'F-olding Money': ni una ventana, ni un tiesto

'F-olding Money': ni una ventana, ni un tiesto

Tommy Blake canta la historia tragicómica de un perdedor en pleno auge del consumismo estadounidense de los años 50: hay dinero fácil para todos, pero no para él

Carlos Benito
CARLOS BENITO

'F-olding Money' resume en tres estrofas la historia de un perdedor, con una letra tan entretenida que conviene reproducirla entera antes de hablar sobre la canción. El narrador va relatando sus tragicómicos desvelos por conseguir algo de dinero, un empeño que se verá invariablemente frustrado por el sistema, las convenciones o una desesperante mala suerte. Lo primero que va a descubrir es esa paradoja financiera de que nadie te dará dinero si no puede conseguir dinero de ti: «Bueno, fui a ver a mi banquero para conseguir un poco de dinero / pero cuando me dijo los requisitos empecé a sentirme raro. / Dijo: 'Tienes que tener una casa, tienes que tener un terreno'. / Yo no tengo ni una ventana, no tengo ni un tiesto. / Algunas veces el mundo entero resulta muy divertido / cuando intento poner las manos encima de algo de dinero contante y sonante».

Su siguiente decepción llegará con los servicios sociales: sí, están para ayudar a quienes se han quedado al margen, siempre que no sea demasiado... marginal. «Bueno, fui a ver al hombre de las prestaciones sociales para intentar conseguir una pensión / porque estoy deprimido y necesitaba un poco de atención. / Él dijo: 'No cumples las condiciones, no consigues ni diez centavos'. / Por eso le rompí la mandíbula y por eso estoy en la cárcel». Y sus desventuras concluyen con una zancadilla de la fortuna o, si se prefiere, por un último sarcasmo de los rancios prejuicios de los biempensantes: «Bueno, en la cárcel recibí una carta de un abogado de la ciudad. / Me decía: 'Hijo, me alegro de haberte encontrado, pero seguramente es una pena. / Bueno, tengo que hablarte de tu rica tía Bunny. / Se murió y dejó un saco lleno de dinero contante y sonante'. / Bueno, leí su testamento y, chico, es criminal. / 'Mi sobrino está en la cárcel, así que no se lleva ni diez centavos'». Hay que puntualizar que hemos traducido 'folding money' por dinero contante y sonante (textualmente, 'folding' significa 'plegable, que se puede doblar', así que vendría a ser dinero de bolsillo), pero esa pausa tan marcada después de la efe apunta a una palabra mucho más fea en inglés, impronunciable en una canción de hace sesenta años.

'F-olding Money' se editó en 1959, en pleno subidón consumista de la sociedad estadounidense. Fue la década en la que muchas familias consiguieron hacer realidad sus sueños de prosperidad, que se concretaban en la casita con jardín, el coche, los electrodomésticos y el televisor. Los bancos concedían créditos sin demasiadas complicaciones, siempre que no se estuviese en la indigencia del protagonista de la canción, y se generalizó la percepción de que la vida evolucionaba hacia una abundancia creciente en la que todos los deseos (materiales, claro) se podían hacer realidad. El triunfo del rock and roll tuvo mucho que ver con aquella bonanza económica: los hijos del 'baby boom' de la posguerra se habían hecho mayores y disponían de dinero para gastar. Por primera vez, los 'teenagers' se habían convertido en un mercado muy interesante para la publicidad, y la industria de la música supo sacar rendimiento a su interés por los ritmos de la cultura negra.

Para redondear las cosas, esta historia de un perdedor está coescrita e interpretada por un auténtico experto en la materia: Tommy Blake era un tipo problemático, propenso a meterse en líos, y también un compositor solvente que tocó la fama con los dedos y nunca llegó a hacerse con ella. Firmó algún éxito para artistas como Johnny Cash o Johnny Horton, pero sus propios discos se quedaron siempre en una ingrata segunda fila, pese a contener canciones tan memorables como 'F-olding Money', de la que publicó una conocida versión en los 90 el grupo británico The Fall. «Su vida fue un manual de cómo no hacerlo», ha resumido el periodista musical Colin Escott. Blake fue hijo de una madre soltera que no lo cuidaba, cumplió condena por violación en su juventud, perdió un ojo en el tiempo que pasó en el ejército y arrastró la adicción al alcohol durante la mayor parte de su vida. En la Nochebuena de 1985, a los 54 años, agredió a su tercera esposa en su domicilio de California, se arrepintió y salió a comprarle una joya. Cuando volvió a casa, con el estuche escondido tras la espalda, ella lo mató de un tiro en el corazón.

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