La odisea de una joven que ha llegado en autostop a Bilbao desde Italia

Marta, con su mochila, en las escaleras del teatro Arriaga de Bilbao. /Roberto Arnaiz
Marta, con su mochila, en las escaleras del teatro Arriaga de Bilbao. / Roberto Arnaiz

Una estudiante sevillana de 25 años llega a Bilbao haciendo autostop desde Italia. «Me he sentido más protegida que al volver sola a casa de fiesta»

AINHOA DE LAS HERAS

Marta Blanch va a contracorriente. Cuando todo el mundo aconseja a las chicas que vuelvan a casa acompañadas, que no hablen con extraños, que desconfíen, ella se ha embarcado en un viaje en autostop en solitario desde Bolonia, en Italia, donde ha cursado seis meses de Erasmus. Su destino final es Sevilla, su ciudad, pero antes ha pasado por Bilbao, donde estudió un año con una beca Sicue. Lleva un mes deambulando y la experiencia «ha sido muy positiva». «He ganado en confianza y autoestima. Ahora hablo con las farolas», dice con sorna esta estudiante de Cuarto de Ingeniería con marcado acento andaluz. «El 90% de la gente no son violadores ni asesinos», concluye.

La joven emplea dos técnicas: o bien se coloca en una salida hacia la autopista con un cartel indicando la ciudad a la que quiere desplazarse, con un mensaje del tipo 'Bilbao, sonríeme', o pide que le lleven hasta la siguiente gasolinera y allí se presenta «ante mujeres o familias, que me dan más confianza» para que la lleven en sus coches. Cree que le ha beneficiado la psicosis contra las agresiones sexuales y el afán protector de la gente. «Me han llamado loca en varios idiomas», sonríe. «Algunos conductores me decían que me cogían para que no me montara con alguien que podía hacerme algo malo». Una pareja mayor le invitó a dormir en su casa en la ciudad de Lecce, en Plugia, y muchos otros a comer. «Hasta he acumulado comida, en los primeros diez días sólo me gasté siete euros».

Pese a que su actitud puede parecer inconsciente, tiene muy claro que asume un riesgo y adopta sus precauciones. «A algunos les pido que me dejen hacer una foto de la matrícula y se la mando a mis amigos por whatsapp o les envío mi ubicación GPS en tiempo real. Me pueden violar o matar, pero les pillarían», asegura. «Si percibo algún interés de contenido sexual o que intentan ligar, les dejo claro que mucha gente sabe dónde estoy».

Marta lleva a la espalda un mochilón, donde carga con una tienda de campaña, «tres bragas, tres camisetas, dos sudaderas, dos pantalones cortos y uno largo, un sujetador y un neceser con cepillo de dientes y pasta, un champú pequeñito y una copa menstrual», enumera con su blanca sonrisa. Alterna unas botas de monte con unas sandalias. Ha dormido en parques y plazas y si se queda en una ciudad «siempre pregunto a ver si la Policía pone pegas si montas una tienda». También utiliza una aplicación para dormir gratis a cambio de un intercambio cultural. «He hablado más italiano en el viaje que en seis meses de Erasmus».

«Mi zona de confort»

Llegó a Bilbao la misma tarde del txupinazo de la Aste Nagusia. Le trajeron hasta el 'botxo' unos paquistaníes «de nombre raro» desde San Sebastián. «Estos días son unas vacaciones dentro del viaje, mi zona de confort», asume. En la capital vizcaína mantiene varios amigos de cuando estudió aquí y el sábado ya se quedó a dormir en casa de una de ellos. La siguiente noche lo hizo en Sopelana, aunque no llegó a instalar la tienda de campaña: se echó a dormir a las siete de la mañana, cuando «ya había amanecido, habría sido un invernadero».

Los exámenes de septiembre le obligan a regresar a casa, aunque «alargaría el viaje varios meses». En los estudios «voy un poco lenta, llevo siete años y estoy en cuarto», confiesa. La carrera es su «plan B», ya que le gustaría dedicarse a algo relacionado con «viajar». Tiene pensado cruzar la península «en un día, a ver si hay suerte. En Francia recorrí 1.000 kilómetros en dos coches y 600 en Italia». La joven va colgando en Instagram fotos de sus aventuras con mensajes que invitan a viajar. Tiene 10.000 seguidores en esta red social. También escribe en un blog (Ansias de vivir) aunque reconoce que lo tiene un poco «abandonado».

Salió con miedo -«el primer día puse un mensaje en su Instagram @ansias_de_vivir: 'Estoy cagada'», pero «me he sentido más protegida que cuando vuelvo sola a casa de fiesta». «Yo veo más ataques sexuales en unas fiestas, en una discoteca o en tu ciudad que haciendo dedo. Me he montado en más de 30 coches de desconocidos y sólo tres han tenido una mínima intención de ligar». Marta anima a quien esté pensando en seguirle los pasos. «Hazlo y si tienes miedo, hazlo con miedo».

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