El pelotón se ríe de la Vuelta

Conti, feliz tras su triunfo./
Conti, feliz tras su triunfo.

Conti gana en Urdax una etapa abarrotada de público con casi 34 minutos sobre el grupo, que llegó de paseo

J. GÓMEZ PEÑA

Más de 33 minutos después de que Valerio Conti, nieto de un gregario de Fausto Coppi, ganara la etapa que salió aplaudida por Bilbao, coreada por el masivo público de San Sebastián y esperada por los aficionados navarros, el pelotón alcanzó al trantán la meta de Urdax. Al frente, el equipo de la tierra, el Movistar, cruzó bajo la pancarta entre risas. Se escuchó algún silbido. Es que llevamos mucha fatiga acumulada y nos viene ahora la etapa del Aubisque. No se puede dar espectáculo todos los días, argumentaron Quintana, Contador y el resto. El ciclismo siempre ha tenido lagunas así, días de descanso activo que no figuran en el libro de ruta. Que tras casi dos semanas de pelea, calor y esfuerzo, el pelotón se tomara un respiro antes de ingresar en los Pirineos puede estar justificado. Pero con las cámaras y la audiencia pendientes y con el público al sol en la cuneta supone una falta de respeto desfilar entre bromas como si la jornada fuera un simulacro. Además de ser bueno, hay que parecerlo. Con una ristra de acelerones inofensivos en la parte final hubiera bastado. Ni los ciclistas ni sus directores honraron la Vuelta. De hecho, entraron en Urdax riéndose de ella. Del público y de la audiencia. Del ciclismo.

Apoyado en un murete de Urdax, Javier Guillén trataba de apagar la hoguera desatada en la Vuelta que dirige. Confiaba en que la etapa que viene, las de los cuatro puertos pirenaicos, borre lo sucedido. Llevamos una Vuelta muy buena, se consolaba. No quería criticar al pelotón. Pero sí le lanzó una reflexión: Son ellos lo que tienen que pensar en si esto es bueno para su deporte. Trababa de tapar su descontento. Con días así pierden ellos y perdemos todos. Entiendo lo del cansancio acumulado, pero creo que todo se podría haber hecho de otra manera. Al ciclismo le cuesta encontrar patrocinadores. La brecha entre los pocos equipos ricos y los muchos pobres es cada vez mayor. En el pasado Tour, el Sky barrió a toda la oposición. Tiene más medios y presupuesto que nadie. ¿Quién va a invertir en este deporte con etapas como la de Urdax? En eso quiere Guillén que piensen los corredores y quienes les dirigen. Era un día perfecto para las emboscadas. Confío en que no vuelva a pasar, concluyó.

Si como en el balonmano hubiera juego pasivo, al pelotón le habrían sancionado. A 33 minutos y 54 segundos de Conti, no rozaron el fuera de control, que estaba en 52 minutos. Pero sí colocaron la decimotercera etapa de esta Vuelta en lo alto de la lista negra de las fugas bidón consentidas. En la época moderna, sólo el Tour de 2001 vivió algo similar: Erik Dekker le ganó a Aitor González en la meta calada de Pontarlier, con Armstrong y el resto de los candidatos a 35 minutos y 54 segundos. En aquella escapada iba también el kazajo Kivilev, que con esa renta regalada estuvo a punto de subir al podio de París: acabó cuarto. En la Vuelta de 2009 se registró otro precedente: Lars Boom venció en Córdoba con 25 minutos de ventaja. El italiano Conti le ha superado en Urdax. Es joven, 23 años, y lleva la etiqueta de ser una de las esperanzas del ciclismo italiano. Mereció el triunfo. El premio a la desidia venía compartido media hora por detrás en un escenario fantástico, y desaprovechado, para el mejor ciclismo.

De las brujas de Zugarramurdi sólo quedan las figuras que se venden en la ventas de esta frontera entre Navarra y Francia. Pero, al parecer, por aquí sigue sobrevolando el miedo. ¿A las lamias? ¿A los aquelarres? ¿A los sortilegios? ¿A las hogueras del Santo Oficio? No. Había temor a los Pirineos que vienen: a los puertos de Inharpu (1ª categoría), Soudet (1ª), Marie-Blanque (1ª) y Aubisque (especial). Por guardar fuerzas para la etapa reina, el pelotón tachó la jornada entre Bilbao y la frontera navarro-francesa donde antes campaban las brujas. Ya no. Las rutas de Urdax y Dantzarinea, viejos caminos contrabandistas, son hoy plácidos senderos para caminantes y turistas. Es un lugar con nidos de caseríos vascos y salteado de fresnos y castaños. Dan ganas de tumbarse descalzo a la sombra en uno de estos prados cercados con losas de piedra para leer la viejas historias de brujería en las cuevas de Zugarramurdi. Doce corredores, los de la fuga, no quisieron saber nada de la siesta. Desde la salida de Bilbao ejercieron su profesión. Todos merecen ser citados: Conti, Wyss, Lagutin, Smukulis, Stamsnijder, Wallays, Lampaert, Laengen, Rossetto, Gogl, Benedetti y Cardis.

Los doce corrieron con ganas desde el inicio. Disfrutaron a toda mecha de la salida por Bilbao y de la subida a Igeldo, abarrotada. Y se metieron en las rutas estrechas y onduladas de la frontera navarra. A 18 kilómetros del final, Conti martirizó al resto de la escapada en un repecho antes de llegar a Zugarramurdi. Les batió por fuerza. No pudieron seguirle. Hace dos años, con 21, llevó el dorsal número 1 de la Vuelta. Le habían llamado a última hora para sustituir en el Lampre a Horner, el ganador de la edición anterior. Dio la talla. Honró su oficio. Como camino de Urdax. Me he sentido muy bien. He disfrutado del final, contó. Era su día. Escalonados llegaron los otros de la fuga. El pueblo embrujado les aplaudió a rabiar. Luego esperó. Más de media hora. Tiempo para una siesta. Pocos aficionados son tan generosos como los del ciclismo. Pero se hartaron. Para colmo, vieron cómo los primeros del adormecido pelotón aparecían riéndose. Y les silbaron. Ganó Conti y perdieron todos.