Lápiz, regla... y mucha paciencia

Exposición. Egurrola con sus dibujos, entre los reflejos del escaparate de Kokojaten. /F. Morquecho
Exposición. Egurrola con sus dibujos, entre los reflejos del escaparate de Kokojaten. / F. Morquecho

Alberto Egurrola presenta una exposición con dibujos de Eibar hasta el día 22 en el estudio Kokojaten, en Fermín Calbetón

FÉLIX MORQUECHO

«No hace falta irse a Nepal para hacer fotos bonitas». Aquella frase que oyó a un amigo le sirvió a Alberto Egurrola (Eibar, 1967) como acicate para ponerse a dibujar los rincones de su localidad, «¿qué puede haber más eibarrés que sus calles?». Aficionado al dibujo desde siempre, había dejado aparcada la pintura desde su última exposición en la sala Topaleku en 2012, y el reto de dibujar sus escenarios favoritos de Eibar le sirvió para retomar unas armas sencillas, «distintos lápices, regla, cartabón... y mucha paciencia».

El estudio de arquitectura Kokojaten, en la calle Fermín Calbetón, acoge hasta el día 22 una exposición abierta al público con la propuesta de Egurrola. Es una muestra breve formada por ocho dibujos, pero con mucho trabajo detrás. Cada uno de ellos lleva de treinta a treinta y cinco horas. «Hay que medir todo bien porque me interesa mucho hacer una reproducción lo más fiel posible de la imagen original», señala. Para ello, no duda en incluir personas o elementos que den un plus. «Hay aspectos que me parecen interesantes, como los pilares de la gasolinera Azitain, que son muy característicos, y que se reconocen enseguida».

Las zonas que se muestran en los dibujos de la exposición son perfectamente reconocibles como la plaza de Unzaga, «el gaztetxe», bromea el dibujante, o la fuente de Ibarkurutze. Esculturas enclavadas en el entorno urbano como 'Formen dan-tza' de Zugasti o 'Txopitea eta pakea' de Oteiza también aparecen envueltas de su entorno. «Siempre hago los dibujos a partir de fotografías», destaca. El contrapunto al carácter urbano de los motivos se encuentra en la ermita de Santa Cruz. «Es la única que puede despistar a mucha gente, porque el resto son lugares muy reconocibles». Frente a este dibujo se encuentran estampas tan cotidianas como la terraza del bar Buenos Aires, en la calle Toribio Etxebarria. «Mi sede social. Precisamente ese fue el primer dibujo que hice», recuerda.

A la hora de elegir un escenario Egurrola se fija en un motivo que le atraiga, y a partir de ahí reconoce ser meticuloso sobre el papel. «Me gusta el detalle, reproducir todos los aspectos de las fachadas, las calles... Por ejemplo, en la escultura de la calle Egogain hay una niña que en la foto estaba más al fondo y en el dibujo la he acercado. Pero las licencias que me permito son mínimas», reconoce. No en vano a la hora de catalogar sus objetivos se sitúa en la línea del hiperrealismo.

«No se aburrirá jamás»

La anterior aparición de Alberto Egurrola al frente de una exposición data del año 2012. Entonces presentó una colección de cuadros al óleo inspirados en grandes autores de la pintura universal, fruto del aprendizaje desarrollado en Deba con Treku. Cerrada aquella etapa dejó de lado los pinceles, y a pesar de que últimamente dedica más tiempo a la escritura, hace dos años decidió retomar el lápiz. «Una vez leí que aquel que sabe dibujar no se aburrirá jamás, y lo suscribo al cien por cien».

A la hora de buscar cómo presentar su trabajo se dirigió a Kokojaten, un local donde una colección corta puede tener cabida. Un local particular a pie de calle se abre a una visita rápida y directa. «Espero que la gente se anime, que le despierte la curiosidad y que se acerquen a ver Eibar tal y como yo la veo», invita el autor.