El karaoke del canario Caco

El karaoke del canario Caco
Jordi Alemany

Sin lluvia y ante poca gente en la Plaza Nueva, Senante se puso pesado pidiendo coros

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Los malos augurios melómanos y climáticos que preceden a esta Semana Grande se cumplieron el domingo hasta lo inesperado. Salimos de casa con paraguas; en los victorinos nos sentamos en una localidad alta, de grada, para atender a la corrida bajo una cornisa; en la misma plaza, gracias a las redes sociales, nos enteramos de la suspensión de nuestro bolo vespertino, el de King Kong Blues; el plan B hostelero no tuvo categoría para ser narrado; y, para más inri, resultó insatisfactorio el concierto principal, el de los canarios Caco Senante y Los Que No Escarmientan, que no cumplieron las expectativas. Ofrecieron un espectáculo doble ante menos de 300 almas al comenzar y al acabar, y no más de 600 cuanto más público se juntó.

Este reencuentro supuso una desilusión personal pues esperábamos más tras lo que demostraron en La Pérgola en 2016. El concierto del domingo, de 22 piezas en 99 minutos, se desarrolló en tres partes: el introito de Los Que No Escarmientan ofreciendo lo mejor de la noche pese a ciertos fallos en la ecualización, el ecuador a cargo de un Caco Senante que se puso pesado al pedir al público que cantara con él, y el último terció de nuevo con Los Que No Escarmientan en escena, aunque más inconsistentes por el sonido. Al acabar, la gente no pidió bis y desalojó la plaza a toda mecha.

Lo dicho, esa noche no llovió y, aunque las sillas no estaban dispuestas en la Plaza Nueva, la organización las sacó secas de entre bambalinas y el pueblo las cogió y se sentó en ellas formando semicírculos irregulares en vez de líneas rectas. Todo pintaba bien. Abrieron Los Que No Escarmientan, de Las Palmas de Gran Canaria, con miembros venidos de Mestisay y Los Sabandeños: ocho voces y ocho músicos. Nos deleitaron con siete piezas, la primera 'En mi viejo San Juan', de Puerto Rico, que nos calmó los sentidos.

A Los Panchos multiplicados resonaron en 'Los dos' y en el dinámico 'Rayito de luna', pero parecieron no muy afinados y hasta roncos en la melódica 'Regálame esta noche'. Menos mal que remontaron en las dos últimas de este primer capítulo. Pese a todo, el prólogo había resultado apetitoso. Pero la velada se hundió no por la lluvia, que no cayó, sino por la intervención central de Juan Carlos Senante en formato más reducido. De los diez temas ejecutados por él no destacó ninguno.

El aire de karaoke forzado fue lo que deslució el chacho de Caco, la noche y el recuerdo general del concierto. Caco comenzó su intervención con 'Échame a mí la culpa' de Albert Hammond y agradeció nuestra presencia. Y qué pesado se puso Senante con la petición de coros, que es un truco para no cantar el artista que desea reservar la voz. Buf, en ningún momento de Caco voló la noche y la emoción la puso cada espectador, sí.