Tarantino lleva a Cannes su Hollywood soñado

Brad Pitt encarna en 'Érase una vez en Hollywood' a un doble en escenas de acción./
Brad Pitt encarna en 'Érase una vez en Hollywood' a un doble en escenas de acción.

La novena película del director es una emocionante y melancólica recreación de una época en la que el cine americano cambió para siempre, repleta de referencias cinematográficas y musicales

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDOCannes

Después de una o dos horas de cola (en función del nivel de acreditación de prensa de cada cual) y con cientos de periodistas sin poder acceder a la gran sala Debussy donde tenía lugar la primera proyección mundial de la nueva película de Quentin Tarantino 'Érase una vez en Hollywood', escuchamos aferrados a nuestra butaca el mensaje del director que se leyó en francés e inglés. Nos rogaba Quentin que no revelemos nada de lo que ocurre en su película, para que todos los espectadores puedan disfrutarla con la «frescura» con que lo hicimos nosotros en Cannes.

Y merece que así sea. Otra guerra de 'spoilers' se avecina, y es pena no poder detallar la brillantez del camino que idea Tarantino para su magnífico y emocionante homenaje al Hollywood cambiante de 1969, a la invasion de la contracultura hippy y psicodélica de ese tiempo, a los géneros clásicos y una forma popular de abordarlos que empezaba a desaparecer, a la llorada Sharon Tate, y a toda esa manera de celebrar el cine de los años 60 y 70 que solo él puede reconstruir con ese tino y esa pasión.

Como ya ha hecho en alguna anterior ocasión, la apropiación de la Historia por parte de Tarantino para llevarla a su mundo es fastuosa. Esta vez el director jocoso y violento resulta sensible y emocionante, y seguro que los nuestros no fueron los únicos ojos humedecidos al final de la proyección. 'Érase una vez en Hollywood' es muy divertida, cómo no, pero la recreación de aquel tiempo en Los Angeles (preciosa la secuencia en que se van encendiendo los neones al anochecer) y la evolución de los acontecimientos que idea Tarantino es hermosísima para cualquiera que ame el cine y la cultura de ese tiempo crucial.

La violencia en esta ocasión es escasa, solo cuando resulta imprescindible para una trama que también incluye a la familia Manson que perpetró la masacre en la casa de Sharon Tate y Roman Polanski, y pesa más el retrato de todo el entorno de Hollywood y Los Ángeles para un actor que ha triunfado en la televisión (que también entra en el homenaje a través de las exitosas series de la época) y su doble para las escenas de acción, Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, que están soberbios en los rasgos que han cimentado su gran categoría como actores y estrellas.

El trenzado entre sus dos protagonistas de ficción y la realidad de aquel tiempo es brillante en manos de Tarantino, que consigue emular todos los géneros que adora (el spaghetti western, las películas de guerra y de matar nazis, los musicales del rock & roll, la acción línea 'Doce del patibulo' y hasta el terror) a través del cambio que se impone en la carrera de ese actor que tiene que aceptar las coproducciones con Italia para intentar mantener su estatus. Las secuencias alargadas con la conversación intrigante tan típicas de Tarantino son escasas esta vez, pero aún brillantes. Este Tarantino puede ser algo más convencional o comercial en su narrativa, pero resulta cien por cien genuino e inimitable.

Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Margot Robbie en 'Érase una vez en Hollywood'.

Como era de esperar desde que apareció el trailer con el 'Bring A Little Lovin' de Los Bravos, las referencias cinematográficas y musicales y la aparición de personajes reales es inagotable. Desde un Polanski huidizo a un Steve McQueen irónico o las chicas de Mamas and the Papas en una fiesta de Playboy, a las escasas películas que hizo Sharon Tate (interpretada por una mágica Margot Robbie), en una estupenda secuencia en la que la actriz entra en un cine a ver su intervención en 'La mansión de los siete placeres'. Tarantino también cita Almería como cuna del spaghetti western y a Joaquín Romero Marchent, a Jim Morrison y Sam Wanamaker, coloca posters de 'Tora, Tora, Tora' y otras superproducciones bélicas, introduce a Bruce Lee en una desternillante secuencia con Brad Pitt, alude a la comedia pop, hace guiños como Sharon Tate comprándole a Polanski la novela 'Tess' de Thomas Hardy que el director adaptó al cine una década más tarde, y sigue colocando canciones como nadie, alguna desconocida que se hará pronto célebre, o la imperecedera 'Out of time' de The Rolling Stones magnificando una llegada a un aeropuerto.

Un festín para cualquiera que ame las cosas que él ama y para cualquiera con un mínimo de sensibilidad por el cine, la música y la cultura del espectáculo tan definitoria del siglo XX. Y todo brillantemente engarzado. La melancolía se cuela entre tanto poso cultural y emocional vivido apasionadamente por unas cuantas generaciones, y también la nostalgia, que afortunadamente a Tarantino siempre se le admite, por un tiempo que estará 'out' como cantaban los Stones, pero que Tarantino hace vigente, apasionante y eterno. Se estrena el 15 de agosto.