El CORREO acompaña a Rahm en su regreso al Farmers Insurance, donde todo empezó

Jon Rahm: «Aún tengo demasiada adrenalina a cuestas». / José Manuel Cortizas

El golfista de Barrika puede asaltar este fin de semana el número uno del mundo

JOSÉ MANUEL CORTIZASEnviado especial

El abrazo es de los que reconfortan, sentido, feliz de ver una cara conocida. Enhorabuenas y agradecimientos y una distendida charla con varios «esto no pongas» sobre la agonía y pálpitos que vivimos más el resto que él mismo cuando la bola ganadora tardó tanto en entrar en La Quinta. Confesiones que dibujan a un jugador al que no se le escapa nada, tampoco al escudriñar al compañero con el que se jugaba el título. Ojalá algún día sus Memorias, repletas de éxitos, Majors y Ryder Cups incluyan la intrahistoria de un mundo apasionante. Jon Rahm está ya en su casilla de salida, donde todo empezó, un campo de Torrey Pines del que si el domingo repite salida por la puerta grande como vencedor habrá llegado al tope de los topes: será número uno del mundo.

Así que no era una bilbainada aquella predicción-deseo del joven Jon cuando comenzaba a destacar. En adelante será más complicado porque el sistema del ranking mundial se establece en cocientes bianuales. Rahm, está ahora aún en el primer bucle por lo que sus puntos son de suma pura y más adelante tendría que dividirlos entre el número de torneos disputados. Para este fin de semana no hay lugar a dudas. Dustin Johnson no juega torneo y el vizcaíno se embolsaría 54 puntos que le bastan para arrebatarle el número uno.

Sería el cuarto jugador más joven en la historia en conseguirlo tras Spieth, Woods y McIlroy. Y su triunfo en el CareerBuilder tiene otras consecuencias en el ranking de precocidad. Jon Rahm ha ganado su cuarto torneo profesional disputando 38 eventos. Tiger Woods los consiguió antes, en 17. Pero el resto viene detrás: Spieth en 63, Dustin Johnson en 80 y McIlroy en 113. Hablamos de un jugador, el de Barrika, que desde que venció aquí en el Farmers Insurance hace un año ha quedado entre los tres primeros en uno de cada tres torneos. Le abruma hablar de ello.

Tiger Woods, más tarde

El Pacífico se acerca para convertir el escenario en idílico. Mientras entrena en el campo norte llegan imágenes por el móvil de su familia recogiendo el premio como mejor deportista de EL CORREO. Sale a colación la renovación de Kepa por el Athletic, atisba cambios en la estrechez de las calles, como la del 18 en que se coronó un año atrás con aquel eagle imposible. Se acerca con su madre para enseñárselo, pero el green está ocupado por otros jugadores y quedan para hoy las explicaciones in situ cuando concluya el pro-AM, en el que le han puesto como horario de salida las 06.40 de la mañana.

La mañana de prácticas va desarrollándose tranquila, con la privacidad de tener sólo al lado a los suyos y a su caddie Adam Hayes. Eso sí, a a cada cruce con alguien cae la felicitación de rigor por su última conquista. Sigue en una nube. La adrenalina tiene que ver con el subidón vivido en un play-off interminable en cuatro hoyos el pasado domingo, por estar ya donde todo empezó, en Torrey Pines, por la cercanía con Tiger Woods, con quien finalmente no jugará los dos primeros días. Se daba por hecho, pero a la leyenda la han unido a Patrick Reed y Charley Hoffman, mientras por delante irá el vizcaíno con Jason Day y Brandt Snedeker. Mejor en parte para él, aunque fuera un sueño jugar con Tiger -que ya cumplirá- dado que se espera una marabunta siguiendo al ganador de 14 Grandes y ocho veces en este escenario. Un campo que, pese a pasar por mellizo de La Galea por paraje, vistas y cuidado, es municipal.

Es un día tranquilo para lo que suele suceder en esta zona del área de San Diego, constantemente sobrevolada por extraños helicópteros de combate, cazas y bombarderos de las bases aeronavales de North Island y Coronado. Aparecen por parejas en el firmamento y en dos pestañeos se pierden mar adentro para realizar sus prácticas de fuego en unos islotes que hoy oculta la niebla. Ahí al lado, con la estela del humillo de los proyectiles logísticos marcando la posición del objetivo. Más cerca, casi dentro del campo de Torrey Pines, un área ocre, reventada a bombazos, más dianas para las prácticas militares y el entrenamiento específico de francotiradores. Como él, que donde pone el ojo coloca la bola.

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