¿Ser deportista y también madre? El eterno dilema

La guipuzcoana Olaberria a la derecha, sujetando a su hijo, tras colgarse una nueva medalla. /EFE
La guipuzcoana Olaberria a la derecha, sujetando a su hijo, tras colgarse una nueva medalla. / EFE

Las cláusulas antiembarazo siguen estando a la orden del día, condicionando la vida deportiva y personal de las mujeres. Trabas que continúan a la hora de conciliar, lo que ha obligado recientemente a la medallista olímpica Leire Olaberria a colgar la bicicleta

Laura González
LAURA GONZÁLEZ

«Es como si una carretera tuviera semáforos pero solo sirvieran para nosotras». Así explica Mar Mas, la presidenta de la Asociación de Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP), la realidad que viven las deportistas cuando se enfrentan a la trascendental pregunta: ¿Quiero ser madre? Una respuesta que no debería de estar condicionada por ningún elemento externo a la persona, solo por su propio sentir, por sus aspiraciones personales. Pero lo cierto es que en el mundo del deporte cuando una profesional se siente preparada para dar el paso adelante, para comenzar una nueva etapa en su vida, sin renunciar a su carrera, todo a su alrededor tiende a hacerle ver que esto último no será así. Que ser madre no es compatible con seguir en la élite, con conseguir buenos resultados, con revalidar títulos o con continuar subiéndose al podio y colgándose medallas. Pero, ¿y por qué no?

Ejemplos hay, aunque no muchos, precisamente por el miedo, infundado por las trabas que de repente surgen en el camino, de un día para otro, cuando se opta por comenzar a recorrer la misma senda pero con una mochila, con un especial compañero o compañera de vida de tu propia sangre. Una decisión que es incluso coartada antes de tiempo. ¿Cómo? Con las clásulas antiembarazo. Una realidad silenciada que sigue estando a la orden del día. «En España las hay, y en todos los deportes, tanto escritas como verbales. Pero también cuando tienes un 'no contrato', cuando tu salario de poco más de 300 euros te hace imposible que te plantees la maternidad», denuncia Mar Mas, refiriéndose a lo que cobran varias jugadoras en algunos equipos de la Liga Iberdrola, en la máxima categoría del fútbol nacional femenino. «Eso ya de por sí te deja fuera de tener una vida».

Una disposición en los contratos que ha empezado a ser denunciada pero que en la mayoría de los casos las propias deportistas son las que las silencian, un tabú, aferrándose a poder seguir así en el club. Estas entidades además se muestran muy herméticas, alegando que los acuerdos laborales son privados, entre ambas partes. Una respuesta que ha recibido este periódico al querer hacer consultas acerca de esta realidad en distintas entidades. Una cláusula que considera el embarazo como una falta de profesionalidad, como si se hubiera dado positivo en un control antidoping. Un motivo firme para la rescisión del contrato, ese que en muchos casos ni siquiera existe. Curioso.

El embarazo en una deportista se llega a considerar falta de profesionalidad, como un positivo en un control antidoping. Un motivo para rescindir un contrato que en muchos casos ni existe

Una práctica que es totalmente ilegal, que atenta contra los derechos de las mujeres y de las personas. «Muchos clubes se escudan en que son pequeños y que si una chica se queda embarazada no tienen fuerza para hacer frente a eso, pero es como si quieres montar un bar. Para ello tienes que tener una serie de permisos, lo que no puede ser es que contrates a camareros hombres con su seguridad social y si son chicas no tengan nada, ningún beneficio», vuelve a comparar Mas.

Una realidad que se da en una sociedad que trata de avanzar y de educar en igualdad pero que cuando llega la maternidad «destapa de nuevo los roles tradicionales», como llegó a decir en una entrevista Laura Baena, fundadora del Club de Malasmadres, una comunidad de mujeres que lucha contra estos estereotipos. Una frase que se podría extrapolar perfectamente al mundo deportivo en el que cuando una chica se queda embarazada «ya lo da todo por perdido», sentencia Mas.

Pero no tiene que ser así, no debe ser una elección excluyente: o mi carrera deportiva o mi vida personal. Esto ya lo han dejado claro algunas como Maialen Chourraut, campeona olímpica en Río de Janeiro en 2016, quien logró el primer oro en unos Juegos para el piragüismo español en aguas bravas, siendo a la vez la primera madre deportista que lo conseguía. Su hija Ane, de tres años, la esperaba con una gran sonrisa junto al canal para abrazarla. La ciclista estadounidense Kristin Armstrong también logró el oro en la contrarreloj femenina hace tres años, repitiendo lo mismo que había conseguido en Pekin en 2008 y en Londres en 2012, con la maternidad de por medio. «Hay pocos casos pero los que hay son ejemplares», alaba Leire Olaberria, ciclista vasca que reconoce que se inspiró en ellas cuando se planteó ser madre.

Maialen Chourraut celebrando el oro con su hija en los pasados Juegos de Río de Janeiro.
Maialen Chourraut celebrando el oro con su hija en los pasados Juegos de Río de Janeiro. / AFP

Una decisión que en principio no le trajo muchos problemas. Todo vino después. La especialista en pista guipuzcoana se vio obligada a denunciar a la Federación Española de Ciclismo, pidiendo amparo al Consejo Superior de Deportes, por un trato discriminatorio. Volvió al poco tiempo de dar a luz a su hijo, y lo hizo con un rendimiento excelente. «En el papel se veía que era 100% seleccionable pero el seleccionador decía que no iba a volver», recuerda. Solo por el hecho de pedir facilidades para conciliar. Una solicitud que terminó cerrándole la puerta del conjunto nacional y empujándola a decir adiós antes de tiempo, cuando se había planteado estar en los próximos Juegos Olímpicos. «Mi equipo hizo todo lo posible para que pudiera seguir compitiendo a nivel internacional sin tener que separarme de mi hijo. Yo fui la primera que dije que si no volvía al mismo nivel de antes que no quería estar, pero en esa vuelta hice resultados buenos, con los que, por cierto, la selección compitió en la Copa del Mundo», apuntilla a este periódico.

Frustración e impotencia

Un hecho que despertó en ella sensaciones que nunca había sentido. «La frustración y la impotencia de decir, '¿cómo puede ser que si nosotras podemos hacerlo el entorno que nos recoja no sea capaz de entender esto y de intentar ayudar?'. Yo nunca he pedido limosna ni nada que no sea justo, siempre a lo largo de mi vida deportiva he aceptado un criterio técnico, pero uno que pisa los derechos fundamentales es algo que no entiendo». Una situación que Olaberria jamás se imaginó que le tocaría vivir. «Nunca pensé que lo que hubiera cortado mi camino fuera esto. Pensaba que la dificultad estaría es volver y en dar mi nivel internacional, o en encontrar mis mejores piernas. Es triste que un derecho fundamental como es la maternidad o la conciliación no sea una realidad que esté contemplada para las mujeres deportistas y profesionales».

Leire Olaberria en una prueba en Mallorca junto a su hijo Javier.
Leire Olaberria en una prueba en Mallorca junto a su hijo Javier. / TWITTER@leireolabe77

Una exitosa carrera deportiva, con innumerables títulos nacionales y medallas en todos los ámbitos, que la hizo triunfar en un deporte «de hombres». «Mi sueño tenía mucho peso y eso me dio igual. Fui la única deportista profesional en España en pista, rodeada siempre de chicos, pero eso me hizo poder entrenar a un nivel muy exigente. Siempre hice esa lectura. Y la verdad es que en cuanto a paridad e igualdad no hay nada que reprochar porque tanto en los Juegos como en las competiciones internacionales tenemos las mismas pruebas y las becas son de la misma cuantía», explica.

Tras la maternidad Leire volvió con más fuerza si cabe, renovada de ilusiones. «Cuando tienes una carrera deportiva larga llega un momento en el que como que te falta algo. El ser madre y poder seguir haciendo con él lo que estaba haciendo hasta entonces me llenaba un montón», afirma. El tener que compaginar los cuidados de su hijo Javier con su propia preparación le hizo sumar en todos los sentidos. «Pensaba que ya conocía mis límites físicos y psicológicos, pero con la maternidad he roto todo eso. He multiplicado mis habilidades porque el esfuerzo que requería es gigante. Por haber estado un año fuera partía con 0 puntos en el ranking pero poco a poco volví a ser la de antes, y cuando corté la lactancia empecé a sentirme más rápida», reconoce.

«Tenemos que dejar claro que las mujeres deportistas no perdemos ningún talento cuando somos madres»

Y todo eso para nada ya que una decisión personal terminó por truncar sus sueños, sus últimas metas, logros que seguirían sumando en el deporte español. «Hay muy pocas mujeres profesionales de alto nivel que se atrevan a hacer frente a la maternidad pero cuando te pega lo hace duro, y aunque te haya costado años alcanzar éxitos a nivel deportivo no quieres renunciar a tener a tu propio hijo. Existe una edad biológica (ella tenía 40 años cuando dio a luz) y entras en una disputa mental porque desgraciadamente te ponen en la tesitura de la bici, o el que sea tu deporte, y tu hijo. Y ahí no hay dudas. Para mí el ciclismo lo ha sido todo pero hay algo que está por encima. La vida no se acaba ahí, pero tenemos que dejar claro que las mujeres deportistas no perdemos ningún talento cuando somos madres».

Justicia para todas

Por eso Olaberria decidió luchar, por ella y por todas las demás, por el bien del deporte y de toda la sociedad, ayudada por la Asociación de Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP). Su caso está ya en la Audiencia Nacional y permanece a la espera del juicio. «Nos ha admitido a trámite las pruebas que presentamos. Después de la denuncia, cuando ya no había opciones para los Juegos, ni de beca, recibí una llamada del presidente de la Federación. Me dio a entender que podía volver, pero en la situación que estaba ya no tenía sentido. Era volver para nada», confiesa a EL CORREO.

Ahora espera que se haga justicia, mientras disfruta de su nueva vida, con su empresa de nutrición, ámbito en el que se ha especializado. Además está en la organización de la Clásica Femenina de San Sebastián, que por primera vez esta agosto será para mujeres. También trabaja con la Diputación de Guipuzcoa dando charlas a diferentes grupos sobre el deporte y la motivación. «Y sobre todo disfruto viendo crecer a mi hijo. Ahora lo veo todo de una manera diferente porque ha pasado algo de tiempo pero cuando estaba metida en el conflicto recibiendo respuestas súper decepcionantes le miraba a la cara y sabía que estaba haciendo lo correcto. La maternidad me ha dado valentía y mucha fuerza, que antes no sentía».

Ejemplos fuera de España

Olaberria espera que el panorama que se vive en España en este sentido cambie, y lo haga tomando como ejemplos a otros países, en los que ser madre y deportista no son dos realidades contrapuestas. «Si queremos hacer las cosas bien hay modelos donde mirar». En Estados Unidos cuatro de sus jugadoras más destacadas dieron a luz recientemente, regresando después a los terrenos de juego. También Chanttal de Ridder, en el Ajax, conjunto que renovó su contrato automáticamente mientras estaba embarazada. Katie Chapman, en las filas del Arsenal, fue a su vuelta convocada por la selección inglesa para disputar el pasado Mundial de Canadá.

Un castigo por ser madre que en muchos casos es recibido por parte de las empresas patrocinadoras, principales sustentos económicos de las deportistas. Eso fue lo que le sucedió por ejemplo a las atletas norteamericanas Alysia Montaño, Kara Goucher o Allyson Felix. Mientras Nike hacía creer al mundo ser una compañía fiel defensora de la mujer y el feminismo, animando a no conformarse y a saltar todas las barreras con las que se toparan en sus caminos, reducían sus contratos con ellas o directamente los rescindían al quedarse embarazadas. Al hacerlo público no les quedó otra que rectificar y asegurar que modificará sus contratos para que no haya penalizaciones de ningún tipo si una deportista hace una pausa en su carrera para tener descendencia.

Alysia Montaño entrenando embaraza de 8 meses.
Alysia Montaño entrenando embaraza de 8 meses. / AFP

En España para evitar estos casos y estas complicadas situaciones tanto Leire Olaberria como la Asociación de Mujeres en el Deporte Profesional y otras tantas voces, tanto femeninas como masculinas, piden una urgente renovación de la Ley del Deporte, aprobada en el año 1990, hace prácticamente tres décadas, cuando la práctica deportiva tan solo se contemplaba para los hombres. «Es básico, tener un modelo deportivo hacia donde queremos mirar. Hasta ahora seguimos dando tumbos», asegura la presidenta de la AMDP. Y es que sin contratos profesionales no puede haber derechos laborales. «Queremos igualdad pero no queremos ser iguales. Tenemos otras capacidades y lo bonito es poder desarrollarlas pero en igualdad de condiciones». Por ello piden una ley que se amolde a las necesidades reales de las mujeres. También que las chicas tengan cada vez más presencia en las distintas federaciones. Todo ello para que el presente más cercano y las futuras generaciones de deportistas puedan desarrollar su carrera y su vida en las mejores condiciones posibles, sin renuncias ni sueños rotos.