Mariza, la domadora del público

Marisa dos Reis Nunes dominó al público del Getxo Folk/PEDRO URRESTI
Marisa dos Reis Nunes dominó al público del Getxo Folk / PEDRO URRESTI

La fadista mozambiqueña dio el mejor concierto del 35º Getxo Folk pasando de la introspección y la comercialidad al populismo participativo

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

La fadista contemporánea de 45 años Mariza, la reina del fado actual y sucesora de la gran Amália Rodrigues como se la presentó en escena, hizo gala de su condición de cabeza de cartel del 35º Festival Internacional de Getxo al rozar el lleno este sábado noche y con el precio de la entrada más caro del programa: 25 euros. Contrastó el cálido, expectante y al final participativo ambiente de la carpa de la Plaza Estación de Las Arenas con el de las jornadas precedentes, más frío y despoblado de espectadores. La mozambiqueña mulata Mariza, altísima («mide 1,83», informó Topo nada más verla), vino presentando su séptimo disco, homónimo él y del que cayeron unos 7 cortes entre las 16 canciones que sonaron en Getxo.

Mariza apareció en escena después de sus cinco músicos, que permanecieron sentados (trío fadista más acordeón tanguero y percusión que se hizo protagonista durante la velada) y nos habló bastante durante la velada: recordó que hacía muchos años que no venía a cantar «a esta zona de España, del País Vasco» (en 2002 estuvo en fiestas de Bilbao, en la Plaza Nueva), indicó que «yo he nacido en Mozambique, como mi mamá, y mi papá es típicamente portugués, pero África cada vez está más presente en mi música y de forma más consciente», y de repente paró una canción y nos conminó: «¿Qué pasa con vosotros? ¿Estáis ahí? La música es dar y si no queréis que el concierto vaya así…», y dirigió su brazo hacia abajo.

Y al instante el público se manifestó dispuesto a pasar por su aro de domadora y así entramos en la segunda parte del concierto, más cantarina, más interactuada, un poco como los payasos de la tele ante los niños. Tanto, que por el final nos contó Mariza: «Ya sabéis que yo uso gafas. Bueno, no sabéis, pero las uso y durante los conciertos no veo nada. Pero hoy hay luz y puedo ver hasta la fila ocho. Y veo a personas que están muy atentas, a otras que participan y cantan, y a algunas con los brazos cruzados y muy serias», explicó teatral, gustándose, ya plenamente sometida la carpa.

Alta (además calzaba tacones tapados por la larga falda), imponente, con los brazos tatuados y el pelo corto teñido de rubio, de gris y con falda de vuelo, Mariza desde su salida a escena reveló tablas y predisposición dominante. Durante el concierto de 16 piezas en 88 minutos a un volumen altísimo, por momentos horrísono, Marisa dos Reis Nunes sublimó el fado (lo mejor de la velada), pisó África (los tambores recurrentes), evocó Argentina (el acordeón ocasional), se inspiró en Brasil (entre las baladas a lo Marisa Montes y el dinamismo apoteósico de Gal Costa) y hasta apostó por una comercialidad transversal en la que no exprimió todo su potencial artístico.

Mariza, 1,83 metros de altura más los tacones.
Mariza, 1,83 metros de altura más los tacones. / PEDRO URRESTI

El concierto estuvo bien pero picó en numerosos palos, como ya se ha dicho, lo cual erosionó su capacidad de trascender. Protagonista total, Mariza ofició como si desdoblara la personalidad: extremadamente introvertida en la primera parte y, tras acusarnos a nosotros de pusilánimes o poco participativos, en la segunda tornóse extrovertida en exceso, hasta tratarnos como a niños y buscar el karaoke espoleándonos en 'portuñol', como dijo ella que hablaría.

Abrió excelentísima y hondamente emocional con el fado clásico en trío instrumental más voz 'Loucura' (como loco era el volumen), y tras la merecida ovación, se puso transversal con 'Sou (Rochedo)', donde se contoneó como una estrella pop y el ya quinteto oficiante sonó embarullado. Pero ella volvió a rehacerse gracias a la tradición lusa mediante 'Meu fado meu', donde generó ambiente de canción melódica en un club. En modo diva cabaretera y teatral a lo Edith Piaf se le notó en 'Semente viva', y a partir de entonces ofició indulgente, a veces muy comercial, sin exigirse durante un extenso pasaje, pero resultona y con cierto fondo.

Así en plan muy comercial se desveló en la ambiciosa balada a lo Marisa Montes 'Quem me dera' (del nuevo disco, 'Mariza', y escrita por un cantautor angoleño, como presentó), la abigarrada y bailable 'Beijo saudade' (una morna de Cabo Verde que remató lanzando un beso ostensible a toda la carpa), el pop comercial a lo Alejandro Sanz y en castellano 'Alma' (que Topo ubicó entre Malú y Ana Belén, que la mozambiqueña ha cantado con Sergio Dalma y que en vivo en Getxo coló un solo de guitarra flamenca), o la primera letra escrita por ella en su carrera, 'Oração', su primer poema como lo llamó y que entonó solemne delante del tablado, mirando hacia abajo, aparentemente leyéndolo de una chuleta.

Y acabó esa 'Oración' y se dio cuenta de que el público escuchaba absorto pero poco comunicativo. Y entonces provocó al paisanaje, como ya hemos dicho: «¿Qué pasa con vosotros? ¿Estáis ahí? La música es dar y si no queréis que el concierto vaya así…». Y nos adentramos en un populismo muy bien recibido por el gentío, que dio palmas en la balada 'Chuva' (ahí se notó una vez más que Mariza atesora personalidad y poderío, voz y presencia), que se dejó absorber en el clásico de Amália Rodrigues 'Barco negro' (la primera parte africana y afectada a lo Dulce Pontes, en dúo voz y percusión, y la segunda en quinteto y dominada por el percusionista también), y que se dejó llevar en la parte final, comunitaria y populista pero también resultona, con la fiesta absoluta de la cima que fue 'Trigueirinha' («así llamamos a las chicas de pelo largo y moreno y piel oscura», explicó) o el breve trallazo a lo Gal Costa de 'Amor perfeito' (¡con solo percusionista!).

Mariza se puso pesada y difuminó la magia al insistir en los coros en la presunta última, 'Rosa branca', pero remontó en un bis doble abierto con la zíngara y apoteósica 'Mentira' y cerrado con ella cantando en pie entre las sillas del patio 'Ó gente da minha terra', donde se alzó trágica y sentida, controladora de la masa y segura de sí misma, conectando con un público que la ovacionó de manera rota y sincera cuando subió de nuevo al escenario para despedirse y terminar el mejor concierto del 35º Fetxo Folk, ponemos la mano en el fuego por ello y no nos quemamos.