EL BUCLE DE LA CULPA

Cuando se entra en esta espiral de culpabilidad es complicado salir de ella. /AFP
Cuando se entra en esta espiral de culpabilidad es complicado salir de ella. / AFP

En verano con las vacaciones en familia muchas deportistas se dan cuenta de que pasan poco tiempo con los suyos, pero esa actividad que realizan es la que ayuda a estar luego mejor con los demás

Iciar García Peña
ICIAR GARCÍA PEÑACoach deportiva

Cuando entramos en esta espiral de la culpa, difícilmente podemos salir de ella. Es una emoción muy dolorosa, paralizante y que nos genera un profundo sufrimiento. Estamos constantemente dándole vueltas en la cabeza durante todo el día. 

Es uno de esos sentimientos que se fortalecen durante las vacaciones en familia. Empiezan pensamientos en nuestra mente al interpretar que no estamos suficiente tiempo con nuestra familia; nuestros hijos, amigas, padres… Y empezamos a sentirnos culpables por no dedicarles más tiempo y como consecuencia, empezamos a tomar decisiones en detrimento de nuestra práctica deportiva.

Asoman en nuestra cabeza voces como: «Si me quisieras, no saldrías a correr», «nunca me dedicas tanto tiempo como a tu grupeta de bici».... y nuestro sentimiento de culpa aumenta todavía más, por querer disfrutar del deporte que practicamos y no poder estar más tiempo con los nuestros.

¿Qué es lo peor? Esos pensamientos de que somos malas hijas, madres, amigas o amantes controlan nuestro estado de ánimo y nuestra conducta, que en este caso sería la no conducta. Esta culpa es tan limitante que nos inmoviliza, nos bloquea y nos impide planificar, priorizar y equilibrar nuestro tiempo de ocio. Y como consecuencia de todo esto, aumenta la ansiedad y frustración por no lograrlo.

Recuerdo esos sentimientos de culpa cuando mis hijos eran pequeños, sin embargo, existen diferentes maneras de poder salir de ese bucle. Hoy os propongo la que me sirvió y la que es una guía en mi vida. Salir a correr, ir a nadar un rato o dar un paseo por la playa no se trata solamente de tener un espacio para nosotras, se trata de algo mucho más profundo. Significa la posibilidad de encontrar un equilibrio entre la mente y el cuerpo que lo genera el movimiento. Es un movimiento que nos permite estar bien, sentirnos bien, respirar para encontrarnos mejor. Y, en mi opinión, la manera de poder estar luego, mejor con los demás.

Cuando nos sentimos mejor, más tranquilas, inmediatamente se contagia a los demás. Esta sensación que se produce ante el esfuerzo hace que seamos más pacientes, menos reactivas ante las diferentes situaciones de cada día. Esta interpretación es la que posibilita dedicarnos tiempo, organizarnos para luego compartirlo con los demás. Sin olvidar nunca que antes que madres, hijas, amigas somos mujeres y como dice una amiga mía: para poner la mascarilla a los demás, primero póntela tú primero.

¡Feliz Verano!