El minuto loco del VAR

El minuto loco del VAR

El videoarbitraje resolvió dos acciones simultáneas en los últimos minutos del España-Marruecos y del Irán-Portugal que voltearon la clasificación final del grupo

Víctor M. Robledo
VÍCTOR M. ROBLEDO

A las 21.49 horas, cuatro países se detuvieron con el pulso acelerado para seguir la decisión que unos árbitros tomaban en Rusia frente a unas pantallas. El destino y esas cosas extrañas que suceden de tanto en tanto en el fútbol quisieron que el VAR, innovador y discutido a partes iguales desde su implantación en este Mundial, decidiera la clasificación del grupo B con dos decisiones a la vez en los tiempos de prolongación del España-Marruecos y del Irán-Portugal. La espera resultó por momentos interminable, con una tensión propia de una película de ciencia ficción. Los colegiados hablaban por el pinganillo con la central de Moscú, ignoraban la presión de los jugadores con el automatismo de un robot y mostraban con un lenguaje corporal imposible de interpretar. En las zonas ocupadas por aficionados españoles en el Estadio de Kaliningrado, la mano del uzbeko Ravshan Irmatov señalando el centro del campo para conceder el gol de Iago Aspas se celebró más incluso que el propio remate del vigués.

No mucho antes, mientras Irmatov consultaba el gol anulado a Iago Aspas por un supuesto fuera de juego, la atención española tuvo que dividirse para entender lo que sucedía en el partido de Portugal. Hasta ese momento, la victoria del cuadro luso permitía a La Roja clasificarse como segunda de grupo pese a la derrota ante Marruecos, pero entonces el guión de la película se torció hasta rozar el drama.

Un balón colgado por Irán de manera desesperada al área de Portugal impactó en el brazo del defensa Cedric tras un cabezazo de Azmoun. Enrique Cáceres, el colegiado paraguayo que dirigía el encuentro, consultó con el 'VAR Room', analizó la jugada desde la pantalla situada junto al túnel de vestuarios y decidió señalar penalti tras dos minutos interminables.

Casi al mismo tiempo, en Kaliningrado, Ravshan Irmatov recibió la notificación de que la acción de Iago Aspas era válida: Boussoufa, en el costado contrario a la posición ocupada por el juez de línea, habilitaba al jugador del Celta por centímetros o tal vez milímetros, quién sabe. En televisión hizo falta incluso recurrir al plano aéreo ante las dudas por los efectos ópticos que generaban las tomas laterales.

España pasó a depender de esa misma jugada para alcanzar el liderato del grupo. El gol de Ansarifad certificó lo que ya parecía imposible, y todo en cuestión de unos pocos segundos. Un minuto loco que sonrió a España y que ya es parte de la breve historia del VAR y de la evolución del fútbol.