Nadal-Federer, ¿el último gran duelo?

Nadal-Federer, ¿el último gran duelo?
e.c.

El balear y el suizo se enfrentan por un puesto en la final de Wimbledon y prometen otro choque extraordinario

IÑIGO GURRUCHAGA

Es la una de la tarde en Wimbledon y Rafael Nadal está en la pista 7 del All England practicando. Su entrenador, Francisco Roig, y un amigo que es uno de los maestros de su academia en Manacor, Tomeu Salvá, están al otro lado de la pista restando los pelotazos feroces a uno y otro lado del número 2 del mundo.

Roig se pone después cerca de la red y le tira voleas a la derecha para que Nadal practique el revés de bolas bajas. Le pide un instante de detención y composición antes de emprender el giro del cuerpo, elogia sus mejores golpes -«esa guárdatela, no la enseñes»-, y el ejercicio se repite, una y otra vez. Ahora, Roig le tira fuerte a los lados, Salvá sube a la red y Nadal intenta una y otra vez pasarlo.

En un momento de la práctica, Roig parece consultarle sobre si quiere hacer un ejercicio y Nadal, al otro lado de la pista, parece responderle que él es el jefe, que él decide qué ejercicios debe hacer. Esa es la apariencia desde la valla, pero es creíble que Nadal, con su palmarés, su fortuna, sus saberes sobre el tenis, ceda la autoridad de la práctica a Roig.

Djokovic, a 'escondidas'

Nadal eligió entrenarse en una pista oficial, pero Roberto Bautista, Novak Djokovic y Roger Federer reservaron su hora en las pistas de prácticas que hay en el extremo norte del club. Los dos españoles reservaron hora y media de prácticas, mientras que sus rivales una. Bautista no agotó su tiempo reservado, pero Nadal cada uno de los 90 minutos.

Ninguno de los otros semifinalistas practica con la intensidad de Nadal, cuyo atletismo explosivo se ha cobrado lesiones y sobrevive ahora como una característica prodigiosa de su naturaleza. Djokovic entrenaba en una pista de difícil observación para los curiosos. Bautista practicaba el revés, como Nadal, pero las bolas que le lanzaba su entrenador, Pepe Vendrell, eran mucho más blandas.

Y Federer parecía, como siempre, que podría jugar de la misma manera vestido con frac. Había elegido a Michaël Llodra, un francés de 39 años que ya solo juega en dobles en el nivel más alto, para aclimatarse a los efectos de las bolas que lanzan los zurdos, en un proceso de aceleración gradual de la secuencia del intercambio desde la línea de fondo y de la dureza del tiro resolutivo.

Los semifinalistas se retiraron después a velar armas. El partido de más claro pronóstico sería el que enfrenta a Bautista con Djokovic. El compendio estadístico de la ATP informa de que nunca el serbio fue batido en semifinales de un Grand Slam por un tenista tan bajo en el ranking como el español, 22. Berdych le ganó en 2010 cuando era el 13, su más humillante derrota.

Bautista no parece abatido por cifras tan poco predictivas. Es más interesante la progresión de sus encuentros con el número uno del mundo. Perdió todos sus partidos, 6, en todo tipo de pistas desde 2014 hasta el torneo de Shanghái, en 2016, en pista dura, donde le ganó en dos sets. Desde entonces, Djokovic ha ganado los dos que han jugado en tierra batida y Bautista los dos últimos, en pista dura.

La victoria agónica del serbio sobre Nadal en la semifinal de 2018 ha de recordarse. Es el número uno en el tenis de hoy, pero Bautista se siente cómodo en la hierba. Creció entre pistas de arcilla, aunque comenzó a jugar con una raqueta muy pesada que no le permitía liftar las bolas. Y ahora cosecha el fruto del trabajo con su equipo, mejorando la estabilidad, su revés, la insistencia en ganar cada punto.

Roger Federer respondió con acierto cuando le preguntaron si la final de 2008 -primera victoria de Nadal en Wimbledon- crea un precedente de su partido con el balear. También la final del Abierto de Australia en 2017 es un precedente, recordó el suizo. En aquel partido en cinco sets detuvo el ímpetu de Nadal para superarle en Grand Slams ganados.

Fue también un gran partido de tenis, aunque muchos comentaristas tienen la final de 2008 en Wimbledon como el mejor partido en la historia del tenis. Es una afirmación grandilocuente para un partido jugado en una pista central enteramente descubierta por obras, con fuertes vientos e interrupciones por lluvia. Fue, sin lugar a dudas, uno de los partidos más emocionantes en la historia de Wimbledon.

El respeto a sus rivales

La modestia de Nadal se ilustra con su intento de evadir preguntas sobre Federer y 2008 en la noche del miércoles, porque él quería hablar de su victoria contra el estadounidense Sam Querrey y de lo bien que había jugado. El secreto civilizado de aquel muchacho-pantera que hace once años destronó el rey del tenis en su castillo de Wimbledon era su respeto a la calidad de todos sus rivales, y así sigue.

La semifinal de hoy es diferente a todo lo vivido. Se reduce inexorablemente el tiempo de dominio mundial de estos dos tenistas. Cada partido entre ellos a este nivel decide el sentimiento entre sus admiradores sobre cuál de los dos está más cerca del final de su carrera. Y lo extraordinario en sus entrenamientos y partidos es que no parece que vaya a ocurrir pronto.

Las claves

90
minutos de entrenamiento agotó ayer Nadal en Wimbledon. El resto se ejercitó una hora.
Djokovic-Bautista
El serbio nunca ha perdido en semifinales de un Grand Slam ante un rival tan bajo en el ranking, el 22
El castellonense
Se siente cómodo en la hierba. Y cosecha el fruto del trabajo con su equipo: más estabilidad, mejor revés...

Williams-Halep, finalistas del cuadro femenino

Serena Williams batió ayer a Barbora Strycova, 6-1, 6-2, y será de nuevo finalista en Wimbledon a sus 37 años. Dedicó la victorai a quienes no creían que podría llegar a este nivel hace un mes, entre los que se incluía ella misma. Pero se expresa con elocuencia y calma sobre el estado mental en el que se encuentra o sobre el beneficio que le ha producido jugar a dobles mixtos para mejorar sus voleas y sus movimientos.

Por su parte, Simona Halep batió a Elina Svitlona, 6-1, 6-3, aunque los números no indican el esfuerzo y la persistencia de la rumana para ganar el primer set a la ucraniana, que dijo después que su rival ha desarrollado un mejor juego en hierba, con más golpes a las líneas. La exnúmero 1 del ranking parece también, como Williams, en paz consigo misma tras tiempos difíciles. Y prometen una final muy disputada mañana.