'Brexit', el plan que sacó a Reino Unido fuera de la UE

Una imagen promocional de 'Brexit: la guerra incivil'./
Una imagen promocional de 'Brexit: la guerra incivil'.

Protagonizada por Benedict Cumberbatch, la película pone el foco en Dominic Cummings, artífice de la campaña por la salida de la Unión Europea

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Es una película tan pegada a su tiempo que al terminar se ve obligada a mostrar la siguiente frase: «Esta historia sigue desarrollándose». Porque dos años después del referéndum que condujo a Reino Unido fuera de la Unión Europea, todavía se desconoce lo que ocurrirá. Y más tras el rechazo ayer del Parlamento al Acuerdo de salida presentado por May. Emitida inicialmente en Channel 4, 'Brexit: la guerra incivil' llega ahora a HBO y lo hace en un momento ciertamente convulso para la política británica. Por eso resulta aún más necesaria.

La cinta dirigida por Toby Haynes, responsable de episodios como 'USS Callister', de 'Black Mirror', o de 'The Reichenback Fall', de 'Sherlock', pone el foco en Dominic Cummings -Benedict Cumberbatch tan soberbio como siempre-, artífice de la campaña que apostaba por la salida de la UE, y comienza en otoño de 2015, cuando David Cameron anuncia su intención de hacer un referéndum. Conscientes de que la oportunidad que se presenta es única, Douglas Carswell (Simon Paisley Day) y Matthew Elliot (John Heffernan) apuestan por Cummings para llevar a cabo una gesta que a priori parece imposible. «Toda la vida te han prometido que la gente escucharía tus ideas y siempre se han rajado y te han traicionado», tratan de convencerle. Pese a su hastío de los políticos, Cummings acepta la misión.

A partir de ahí y a un ritmo trepidante, la película recoge cómo Cummings fraguó una campaña en la que apostó por matar el pensamiento convencional y encontrar nuevas formas de hacer política, primero a la búsqueda de un mensaje que calara entre los descontentos y los que no creían en el sistema y, posteriormente, con la creación de una serie de herramientas que les iban a permitir llegar hasta las personas que estaban fuera del radar de los políticos, casi tres millones de votos en los que nadie había pensado hasta el momento.

Las charlas en el pub sobre inmigración, la cuestión racial, el legado que dejar a los hijos, la soledad y el aislamiento pese a la omnipresencia de internet, la cuestión de la seguridad social, la pérdida de la identidad nacional, la posible llegada a la UE de países como Turquía... Son elementos que van configurando el lema por el que finalmente se apuesta: 'Take back control' ('Recuperar el control'). Y, de fondo, la idea de que Europa es el símbolo de todo lo malo que ha pasado. «Dicen que salir perjudicará a la economía... Que sean ellos la opción de riesgo», acaba diciendo Cummings.

Es una fascinante mirada a la campaña que no sólo se detiene en su ideólogo, al que el guionista James Graham retrata como un auténtico genio al que solo lastran una soberbia y una prepotencia enormes. Por la historia circulan también, entre otros, Nigel Farage (Paul Ryan), dibujado como un fantoche; y también se muestra, en menor medida, el trabajo por la permanencia en la UE, encarnado en Craig Olivier (Rory Kinnear) -espeluznante esa reunión con votantes de toda tipología que muestra lo manipulables que es el ciudadano-.

Con un montaje rápido y audaz, que intercala imágenes reales con la ficción, la película va aglutinando elementos que tratan de explicar por qué en junio de 2016 los británicos votaron mayoritariamente a favor de abandonar la UE. Y se posiciona. La imagen de David Cameron tarareando despreocupado una melodía tras anunciar que abandona su cargo no hace más que apuntalar un mensaje muy claro: al final el único que se jugaba realmente algo era el ciudadano de a pie.

 

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