Simon y Adam, las cuatro piernas de los Yates

Simon Yates en el podium. /AFP
Simon Yates en el podium. / AFP

El líder corre protegido por su hermano gemelo, que se ha reservado para el final de la Vuelta

J. GÓMEZ PEÑA. OIZ

Bien arropado ya, Enric Mas, apenas 23 años, ha posado en Oiz con Alberto Contador. Padre e hijo. El madrileño, que justo se jubiló hace un año, dijo antes de irse que el mallorquín era su heredero. Mas pasó por la Fundación Contador, la cantera que siembra el ganador del Tour. El heredero vino a esta Vuelta a explorar sus límites. «Hasta que reviente», se propuso. Ha superado varias noches de fiebre y es tercero en la general. Un lugar en el podio. ¿Aspira a ganar? Casi le da vértigo responder. «Ufff. Simon Yates está bien y tiene al lado a su hermano Adam, al que han reservado para esta tercera semana», apunta Enric Mas. Sabe leer las carreras. Yates no es uno; son dos.

En paralelo a la Vuelta corre una broma: «Como son gemelos, Adam y Simon Yates se cambian el dorsal. Así se turnan al frente de la clasificación general». Eso, claro, no es posible. Además, pese a ser gemelos tienen sus diferencias. El diario 'L'Equipe', como si fuera un pasatiempo de esos que aparecen en las páginas de entretenimiento de los periódicos, buscó los detalles que les distinguen. Y hay unos cuantos.

Simon tiene el cabello más claro y más corto. Adam luce un rostro más fino y suele tener barba de días, lo que facilita el reconocimientopara los auxiliares del Mitchelton. Simon, además, es más tímido y más prudente sobre la bicicleta. Adam tiene fama de ser más agresivo. También les distingue su manera de afrontar los entrenamientos: Simon es estricto, disciplinado. Adam se guía más por su sensaciones. Y algo más: Simon suele llevar los cordones de las zapatillas de color verde. Y si Adam elige una gafas negras, Simon se pone las verdes.

Aparte de esos detalles, hay uno que no tiene discusión: Adam, con 1,73 metros, le saca un centímetro a Simon, que se sienta en una posición más avanzada sobre la bicicleta, heredada de su pasado como especialista de velódromo cuando formaba parte de la Academia Británica de Ciclismo. Adam, en cambio, no fue seleccionado para esa escuela de formación y tuvo que emigrar a un club ciclista amateur francés, el CC. Etupes, donde ajustó su perfil al de un escalador, más atrasado en la bicicleta.

Y si con todos estos matices aún quedan dudas, basta con fijarse en sus bicicletas. La marca Scott pinta las de Simon de blanco en su parte derecha y de negro la izquierda. La de Adam es justo al revés. Los dos nacieron el 7 de agosto de 1992. El parto les distanció cinco minutos. En ese sprint se adelantó Simon. Por eso, bromea Adam, su hermano le saca casi siempre ventaja en las carreras. Se necesitan. Siempre han estado juntos, salvo cuando la Academia Ciclista Británica sólo admitió a Simon.

En ese periodo cada uno brilló por su propio camino. En 2013, el Sky, el buque insignia en el que ingresan todos los talentos ingleses, y el Orica australiano les hicieron una oferta. Eligieron la otra esquina del mundo: Australia. No fue una venganza por haber rechazado antes a Adam. Vieron que el Sky estaba lleno de líderes para las vueltas; en el Orica, en cambio, faltaban escaladores. Serían más libres. Y, además, volverían a estar juntos. Así siguen. Gemelos. Nudo. Adam, que nació más tarde, ha guardado sus piernas para donárselas a Simon, el primero de la familia y de la Vuelta.

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