El Grinch quiere robarte la Navidad

El Grinch quiere robarte la Navidad

El personaje que encarnó Jim Carrey salta a los dibujos con fortuna de la mano de los creadores de los Minions

BORJA CRESPO

No hay amor sin odio. Gestionar ambos estados del alma es un arte que algunos llaman inteligencia emocional. El pitufo gruñón, el enanito amigo de Blancanieves y Mr. Scrooge son entrañables personajes de cuento que se quejan por todo y acaban mostrando su lado humano, porque todos tenemos nuestro corazoncito. A este grupúsculo de carácter arisco hay que añadirle el Grinch, un ser peludo de color verde que no cesa en su afán de fruncir el ceño y la tiene tomada con las navidades y la alegría ajena.

El Grinch odia profundamente todo lo que otros entienden por felicidad. Nacido de la pluma de Theodor Geisel, más conocido como Dr. Seuss, ya cuenta con varias adaptaciones audiovisuales, entre ellas una cinta en imagen real protagonizada por Jim Carrey cuyo resultado es superado, afortunadamente, por una nueva versión del popular relato apadrinada por Illumination Entertainment, los estudios de los famosos Minions. 'El Grinch', dirigida por el debutante Scott Mosier, productor de 'Clerks', y Yarroy Cheney, codirector de 'Mascotas', es cine de animación colorido y desprejuiciado, visualmente llamativo, que busca el interés del gran público aprovechando las fechas que se nos vienen encima, aunque su principal target son los más pequeños (siempre acompañados por algún adulto que agradece el entretenimiento mientras esquiva las palomitas).

Robar la navidad es la gran obsesión del Grinch. Arruinar la imagen de Santa Claus es su mayor objetivo. La pieza de dibujos animados para televisión dirigida por Chuck Jones en 1966, con la voz de Boris Karloff, es la mejor versión que existe del personaje. No obstante, el estreno que nos ocupa funciona lo suficiente para embriagar al público infantil. No traiciona el espíritu del clásico navideño en demasía, aunque estemos ante una visión más edulcorada del material escrito de partida.

Se buscan las posibles causas de porqué el personaje decide aislarse en soledad y mostrarse hostil a la sociedad (un problema con la infancia). Hoy en día se está demonizando en exceso nuestra capacidad para expresar nuestro descontento, por ello hay que reivindicar personajes como el Grinch, cuyo carácter acaba tomando cierto cariz benevolente. Distinguir la simple queja destructiva de la crítica constructiva es esencial. Acoger al espíritu iconoclasta y cerrar la puerta al eterno malhumorado. El insulto fácil y gratuito, sin gracia, se extiende gracias a las redes sociales, pero no todo protestón lleva un hater dentro. Cuestionar lo que vemos, sentimos y vivimos nos convierte en personas.

 

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