digno hijo nacido de los flujos de lava de su devastador padre

El volcán Krakatoa, que el sábado entró en erupción durante unos trece minutos, es en realidad el Anak Krakatoa: literalmente hijo del Krakatoa. No en vano, la montaña original se desintegró en 1883 tras una explosión tan grande que se escuchó en Australia -a más de 3.500 kilómetros- y que dejó en torno a 35.000 muertos. El volcán actual se formó hacia 1928 a partir de los flujos de lava que continuaron siendo expulsados del interior de la Tierra y hace ya unas décadas que es vigilado por su actividad intermitente. Generalmente, entra en erupción cada dos o tres años, y el último período de intensa actividad comenzó el pasado junio. Desde entonces, varios vídeos grabados por los turistas que se acercan en barco a la pequeña isla volcánica atestiguan la virulencia de su comportamiento.

Sin embargo, los expertos aseguran que la erupción del sábado no fue especialmente fuerte. Sin embargo, pudo haber sido suficiente para desencadenar una cadena de eventos que se tradujo en un tsunami. «Lo más probable, aunque seguimos estudiándolo, es que la erupción provocase un pequeño seísmo que, a su vez, resultó en un corrimiento de tierra masivo», apuntó el presidente de la Asociación de Geólogos de Indonesia, Sukmandaru, al periódico 'Jakarta Post'. Aunque se trata de un fenómeno muy inusual y nunca una erupción del Krakatoa lo había provocado antes, los vulcanólogos afirman que ha sucedido en otras partes del mundo.

Monitorización

Si el hijo del Krakatoa seguirá los destructivos pasos de su padre todavía es pura especulación, pero ya ha demostrado que es digno de su linaje. Y no es el único, porque 20 volcanes -el país suma unos 130 en total- están siendo monitorizados en este momento en Indonesia debido a su inusual actividad. El Cinturón de Fuego del Pacífico, la franja sísmica a lo largo de la cual se ubican multitud de islas del archipiélago, parece especialmente agitada.

Lógicamente, esta actividad provoca temor tanto en Indonesia como en Japón -donde hace tiempo que se espera un terremoto gigantesco en Tokio- e incluso en Estados Unidos. El mayor peligro es que se repita una catástrofe como la del volcán 'Tambora', en 1816. La capa de ceniza que expulsó su explosión fue tan gruesa que la temperatura global cayó y ese año se denominó el 'año sin verano'. Se estima que 90.000 personas perecieron como consecuencia de aquella erupción. Un evento similar en una zona más poblada ahora resultaría todavía mucho más mortífero, y los vulcanólogos consideran que es solo cuestión de tiempo que suceda.