Getxo Folk

Skerryvore, previsibles e inofensivos

El fornido gaitero Martin Gillespie. /PERU URRESTI
El fornido gaitero Martin Gillespie. / PERU URRESTI

El ochote escocés cerró la 35 edición del festival con un repertorio melódico, monótono y domesticado de ambición pop

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El grupo escocés de folk-pop-rock céltico comercial, inofensivo y funcionarial Skerryvore clausuró el domingo el 35º Festival Internacional de Folk de Getxo, que ha cosechado entradas y ambientes templados excepto en la cita del sábado noche, la protagonizada por la fadista Mariza, indudablemente el nombre más conocido de un cartel difícil para el público generalista. Poca gente también hubo el domingo ante los escoceses bajo la carpa de la Plaza Estación de Las Arenas, donde no se llegaría a las 400 personas: menos de 200 en pie enfrente del tablado y, separadas por un océano de piedra gris, otras 200 sentadas en la grada del fondo.

Jóvenes, guapos, pulcros y rubicundos (exceptuando al teclista, más pureta, y al bajista, un moreno con trenzas de rastafari), Skerryvore, que se juntaron en 2004 en las Islas Hébridas y cuyo último y séptimo disco se titula 'Evo' (2018), dieron un concierto de 15 temas en 82 minutos y desde el primero se supo lo que iba a suceder: barniz pop comercial, contenida épica céltica, melodías transversales, dos gaitas empujando y petición de palmas al respetable predispuesto, al que además se hizo corear eooo-eooo nada más empezar.

El cantante, guitarrista y compositor Alec Dalglish.
El cantante, guitarrista y compositor Alec Dalglish. / PIRU LAMIAKO

Skerryvore nunca se salieron de esa senda, del convencionalismo emasculado, tomándose la música como una tarea, como un curro que podrían reproducir en una noble verbena asturiana. Su cantante y guitarrista Alec Dalglish, compositor de todos los temas como advirtieron ellos durante el concierto, a veces ponía deje country a lo Steve Earle más joven ('Happy to be home', con su estribillo facilón), y los ocho en conjunto no se ruborizaron al amasar baladas sentimentaloides ('At the end of the line', donde pidieron a la gente que ondeara os brazos) ni al dibujar épica amaestrada para todos los públicos ('Hold on').

Además se alistaron al pop inmovilista de The Corrs (el meloso 'Waiting on the sun'), recrearon el simpático efecto muelle del cajun ('Walk with me', antes del cual volvieron a solicitarnos que bailáramos), aspiraron al rock de estadio (en el pesado en todos los sentidos 'Live forever', con su intro guitarrista roquista vía Gary Moore y sus coros ambiciosos) e incidieron en las baladas comerciales ('Take my hand').

Lo mejor, por ser lo más potable y menos plasta y aburrido, fueron los instrumentales. Menos mal, unos siete en total: el muy céltico 'The ginger grouse', el progresivo y algo Waterboys 'The showman', el tradicionalista 'The angry fiddler', el aparatoso en plan Hevia 'Rox revival reel', o los dos postreros y muy roquistas ('Crooked' se titula uno de ellos, no nos pregunten si el último o el penúltimo, pues ya saben que las espirales célticas son de difícil discernimiento).

El octeto al completo.
El octeto al completo. / PERU URRESTI

Y al salir del aburrido e inane evento manifestó emocionado un tipo a su colega: «Oso ona, eh?». No, si malos no son Skerryvore, sólo que atrozmente previsibles, voluntariamente domesticados, en absoluto imaginativos y contumazmente reiterativos, se nos ocurre. Gracias a Dios pudimos respirar durante los instrumentales estratégicamente colocados a lo largo del setlist.