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EXPERIENCIA ÚNICA

Un bolero en el metro

Nunca unos profesionales procedentes del ámbito de la clásica habían hecho música en vivo en el metro de Bilbao

09.09.12 - 02:14 -
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Cuenta la leyenda que cuando el 11 de enero de 1930 Ravel estrenó en París su 'Bolero', una mujer gritó al acabar la pieza: «¡Este hombre está loco!». A lo que el compositor respondió: «Es la única persona que lo ha entendido». No sabemos qué pensarían aquella señora y el compositor vasco-francés si hubiesen viajado el pasado viernes a media mañana en el metro al ver y oír a ocho músicos de la Orquesta Sinfónica de Bilbao (BOS) tocando fragmentos de esa obra, una de las partituras más célebres de todos los tiempos. Por primera vez, unos instrumentistas profesionales del ámbito de la clásica interpretaban una pieza en el suburbano bilbaíno. Y por primera vez también una orquesta española aborda un 'flashmob' de estas características y dificultad técnica.
La historia es simple: seis músicos de la orquesta se suben al metro en la estación de Etxebarri. En Casco Viejo se incorporan otros dos. Y como van al ensayo del 'Bolero', se ponen a tocar en el tren, para ir preparando la obra. Luego, se incorporan a la orquesta, ya en el Palacio Euskalduna, para interpretar la partitura completa. Eso recoge el vídeo que está colocado ya en elcorreo.com. Nada de lo que se cuenta es ficción, porque los músicos han tocado en el metro. Y les gustó tanto, a ellos y a los viajeros, que lo repitieron tres veces a lo largo de la mañana. En dos viajes entre Casco Viejo y San Mamés, sonó el 'Bolero' para los ocupantes del primer coche de una unidad del metro. En un tercero, los viajeros pidieron que la música continuara y los instrumentistas repitieron el fragmento prolongando el viaje hasta Sarriko.
La idea nació en EL CORREO, que la planteó a la BOS y al Metro y ambas entidades aceptaron encantadas. Se trataba de llevar la música en vivo a un coche del suburbano; de hacer partícipes a los viajeros de la experiencia de escuchar un fragmento de una obra tan atractiva como ésta. Algo que debía servir para difundir al mundo la imagen de la BOS, la música vasca y al propio Metro Bilbao como escenario de modernidad.
Escenario insólito
El resultado fue el esperado, incluso mejor. En cuanto Vicente Zaragoza tocó en la caja las primeras notas, los viajeros levantaron los ojos de sus libros y periódicos, dejaron de jugar con sus móviles, retiraron los auriculares de sus orejas y se dispusieron a participar en una experiencia inédita en España y sin apenas precedentes en el mundo. La gran música rompía el silencio y, como dijo Beethoven, lo hacía para mejorarlo.
Vicente Zaragoza nunca había tocado la caja en un vehículo en marcha. Lo hizo, eso sí, en el delfinario del Oceanográfico de Valencia. Algo parecido a Teresa Valente, violonchelista, que interpretó su instrumento en el Museo de Historia Natural de Nueva York, frente al famoso dinosaurio. El contrabajista Christoph Filler había mostrado su trabajo en el puerto de Saint-Tropez, pero en tierra. Horacio Parravicini recordaba el viernes que hubo de tocar la flauta en la puerta de un cuartel, y Santiago López tomó el fagot en un 'ciber' de una familia africana. Solo Charles Bingham, violinista, había hecho música en un vehículo en movimiento, pero era un autobús.
«Es una experiencia fantástica», asegura Günter Neuhold, director de la BOS, que empuñó la batuta entusiasmado ante 72 instrumentistas para hacer la parte final, la apoteosis llena de sensualidad y ritmo con la que concluye la pieza del músico de Ciboure. «Hemos elegido esta obra porque es un compositor vasco, permite dar continuidad entre lo que se interpreta en el tren y en la sala de ensayos, y es muy buena para la orquesta».
La iniciativa de EL CORREO ha hecho, además, que la música clásica, un aspecto esencial de la cultura europea y universal, salga a la calle, al encuentro con ciudadanos que quizá nunca han acudido a un concierto o no la escuchan de manera habitual. Andrea Cazzaniga, violinista, está convencido de que algunos de quienes estaban en el suburbano el viernes durante los viajes musicales habrán buscado luego el 'Bolero' para escucharlo completo, y de que muchos de quienes vean el vídeo irán luego a escuchar a la BOS en vivo.
La función de la felicidad
El despliegue técnico preciso para llevar adelante un proyecto de esta envergadura ha sido muy grande. El vídeo de la parte del metro se rodó con cinco cámaras y participaron en la grabación, en distintas funciones, más de treinta personas. Por eso, en algunos momentos, el primer coche del metro, que fue la ubicación elegida en los tres viajes, parecía el camarote de los hermanos Marx, con madres con sillitas de niño, jóvenes, ejecutivos, jubilados y estudiantes intercalados entre los músicos y los cámaras, en una mezcla heterogénea, caótica y feliz.
Los minutos finales están filmados en la sala de ensayos de la BOS y ahí participa la orquesta casi al completo, además de regidores, técnicos de sonido, el archivero de la orquesta y personal de apoyo.
El próximo 28 de diciembre se cumplirán 75 años de la muerte de Ravel. Falleció a los 62, víctima de una enfermedad neurológica que lo había condenado al silencio cuatro años antes. Pero dejó una obra destinada a hacer feliz a la gente. El pasado viernes, al terminar la intepretación en el metro, una viajera le dio las gracias a Iwona Andrzejczak, viola de la BOS. El agradecimiento venía de que ella había salido de casa muy triste por un problema personal y la música había conseguido alegrarle el día. «Para eso están la música y el arte, para dar felicidad», decía emocionada Iwona. No se pierdan este Bolero.
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