Los premiados del III Foro de Innovación Social a través de la Cultura

Los premiados del III Foro de Innovación Social a través de la Cultura

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Lita Cabellut | Pintora

«El arte está por encima de la política y nos hace humanos»

De etnia gitana, Lita Cabellut nació en un pequeño pueblo de Huesca y vagó por las calles de Barcelona hasta los doce años, cuando una acomodada familia catalana la adoptó. La llevaron al Museo del Prado y allí la pequeña decidió que iba a ser artista, aprendiendo a pintar mucho antes que a leer y escribir. «Yo venía de un mundo oscuro donde el arte no existía y tuve la suerte de que me adoptaran», contó en el auditorio del Guggenheim. «Pero lo que me transformó fue el arte, que me dio el poder para expresar sentimientos y dibujar ventanas donde no había salidas».

Ben Macpherson | Ministro de Escocia

«Escocia es abierta y quiere seguir en Europa»

El título de la charla de Ben Macpherson, ministro para Europa, migración y desarrollo internacional de Escocia, era elocuente: '¿Es posible que la cultura fomente la unión en tiempos de Brexit?'. El spot promocional del territorio no dejaba dudas: 'Escocia contruye puentes y derriba muros'. Macpherson puso el Guggenheim como ejemplo de la cultura como motor social y económico. Y abogó por la emigración como factor de enriquecimiento «de una Escocia abierta, que no votó por el Brexit y que quiere seguir permaneciendo en Europa». «La cultura va mucho más allá del dinero», aseguró. «El Guggenheim no solo trajo riqueza, sino que cambió cómo se veía Bilbao en el mundo».

Antonio Garrigues | Abogado y escritor

«No hay nada peor que intentar poseer la verdad»

¿Es posible la democracia sin cultura? Antonio Garrigues lo tiene claro: «La democracia tiene que ver con la cultura, que es lo que nos descubre la complejidad y la diversidad», afirmó. «No hay nada peor en el mundo que tener la razón, que intentar poseer la verdad». Abogado, político y escritor, Garrigues Walker defiende que el ser humano tiene que aceptar la duda y entender que vivir en democracia es hacerlo en «gratificante desacuerdo». Por eso su libro más reciente, 'Manual para vivir en la era de la incertidumbre', sostiene que la duda está llena de gracia y sentido. «¡Qué manía tenemos con poseer la verdad!», lamentó este defensor del arte como antídoto contra el dogmatismo: «Sin cultura no hay nada».

Odile Gakire Katese | Activista Ruanda

«Sin cultura no hay empoderamiento de género»

En Ruanda ha estado prohibido durante siglos que la mujer toque el tambor al ser un símbolo de poder. Sin embargo, desde hace quince años el grupo de percusionistas femeninas Ingoma Nshya (Nuevos Tambores) atrona en las conciencias de un país donde los hombres siguen tomando las decisiones. «El empoderamiento de género arranca con la cultura», proclama Odile Gakire Katese, «una artista obligada a convertirse en emprendedora cultural a la fuerza», según propia definición. Los tambores golpeados por las mujeres de dos generaciones han ayudado a sanar las heridas del genocidio contra los tutsi en 1994. Sus baquetas han sido herramientas para el desarrollo, pese a la absoluta falta de apoyo del Gobierno.

Manuel Veiga | Dir. Cultura de Lisboa

«La cultura esun elemento de cohesión social»

Lisboa también se ha sumado al movimiento Fair Saturday, como anunció Manuel Veiga, director municipal de Cultura. Tras sufrir «incendios, terremotos, una dictadura, crisis financieras, envejecimiento, el cambio climático, el boom turístico y la presión inmobiliaria», la capital portuguesa sigue defendiendo la cultura «como elemento de cohesión social». Veiga puso como ejemplo la biblioteca inaugurada en el barrio de Marvila, una antigua zona industrial a orillas del Tajo tomada por los hipsters. Espacios para los artistas, recuperación de la memoria de familias y grupos sociales, videojuegos para atraer a los jóvenes a espacios culturales... «El sentimiento de pertenecer a un espacio público», resume Veiga.

Greta Frankenfeld | FestivalCine Invisible

«El mundo necesita gente contando historias»

El término 'cine invisible' sería una antinomia si no fuera porque bautiza un festival que lleva celebrándose desde hace once años en Bilbao. En su programación no mandan la taquilla ni los nombres de relumbrón, sino el contenido social y de género. «El mundo necesita gente contando historias, el cine invisible es un antídoto contra la pasividad», afirman desde un certamen donde el 48% de los títulos están dirigidos por mujeres. «El cine social no tiene por qué ser triste, aburrido o deprimente», apuntó Greta Frankenfeld, una de las responsables de este altavoz de miradas que nunca llegarán a las salas comerciales. En la última edición recibieron la friolera de 1.300 películas, de las que seleccionaron 80.