Canadá también existe (y vaya que sí)

Los Raptors en el encuentro contra los Celtics./reuters
Los Raptors en el encuentro contra los Celtics. / reuters

Toronto basa su asalto a la cumbre de la Conferencia Este en la continuidad del proyecto y la profundidad de la plantilla

ÁNGEL RESA

Hartos ya de estar hartos de su invisibilidad a los ojos ajenos, vecinos de Teruel se organizaron para reivindicar su existencia. Toronto no necesita recurrir a los toques sonoros de atención porque se le reconoce como metrópoli de notable calidad de vida, pero los Raptors sí llevan tiempo pegándose el altavoz a los labios con el interés de reclamar las miradas del baloncesto profesional. Desde que los Grizzlies se mudaron hace diecisiete temporadas de Vancouver a Memphis, el club de Ontario enarbola la única bandera canadiense en la NBA. Una enseña, la del dinosaurio, que agitan orgullosamente sus comprometidos seguidores y en la que figura el lema ‘We the North’ (Nosotros el Norte).

Durante las últimas campañas, Toronto ha venido ejerciendo el papel de animador del Este desde un segundo peldaño en el que se arremolinaban junto a él Boston y Washington, certificada en varias ocasiones la hegemonía de LeBron James y sus reclutas. Los indicios apuntaban esta vez a una final de conferencia entre Cavaliers y Celtics, pero entre la caída libre del vigente subcampeón del torneo y la inconsistencia del conjunto capitalino, los Raptors andan enfrascados en disputar a Boston la jerarquía absoluta del sector oriental. Esta madrugada han recetado una tunda al cuadro del orgullo irlandés (111-91) tras dominar hasta por 29 puntos. Si los traspasos de última hora no alteran el actual orden se intuye una pugna entre ambos allá por mayo para pelear el combate de los grandes pesos con Golden State, muy presumiblemente, o Houston.

He mencionado culpas ajenas, pero conviene destacar los méritos propios por los que los Raptors ocupan justamente su puesto de privilegio, a un solo triunfo de Boston en la tabla del Este y subiendo. Raramente los vaivenes proporcionan resultados y así lo ha entendido la gerencia deportiva de la franquicia. El equipo ‘del Norte’ basa su poderío en la continuidad del trípode que forman el entrenador (Dwane Casey) y sus dos figuras exteriores (Kyle Lowry y DeMar DeRozan). Abundan los sobresalientes dúos de perímetro en la NBA y, desde luego, Toronto cuenta con una de esas parejas estelares. A la buena mirilla lejana del base y su conocimiento del juego une el cuadro canadiense la anotación compulsiva de su formidable escolta, ‘rara avis’ en este baloncesto moderno de los mates y los triples al producir buena parte de sus puntos desde la media distancia.

Esa terna de hombres compone argumentos sólidos, pero insuficientes para asaltar cumbres sin otros poderes que la completasen. De ahí que el técnico, séptima temporada en el banquillo, haya estirado la plantilla con suplentes de un nivel capaz de abatir a reservas de los conjuntos adversarios cuando los partidos convocan a las segundas unidades. De tal forma que el juego interior B que forman el camerunés Pascal Siakam y el austriaco Jakob Poeltl supera en prestaciones –algunas veces, ojo, no siempre– al titular del nacionalizado español Serge Ibaka y el lituano Jonas Valanciunas. Ya ven, pívots internacionales sin aranceles que valgan. El base Fred VanVleet concede descansos de alto nivel a Lowry, Delon Wright aporta y el zurdo CJ Miles abate desde la lejanía. Todo ello ha enriquecido un baloncesto ofensivo antes demasiado circunscrito a los aclarados para su combo exterior. Ahora los Raptors se basan adelante en la verticalidad y el sentido común. Otros rivales pasan más la pelota, pero a Toronto le basta con lo que hace.

El progreso adelante y el compromiso atrás abren el diccionario de los sinónimos elogiosos. El cuadro de Casey es serio, riguroso y activo, tiene fe y hambre, quiere hollar las tierras elevadas que viene husmeando los últimos años sin alcanzar a pisarlas. De tercera opción del Este a pelear el título de la conferencia y empeñarse en representarla para la disputa del anillo. No le resultará fácil, pero su alta regularidad y la demostración incontestable de hace unas horas frente a Boston le postulan a ello. Los Raptors buscan el ‘factor cancha’ porque ningún equipo de la NBA presenta una tarjeta anfitriona (22-4) basada en su juego, sí, pero respaldada por el aliento de una afición incondicional. Canadá también existe, vaya que sí.

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