La marea naranja se extiende

La formación naranja, respaldada por Mikel Landa, se ha marcado como objetivo volver a las grandes vueltas./Arizmendi
La formación naranja, respaldada por Mikel Landa, se ha marcado como objetivo volver a las grandes vueltas. / Arizmendi

La Fundación Euskadi se refuerza con la cantera de Goierriko, la plantilla femenina y el apoyo de Laboral Kutxa

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

La llegada de Mikel Landa a la presidencia de la Fundación Euskadi supuso un cambio de marea. Tras más de dos décadas, la entidad levantada a pulso por Miguel Madariaga tocaba fondo. Marea baja. Sin patrocinios ni apoyo institucional, el equipo ciclista agonizaba. Amenazaba la sequía total. En ese verano de 2017, mientras se jugaba un lugar en el podio final del Tour, Landa acudió al rescate de la Fundación, la casa donde se hizo corredor. Con el ciclista alavés al frente, el conjunto Euskadi regresó al pelotón profesional -en tercera división- el año pasado. Ahí seguirá esta temporada a punto de comenzar. Pero el ciclo de las mareas ha cambiado. Ya se sabe: fluyen y refluyen. Ahora, la 'marea naranja' crece con la meta de volver, como hizo antes, a cubrir las montañas de las grandes carreras del calendario internacional. «Hace un año tenía miedo de no estar a la altura de este proyecto, pero ahora estoy tranquilo, muy arropado. La Fundación Euskadi está creciendo», recalcó Landa en la presentación de sus nuevas plantillas.

La fuerza de las mareas es lenta pero incontenible. «Este es el año de nuestra consolidación», apunta Jesús Ezkurdia, vicepresidente de la Fundación Euskadi. La corriente generada en torno a Mikel Landa se extiende. La entidad se ha puesto a disposición de todos los clubes y escuelas ciclistas que necesiten ayuda en Euskadi. Quiere cuidar la cantera. Y ha comenzado por echar una mano al club ciclista de Goierriko, cuyo equipo amateur corría el riesgo de desaparecer. Ya no. La nueva Fundación, también, ha saldado una deuda al crear una sección centrada en las mujeres. «Es de lo que más orgullosos estamos», señaló Landa. «Cada vez hay más chicas que quieren ser ciclistas y vamos a ayudarlas».

El club ha incorporado equipo de mujeres.
El club ha incorporado equipo de mujeres. / Arizmendi

La marea sube. Al club de Goiherri se incorpora uno de los mejores corredores del ciclismo adaptado, Eduardo Santas, bronce en el velódromo de los Juegos Paralímpicos de Río. Y hay más: durante su primera campaña en el retorno a la categoría profesional, el equipo Euskadi ha demostrado su valor como impulsor de nuevos talentos. El trabajo como director de Jorge Azanza, en colaboración con técnicos de la Universidad del País Vasco, ha impulsado el crecimiento de ciclistas como Ibai Azurmendi, Txomin Juaristi y Gotzon Martín. Por eso, el conjunto vasco ha recibido la proposición de acoger al joven colombiano Sergio Higuita, una perla que pertenece al Education Firts (Rigoberto Urán), una de las grandes escuadras de la élite mundial. Higuita permanecerá unos meses en el Euskadi, cedido para reforzar su progresión. «Es bueno que fuera nos vean como un buen lugar para la formación de los ciclistas. Sergio será un buen embajador de Euskadi», subrayó Landa.

Guiño a la cooperativa Orona

La primera marea naranja, la de Madariaga, trajo a esta orilla del Cantábrico triunfos en el Tour, el Giro, la Vuelta y los juegos olímpicos. Víctima de la crisis económica y la falta de patrocinios, bajó hasta casi desaparecer, pero ya vuelve a subir. Y de nuevo, como todas las mareas, con el sueño de acariciar la Luna. Regresar un día a las grandes vueltas. De esta consolidación se habló en la presentación de la plantilla profesional de 2019, celebrada en Hernani en la sede de Orona, cooperativa vasca que distribuye ascensores en más de cien países y que quiere ampliar su mercado europeo. Orona no forma parte aún de la Fundación Euskadi, pero que el primer acto oficial del equipo haya tenido lugar en sus instalaciones es todo un guiño al futuro. «Ojalá dentro de unos años estemos aquí para presentar un equipo», deseó Landa.

Del universo cooperativo de Mondragón es también el nuevo apoyo de la entidad naranja, Laboral Kutxa, que se centrará en el trabajo con la cantera, incluidas las plantillas femenina y sub'23. La 'caja' se suma así a dos firmas fundamentales en la historia del ciclismo vasco, Orbea y Etxeondo, las dos primeras que en 2017, en plena marea baja, recogieron el mensaje de socorro escrito por Mikel Landa en una botella lanzada al mar. Con ellos, la Fundación Euskadi ha iniciado el camino de regreso a los puertos del ciclismo mundial donde aquel maillot naranja se convirtió en la bandera del ciclismo vasco. «Nos estamos extendiendo. La Fundación crece, es más fuerte que la temporada pasada. Y estoy seguro de que el fruto de este trabajo se va a ver en los próximos años», auguró Landa rodeado por los 300 ciclistas que ruedan ya para la marea naranja. «Espero que todos nos contagiemos de esta ilusión». De color naranja.

Un medallista paralímpico para el equipo sub-23

Eduardo Santas tiene 29 años, diez medallas en los mundiales paralímpicos y un bronce en el velódromo de los Juegos de Río de Janeiro. Y todo lo ha logrado con medio cuerpo. Desde los cuatro años sufre una hemiplejia en el lado derecho. «No te puedes quedar llorando las penas», tiene como lema. Coincidió con el ciclista Markel Irizar en un curso para ser director deportivo. Irizar, superviviente de un cáncer, conoció así la historia de Santos, el primer corredor paralímpico que ha participado en un campeonato de España de pista con ciclistas sin minusvalía. Irizar le habló a Mikel Landa de Santas y el presidente de la Fundación Euskadi, asombrado, le ha hecho hueco en su equipo sub'23. Será un modelo. «Edu ha luchado el doble que los demás. Tenemos mucho que aprender de él», dice Landa. Edu Santas, aragonés de Tarazona, forma parte ya de la Fundación Euskadi. El infarto cerebral que le secó medio cuerpo a los cuatro años no le frenó. Animado por su familia se alistó pronto en competiciones ciclistas. Completa unos 20.000 kilómetros al año y ya piensa en los Juegos de Tokio 2020.