El 'rey Franco' y una pistola en Saigón: las memorias de Diego Carcedo

Diego Carcedo. /Virginia Carrasco
Diego Carcedo. / Virginia Carrasco

El periodista recuerda en 'Sobrevivir al miedo' sus años como corresponsal, en los que observó la caída de Vietnam del Sur, pudo entrevistar al ugandés Idi Amín y entrevistó a Hasan II

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Los dos hombres querían 400 dólares. Estaban en la recepción del hotel Continental Plaza. Es 1975 y abril apura sus últimos días. Saigón es una auténtica locura. Las tropas norvietnamitas están a las puertas de la capital de Vietnam del Sur, un país al que Estados Unidos estaba abandonando después de una dura guerra jamás declarada. Todo el mundo se busca la vida. Y los dos jóvenes armados querían que la cuenta de esos periodistas extranjeros se pagará en la moneda americana.

Diego Carcedo comenzó a sacar piastras de un portafolios. «En Vietnam el cambio oficial eran 24 piastras el dólar y en el mercado negro eran como 42.000 piastras el dólar», recuerda el periodista asturiano. Tenía la bolsa llena de piastras. Pero a sus interlocutores no les interesaban nada la moneda local. Una pistola a menos de un metro de Carcedo inclinó la balanza hacia el dólar. El corresponsal recuerda la rabia y el miedo, un sentimiento por el que siempre le preguntan. «No existe el ser humano sin miedo. Hay muchos miedos y yo los he pasado. Pero muchas veces confundimos el miedo con el peligro», explica Carcedo, que repasa su carrera como periodista en multitud de conflictos y tragedias humanas en 'Sobrevivir al miedo' (Península).

«Siempre había miedo a las bombas. Pero hay otros miedos que me afectan más, como el miedo al ridículo. Es muy corriente y en mi caso, acentuado. El miedo físico se te pasa enseguida. Caen unos obuses a tu lado y te tiemblan las piernas. Cuando acaba, se termina de verdad. Pero el miedo al ridículo, no», apunta el actual presidente de la Asociación de Periodistas y Europeos y colaborador de los periódicos regionales de Vocento.

Hay miedos y miedos. Carcedo reconoce que no puede ni ver a las serpientes, pero que después de tres meses seguidos en la actual Ciudad Ho Chi Min, los bombardeos y tiroteos que le sorprendieron a su llegada a Vietnam ya se habían convertido en 'música' habitual. «Todas las guerras son diferentes pero todas son iguales, siniestras. Lo peor que puede hacer el ser humano es la guerra y reincide una y otra vez», se lamenta Carcedo, que además del sureste asiático cubrió el conflicto en Biafra, la guerra del fútbol entre El Salvador y Honduras, Angola o la guerra árabe-israelí de 1973 (Yom Kippur). El reportero calcula que ha estado trabajando en un centenar de países. «Menos fútbol, toros y bodas reales he cubierto de todo», señala. Porque además de guerras, el reportero asturiano pudo comprobar los estragos de la naturaleza y las tragedias personales, como esa madre que quiso darle a su bebé tras un terremoto en Perú.

Personajes

«En esta profesión entré de casualidad y siempre he tenido mucha suerte», afirma Carcedo. Suerte por cubrir acontecimientos excepcionales como reportero de TVE y entrevistar a personajes excepcionales, en todos los sentidos. «Con Indira Ghandi estuve apenas media hora. Me dejó eclipsado, con un magnetismo impresionante», señala el autor de 'Sobrevivir al miedo'. También entrevistó durante hora y media, y en directo para las televisiones española y marroquí, a Hasan II. «Me pareció un tipo inteligentísimo. Y la entrevista fue muy tensa», recuerda.

Aunque el personaje «más esperpéntico» que Carcedo conoció fue Idi Amín Dada. El dictador ugandés entre 1971 y 1979, el Carnicero de África, como era conocido en Europa, había aceptado recibir a un equipo de televisión. Pero una cosa es aceptar y otra, saber cuándo Amín iba a recibirlos. En 1974, estaba demasiado ocupado expulsando a los blancos (ingleses, sobre todo), a los ugandeses de origen asiático (descendientes de indios y paquistaníes), legalizando la poligamia y matando o encarcelando a sus detractores. Cuando el equipo estuvo en palacio, Amín comenzó a hablar de los temas actuales africanos y se ofreció para «ayudar al 'rey' Franco' en el espinoso tema del Sáhara. «Me gustaría que llevase un mensaje secreto mío, de jefe de Estado a jefe de Estado», le dijo Amín Dada a un desconcertado Carcedo. «No le dije que Franco no era rey y esa parte no salió en España», afirma el reportero. «Dígale usted al 'rey Franco' que me mande un mapa del Sáhara para que pueda hacerme una idea y estoy seguro que resolveremos el conflicto», le señaló un convencido presidente de Uganda.

A su regreso a España, las palabras del dictador (las que se pudieron emitir) dieron la vuelta al mundo. Una entrevista que tardó en emitirse por culpa de la tecnología y de las conexiones aéreas. La media en esos tiempos era de unos doce días desde que el equipo hacia el reportaje hasta que se emitía. Un tiempo que se se ha reducido al máximo. Una ventaja para la tribu, palabra que usaba su amigo Manu Leguineche para calificar a los corresponsales de guerra. «Antes el gran problema no era conseguir la información, sino llegar a los sitios y transmitirlas. Puedo escribir un libro de cómo conseguir un teléfono para mandar una crónica desde la guerra de Biafra. En Vietnam, estuvimos los tres meses últimos sin hablar con Madrid. Eso ahora es impensable», rememora el también exjefe de Informativos de TVE. «Funcionaba el telex y yo iba con Manu (Leguineche) y Vicente Romero para enviar las crónicas. Ahora te plantan un satélite o un teléfono satelital y ya está», añade.

Además de reportero, Carcedo trabajó en las corresponsalías de Nueva York y Lisboa. Desde la capital portuguesa siguió el golpe de Estado del 23-F. «Oí los disparos por teléfono, cuando hablaba con Madrid. Creo que era la única línea abierta», recuerda. Gracias a esa información que le iba llegando, pudo mantener informado a don Juan y al primer ministro luso, Francisco Pinto Balsemao, de lo que sucedía en la Carrera de San Jerónimo. «Ahí el miedo era otro. Por ejemplo, a mi me dio por hacer las cuentas de la corresponsalía», añade sobre esa larga noche, en la que no pararon de llegar amenazas e insultos al hotel en el que vivía. Eran salazaristas y miembros de la extrema derecha española, que estaban en contra de la defensa de la democracia que Carcedo había realizado en la televisión portuguesa. Cosas del oficio.

 

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