Dos huevos con patatas para Berrendero

Julián Berrendero./
Julián Berrendero.

El ciclista madrileño salió de un campo de concentración para ganar la Vuelta en 1941 y 1942

J. GÓMEZ PEÑA

Campo de concentración de Rota (Cádiz). El capitán José Llona pasa revista a los presos, represaliados de la Guerra Civil española. Se planta frente un hombre fuerte pese a meses de calabozo, al hambre, las pulgas y la miseria. Es moreno, casi negro. Y esos ojos azules... «Usted, ¡venga conmigo!». El prisionero era el madrileño Julián Berrendero. cuarto en la Vuelta a España de 1936, la última antes de la sangría bélica. ¿Qué quería aquel capitán? Tragó saliva. Ya se veía fusilado como tantos. Entró al despacho temblando. «¿No me conoces?», le soltó el militar, que también había sido ciclista antes de los tiros y las trincheras. En su memorias, Berrendero relata aquella sorpresa que supuso su rescate: «Ordenó que me pusieran dos huevos fritos con patatas. Me supieron a gloria». A vida. Ahí cambió todo: poco después ganó la primera edición de la Vuelta tras la guerra, la de 1941, y también la siguiente.

Berrendero era tan bueno que, como al italiano Alfredo Binda, le pagaban para no correr, para que así las carreras tuvieran emoción. Entonces ser duro era una obligación: con nueve años se ganaba el pan recogiendo pichones en la cacerías, o trabajando en una vaquería, o de aguador en las obras. El ciclismo lo descubrió en aquellas carreras de madugrada para ver quién llegaba antes al taller. Nadie fue nunca más puntual. La guerra le pilló en pleno Tour de Francia de 1936. No regresó a casa, a aquella España rota donde la muerte campaba a sus anchas.

Detenido en Irún

Pero a Berrendero, al que apodaban el 'negro de los ojos azules', le pudo la nostalgia, el amor a su novia. Aunque ya se había establecido en Pau, donde tenía una tienda de bicicletas, en septiembre de 1939 decidió subirse a un tren para volver a Madrid. Le detuvieron en el andén de Irún. Y acabó en el campo de concentración de Espinosa de los Monteros(Burgos) primero y luego en el de Rota, donde al fin volvió a untar pan en aquellas dos yemas que sabían a gloria. En marzo de 1941 fue indultado, a tiempo para ganar la Vuelta a España de ese año y la de 1942.