La trampa del Activismo

El mundo es la jaula y el activismo la rueda que no para. Siento que el mundo no va a cambiar por mucho que yo haga. Digo «yo» porque no quiero meter a nadie en esta autocrítica pero si soy sincera tendría que decir que en esta jaula no estoy sola, estamos muchas, «nosotras».

La trampa del Activismo
May Serrano
MAY SERRANO

A veces me siento como una roedora en una jaula dando vueltas a la rueda.

El mundo es la jaula y el activismo la rueda que no para. Siento que el mundo no va a cambiar por mucho que yo haga. Digo «yo» porque no quiero meter a nadie en esta autocrítica pero si soy sincera tendría que decir que en esta jaula no estoy sola, estamos muchas, «nosotras».

Nosotras, todas las que salimos a las calles, las que ideamos acciones, las que nos cuestionamos en voz alta, las que afeamos conductas en redes, las que denunciamos las desigualdades que nos rodean. Las que no podemos más con las injusticias.

A veces me invade esa sensación de hacer por hacer, simplemente por no estarme quieta y mientras empujo con fuerza me asalta la necesidad de parar, bajarme de la rueda y descansar pero justo antes de abandonarla una vocecilla me susurra:

¡NO puedes! ¡EL mundo te necesita!!

Y sigo.

Sigo girando, escribiendo, cuestionando, dando charlas, realizando acciones, sigo caminando en la rueda del activismo por convencimiento propio. Pensando que si yo paro, para el mundo.

Es cansado. Es muy cansado. Es caminar con 20 mochilas llenas de piedra que no me dejan avanzar en la vida diaria. Que no me dejan tiempo para pensar, para cuidar mi vida, cuidarme yo, dedicar tiempo a tener relaciones de calidad y cuidados, de amor. Las prisas, el hacerlo para YA, el no tenemos tiempo de pensar en todas, no tenemos dinero para pagar tu trabajo, no tenemos espacios para lo tuyo.

No parar.

No pensar.

No cuidar.

No tener tiempo para el placer, para la escucha, para las atenciones. No tener dinero para pagar las facturas, no llegar a fin de mes, no tomarme una caña con las colegas.

Sigue la rueda. No pares, el mundo no puede parar por mi culpa.

Sentirme responsable por el trabajo no realizado. Sacarle las castañas del fuego a la administración. No tener tiempo para rellenar todos los formularios. No poner la calefacción en pleno invierno.

Sigue la rueda.

Por mi y por todas mis compañeras.

Meterme a la cama sola, no pedirle favores a nadie porque mi entorno lleva otras 20 mochilas cargadas de piedras que tampoco son suyas. Tampoco tienen dinero para llegar a fin de mes, también creen en estas luchas. Las luchas de fuera que no dejan espacio para nuestras luchas internas. Que no dejan tiempo para cambiar lo pequeño, lo cotidiano, lo que me hace más daño.

La zanahoria colgada en el palo. No la voy a alcanzar nunca... pero si hago este esfuerzo, este pequeño esfuerzo seguro que consigo algo...

Por mí y por todas mis compañeras.

Y mientras los veo a ellos.

Ganando premios al contado, sin pesos ajenos, avanzando rápido en sus puestos. Soltando hasta sus propios lastres que ya vendrán luego sus mujeres a recogerlos. Armando plataformas donde podemos expresarnos GRATIS. Organizando carreras donde los premios son solo para ellos o escuelas de empoderamiento dirigidas por empresas que manejan los tercios y que se sostienen por nuestras rueditas pequeñas pero numerosas, infinitas y gratuitas.

No puedo.

Yo no puedo.

No puedo estrangularme con mi propio activismo. No puedo MÁS.

No podemos salir a una manifestación dejando la comida hecha, cargando con nuestras criaturas, volviendo rápido para poner la mesa. No podemos pasar un día tras otro apoyando a la vecina porque nosotras mismas no tenemos donde apoyarnos.

Pero hay una voz interna que no para de repetir: «un poco más, un poquito más que estamos muy cerca. Esto lo tenemos que cambiar, dale otro empujoncito. Mira, las demás pueden... »

Y me subo voluntariamente a la rueda.

Salimos a la calle, aprovechamos oportunidades como si fueran la última, como si todas las vidas de todas las niñas dependieran de nosotras, asistimos a asambleas, hacemos carteles, comunicamos en redes, enviamos whatsapps llenos de propuestas. Al llegar a casa, rotas por dentro y por fuera, nos damos cuenta que nos olvidamos de salvarnos nosotras mismas.

Nosotras, que no somos dueñas ni de nuestro tiempo.

Nosotras que ponemos en el caldero común todos nuestros conocimientos, nuestros deseos de cambiar el mundo, nuestro sueño de construir sin violencia no nos damos cuenta de todo lo que nos estamos violentando a nosotras mismas.

Pero ¿cómo se hace para saltar de la rueda?

¿Cómo se deja de luchar por un mundo mejor para CONSTRUIR un mundo nuevo?

¿Cómo hacer efectivo el RESPETO en todos los ámbitos?

¿Como poner la VIDA en el centro sin saltarnos los cuidados básicos?

¿Cómo desmontar esta jaula de violencia sin ser violentas?

Ni idea.

Hoy no albergo ni una pizca de optimismo. No sé cómo hacer para ir cambiando poco a poco los espacios, los tiempos, las formas de hacer...

Yo, May Serrano, Experta en Quererme A Mi Misma, me pillo a menudo poniendo LA LUCHA por encima de mis prioridades. Yo, que me paso el día repitiendo que soy Dueña y Señora de mi vida, a menudo me pillo entregándome a guerras que no he elegido.

¿Quién decide por lo que luchamos las mujeres? ¿Por qué tenemos que seguir luchando?

¿Es que no sería ya un cambio bien profundo abandonar las LUCHAS, pararnos, cuidarnos y repensar una nueva forma de hacer las cosas?

Me imagino que es cuestión de probar, de medir bien las fuerzas, de hacerme responsable de lo que necesito y de mis límites.

Ensayo y error.

Ensayo y error.

Permitirme ser incoherente, tener descansos, soltar las mochilas llevas de piedras.

SALTAR de la rueda.