Bilbao se lanza a crear un polo universitario para rejuvenecer y crecer

Jóvenes universitarias pasean por el puente Pedro Arrupe. Al fondo, instalaciones de la UPV/EHU y Deusto /MAIKA SALGUERO
Jóvenes universitarias pasean por el puente Pedro Arrupe. Al fondo, instalaciones de la UPV/EHU y Deusto / MAIKA SALGUERO

Para atajar la crisis demográfica y atraer empresas punteras quiere convertirse en ciudad universitaria. Rectores y expertos lo ven posible

Luis López
LUIS LÓPEZ

Bilbao se enfrenta ahora a dos crisis potencialmente catastróficas: una es demográfica, y la otra de identidad. La primera es bien conocida y visible tanto en la calle como en las estadísticas. Casi la cuarta parte de los vecinos de la ciudad (el 24%, según el Eustat) tiene más de 65 años, mientras en 2008 era el 21%. Esta franja de población ya suma a más de 81.000 personas, casi 10.000 más que al arrancar el siglo. Y el problema no es sólo que Bilbao sea la capital vasca más envejecida; es que, además, no hay jóvenes para tomar el relevo. De niños, ni hablamos.

La otra crisis que acecha, la de identidad, también es determinante. Hemos pasado de ser una ciudad industrial a una ciudad bonita. Las empresas que daban empleo y sueldo bueno a miles de personas han desaparecido, y el nuevo modelo, dominado por el sector servicios, reparte peor la riqueza. Bilbao no quiere eso. De manera que las administraciones han asumido el reto de revitalizar el tejido productivo. ¿Cómo? Intentando atraer firmas de servicios avanzados: ingenierías, empresas informáticas, de diseño... Actividades con un gran valor añadido y, se supone, buenos salarios. En ellas ya trabaja el 20% de la población ocupada de la villa, pero hace falta más.

Pues bien, las vitaminas para rejuvenecer la ciudad y hacerla crecer en lo económico están en la Universidad. «Lo que queremos es impulsar la siguiente revolución, que es la del conocimiento», explica el alcalde, Juan Mari Aburto. Y eso se hace con políticas que incrementen la presencia del mundo universitario. «Buscamos que venga más gente, gente joven, a aprender. Luego, algunos de ellos podrán desarrollar un proyecto de vida en Bilbao en el futuro». ¿Y dónde trabajarán? Quizás en nuevas empresas que se implanten al calor de ese polo de conocimiento que se quiere impulsar. «Los proyectos empresariales se mueven hacia donde está el talento», asegura el alcalde. Así se cerraría el círculo: atraer a los jóvenes que nos faltan, formarlos en sectores de futuro –relacionados con servicios tecnológicos, economía digital, energía, salud...– y que acaben nutriendo un tejido productivo surgido al calor de todo ese capital humano.

El planteamiento teórico suena bien, y ya se están dando pasos. Las tres universidades vascas –la pública UPV/EHU, y las privadas de Deusto y Mondragón– tienen definidos planes de crecimiento en la ciudad –donde ahora cuentan con casi 19.000 estudiantes–; la de Navarra llegará el año que viene para impartir dos másters de Arquitectura; las británicas University College of London y la London College of Fashion se lo están pensando... Como espacio fundamental, Zorrozaurre, que pretende ser epicentro del futuro Bilbao y donde acaba de estrenarse Digipen –'la universidad del videojuego'– con 200 alumnos. Allí se espera también a Kunsthal, con titulaciones de diseño y animación; y a As Fabrik, para fomento del emprendimiento.

La tormenta perfecta

Orbitando en torno a todo este nuevo universo hay otros proyectos impulsados por las administraciones públicas como el centro internacional de emprendimiento –que ocupará cuatro plantas en la torre BBVA– o el Nagusi Intelligence Centre, que en el próximo lustro aspira a convertirse en un centro de referencia en el estudio del envejecimiento. Algo de lo que, por cierto, aquí sabemos mucho. De hecho, convertirnos en una sociedad tan envejecida –no sólo Bilbao, sino todo el mundo occidental– abre un nicho de negocio en el ámbito de la salud y las ciencias biosanitarias.

A los expertos toda esta estrategia les parece bien. Es más, el solo hecho de que las administraciones –en este caso, Ayuntamiento, Diputación y Gobierno vasco– tengan una estrategia ya es motivo suficiente para felicitarse.

«Con la cuestión demográfica estamos ante la tormenta perfecta. Necesitamos un revulsivo rápido porque, si no, vamos hacia la extinción», se pone trágico Juan Alayo, planificador urbano y experto internacional en consultoría estratégica de ciudades. Y comienza apuntando una variable sociológica para explicar nuestra deriva hacia el abismo: «Las sociedades, cuanto mayores se hacen, más conservadoras se vuelven. Cómodas. Aquí nos encontramos con que los de fuera nos dicen que tenemos una ciudad bonita, la renta per cápita es alta, la calidad de vida está bien...». Así «es difícil reaccionar». Si estamos bien no atendemos las señales de alarma. Como la rana, que se mantiene en la cazuela mientras sube progresivamente la temperatura y no se da cuenta de lo que pasa hasta que acaba hirviendo. «Nos falta hambre de cambio, incluso darnos cuenta de que necesitamos ese cambio». Para Alayo, el giro radical que salvará a la ciudad sólo será impulsado por la juventud, esa que no tenemos. Así que potenciar Bilbao como ciudad universitaria es una iniciativa «fantástica». Un punto de partida.

Pero hace falta más: crear un entorno productivo que se pueda nutrir con las personas que salen de las facultades, y que aproveche la investigación que se genera en los centros docentes. Al fin y al cabo, la Universidad ya no es sólo un lugar donde se transmite conocimiento, sino donde se produce ese conocimiento. Por eso las relaciones con el mundo de la empresa van a más. Si no se trabaja el asunto de manera coordinada, el resultado será formar a gente que luego se vaya. Exportar talento. No está mal, pero no es lo que necesita la capital vizcaína ni la provincia.

Un todo

«Es más difícil retener a la gente que atraerla», constata Teresa Castro, demógrafa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). De manera que, insiste, quienes se licencien deben tener la posibilidad de encontrar un empleo. Porque esto no es como EE UU, «donde las ciudades universitarias suelen ser pequeñas, su vida gira en torno a las facultades y nadie se queda a trabajar». Allí la gente está de paso. Aquí se trata de que se quede. Para ello hace falta encontrar trabajo, sí, pero también el acceso «a una vivienda aceptable, la posibilidad de residir en el centro urbano...». Un todo.

De hecho, Nekane Balluerka, rectora de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), menciona la necesidad de políticas públicas de vivienda para que el ecosistema estudiantil esté engrasado. Ahora bien, ¿tiene Bilbao cualidades para crecer como ciudad universitaria? «Por supuesto», responde. En los últimos cuatro años «hemos aumentado un 69%» el número de estudiantes extranjeros, que ya son 700 en Bizkaia. «La tendencia va a más, sobre todo en Bilbao». En otros territorios las cosas son más difíciles porque, por ejemplo, «en Donosti hay muchos problemas para encontrar piso».

De hecho, la UPV quiere potenciar su presencia en la capital vizcaína. «Es muy importante. Nuestra misión es estar en el centro de la sociedad, y eso pasa por estar en la principal ciudad de Euskadi». Por eso se quiere traer la Facultad de Medicina y Enfermería a Basurto, aprovechar Zorrozaurre para abrir un nuevo centro que aglutine servicios de investigación ahora atomizados, potenciar la colaboración con agentes económicos y culturales... Vamos, que la universidad pública tiene mucho que decir. De hecho, ya lo dice, porque solo en el Bizkaia Aretoa de Abandoibarra celebra más de 500 eventos al año.

Oasis de seguridad

Ahí la UPV es vecina de la Universidad de Deusto, cuyo rector, José María Guibert también aprecia cualidades en Bilbao para crecer como ciudad universitaria. Es una población con buena imagen exterior, proyección internacional... «Tiene un tamaño medio, humano, y es cómoda para vivir. Además, es una isla de seguridad en comparación con lo que hay por el mundo». Cuenta que a menudo reciben a personalidades de otros continentes que se sorprenden mucho cuando, tras cenar en un restaurante, la gente se va andando a casa o al hotel. «Hacer eso por la noche es impensable en muchos países».

Guibert destaca otro aspecto: «El apoyo institucional. Aquí las instituciones están muy cerca de la universidad: viene el lehendakari varias veces al año, el alcalde recibe a los estudiantes internacionales...».

– Se quiere atraer a más universidades. ¿La competencia va a enriquecer todo el sistema o supondrá un problema para ustedes?

– Cuando se concentra una industria en una zona hay competencia, pero también surge un ecosistema científico y tecnológico que viene bien a todos. Los clústers del conocimiento se alimentan entre ellos. Por eso es bueno potenciar las redes, los trabajos en equipo, las relaciones entre universidades...

«Hoy somos tres, pero cualquier iniciativa para atraer a más gente de fuera será buena», coincide Vicente Atxa, rector de Mondragón Unibertsitatea, que en cuatro años prevé duplicar sus alumnos en Bilbao, donde «queremos ser un agente activo». Como potencialidades de la ciudad destaca «su apego a lo local y su proyección internacional». Esa mezcla es buena. Igual que aunar «talento local y extranjero, una fórmula de éxito». Y combinar formación teórica y práctica en empresas. Vamos, que mezclar está bien para diseñar «un futuro que pertenece a los jóvenes». Los de aquí, y los que vengan de fuera.

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