El test popular del embarazo de Meghan

Meghan y Enrique,duques de Sussex,en un acto oficial en Londres a mediados de marzo./EFE
Meghan y Enrique,duques de Sussex,en un acto oficial en Londres a mediados de marzo. / EFE

Los británicos vigilan con celo algunos gastos y decisiones de la mujer de Enrique a cuenta de su futuro bebé y el estado de sus relaciones con su cuñada y la reina

P. MUÑOZ

Alabada por haber traído un soplo de aire fresco a la familia real británica, Meghan, la esposa del príncipe Enrique, pondrá a prueba los límites del cambio en esta venerable institución con el próximo nacimiento de su primer bebé. Moderna, feminista y ecologista, la exactriz californiana de 37 años ha desempolvado un poco las costumbres de la Casa de Windsor desde su boda con el nieto de la reina Isabel II, en mayo de 2018. Pero el último año demostró también hasta qué punto puede ser complicado para la duquesa de Sussex lograr que sus intereses coincidan con los de la familia real, símbolo de estabilidad y tradición.

Meghan ya se ganó un alud de críticas a raíz del lujoso viaje realizado el pasado mes de febrero a Nueva York para celebrar una fiesta con sus amigos, que la agasajaron con regalos para el futuro retoño. Según la prensa británica, la factura de esta 'baby shower' ascendió a unos 350.000 euros. «La regla número uno es no desplegar su riqueza ante las narices de los británicos», dijo entonces el periodista Piers Morgan.

El palacio de Buckingham pagó los platos rotos de este pequeño escándalo cuando, con tan poca fortuna como sentido de la oportunidad, tuiteó poco después que «el 73% de las familias más pobres no pueden siempre alimentar a sus hijos durante las vacaciones escolares». La dejaron botando para las redes sociales: «¿Podrían pedirle a la duquesa de Exceso (un juego de palabras con el título de Meghan, duquesa de Sussex) que contribuya con parte de su asignación para ropa?», lanzó un internauta. Y luego llegó el chaparrón.

Un portavoz de la familia real tuvo que hacer también un inusual desmentido después de que la revista 'Vanity Fair' afirmase que Meghan quiere dar a su hijo o hija -todavía no ha trascendido oficialmente el sexo del bebé- una educación basada en la neutralidad de género. Y a todo esto, al parecer, se suman las relaciones un tanto complicadas con la reina, quien no apreció que Meghan le pidiese prestada una tiara de la colección real para su enlace matrimonial. «Tendrá la tiara que yo le dé», impuso la dueña del trono a Enrique, según el 'Daily Mail'. Isabel II habría incluso comunicado al príncipe Guillermo, hermano de Enrique, su decisión de prohibir a Meghan que lleve joyas de esa famosa colección, informó 'The Sun'.

Las relaciones entre las dos jóvenes parejas de la realeza tampoco parecen atravesar su mejor momento. Al menos, así lo sostiene la prensa especializada. A diferencia de Kate, mucho más tradicional, su cuñada habría decidido no dar a luz en la privada y elegante ala 'Lindo' del hospital St Mary de Londres -donde parió sus tres hijos la esposa del primogénito de Carlos de Inglaterra- y optar por un centro más «íntimo». «Quiere simplemente un parto normal y natural para entablar el vínculo con su bebé, sin que la arreglen y la peinen de la cabeza a los pies para las fotos» a la salida de la maternidad, señala una fuente citada por 'The Sun'.

Meghan y Enrique criarán a su bebé en Frogmore Cottage, en los terrenos del castillo de Windsor, a unos 30 kilómetros al oeste de Londres. Este edificio histórico del siglo XIX fue objeto de una renovación que costó 3,5 millones de euros. Para la decoración de la habitación de su primer descendiente, la californiana quiere utilizar una pintura vegana mezclada con aceite de eucaliptus, según detalles apuntados por el 'Daily Mail'. La duquesa, partidaria de los tratamientos holísticos, fue vista recientemente en una tienda de productos homeopáticos para embarazadas, según el mismo diario. Y habría convencido a Enrique de comer menos carne y participar en su régimen vegetariano. Unas elecciones que parecen reflejar la influencia de su madre, Doria Ragland, que ella misma define como «una profesora de yoga inconformista».