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España, casi igual que hace 40 años

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España, casi igual que hace 40 años

Reeditan las historietas de la Transición de ‘España, una, grande y libre’. Y la sensación de ‘déjà vu’ al leerlas es apabullante: crisis, parados, cuentas en Suiza, corruptos...

14.03.13 - 00:01 -
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España, casi igual que hace 40 años

Ocurre con las historietas de ‘España, una, grande y libre’ que al lector se le olvida cuándo están escritas. Hace casi 40 años, entre 1976 y 1977, en plena Transición. Ahora que acaban de reeditarse en formato de bolsillo es curioso comprobar con tristeza cómo muchas de sus viñetas podrían haber sido dibujadas hoy por su autor, el reconocido Carlos Giménez (Madrid, 1941), medalla de oro al mérito en las Bellas Artes 2003. Las que muestran a hordas de parados, ciudadanos indignados protestando por las calles, millonarios evadiendo capitales a cuentas en el extranjero... Especialmente la historieta ‘Diccionario básico elemental’, que ilustra hoy esta sección. Muestra la “especulación” con bloques y bloques de “pisos a 3 millones la entrada y el resto en cómodos plazos”; explica lo que es “una triste realidad” -cientos de obreros aguardando turno en la cola del paro- y lo que supone “una realidad vergonzosa”: dos personajes con traje y sombrero cargados de maletas entrando en un banco suizo. Sólo les falta sacar un dedo a la manera de Bárcenas, vaya. Alguien debería preguntarse cómo es posible que este truco de toma el dinero y corre siga funcionando sin trabas cuatro décadas después. No faltan las noticias en los periódico: “Un obrero parado pone fin a su vida ingiriendo alcohol al no pagarle la empresa las 15.000 pesetas que le debía”. Cambiemos alcohol por ventana, pesetas por euros y añadamos la palabra desahucio.

“La gente no debería entender hoy estos chistes, no debería saber qué quieren decir. Si alguien los lee sin conocer cuándo están escritos, pensaría que son de ahora”, se lamenta Carlos Giménez, que creó estas historietas en aquellos primeros años del posfranquismo para la revista ‘El Papus’. Reconoce su plena actualidad y habla como un ciudadano indignado más: “Claro que tienen vigencia, nos están devolviendo al punto inicial. Lo que ocurre es que todo lo que se había conseguido con los gobiernos de la Transición, que parecía que entonces íbamos hacia adelante, se ha perdido. La democracia se ha convertido en una máquina para masacrar a los españoles en nombre de España. España va tal, España va cual... España es un punto en un mapa, hábleme usted de los españoles, que se les está sacrificando por España. Todo lo que se había montado lo han desmontado los últimos gobiernos, especialmente la derecha”.

La primera historieta se titula ‘La citación’: un hombre preocupado, agobiado porque ha recibido una llamada del Gobierno. Sudores, miedos... “Recuerda, María, el chalet de Cercedilla y la casa de Torremolinos están a tu nombre, el Mercedes es de la empresa, el apartamento de Sitges, a nombre de tu madre...”, le suelta a su mujer. Al final, llama a su señora por teléfono: “María, ¡me han nombrado ministro!”, le anuncia brindando con champán junto a otros políticos con sonrisa tiburón. “Los partidos no piensan más que en hacer dinero -prosigue el historietista-, han hecho de la política una profesión para poder corromperse. Que no son todos, dicen. Ya, pero son muchos”. Y añade: “Esta democracia es una mierda, está hecha para salir de la dictadura y ahí estuvo bien, pero luego se ha transformado en un rodillo por la incapacidad de unos y otros en el gobierno, por la sumisión a una Europa de mierda, la Europa de los banqueros”.

Rebelión

En el cómic también se habla de cumbres internacionales donde cuestiones de capital importancia como el medio ambiente, la explosión demográfica, la crisis energética, la pobreza en las grandes ciudades o el hambre en el mundo se despachan entre puro y puro con intervenciones surrealistas que resultan cualquier cosa menos soluciones: “Si paramos la contaminación se nos acaba el chollo y si no la paramos dentro de cincuenta años nos ahogará la mierda”, suelta un personaje con bombín. “Sí, pero será dentro de cincuenta años... El que venga detrás que arree”, le contesta otro. ¿No suena a... Kyoto?

Evidentemente, también hay historietas que se han quedado ancladas en una época, como debería ser. Es el caso del final del ya citado ‘Diccionario básico elemental’, censurado en su día por el propio ‘El Papus’. Aquí puede contemplarse el auténtico colofón: después de que un policía mata de un tiro en la cabeza a un obrero que protesta por un expediente de regulación de empleo (sí de esto sí hay hoy), una viñeta en negro muestra “el futuro”, y la última propone “la solución”: en ella se ve todo un arsenal de rifles, armas blancas, explosivos... ¿Acaso sigue llamado Giménez a la rebelión como forma de acabar con tanta desfachatez? “Esa viñeta es producto de la juventud del autor, de su sangre caliente. No, no, yo no incito a la violencia a nadie, no creo en ella. Además de que no soluciona nada, los primeros que la recibiríamos seríamos nosotros. Pero sí estoy a favor de la rebelión, de la protesta, de negarse a hacer cosas, como los bomberos que no quieren participar en desahucios, de decir váyase usted a la mierda a los grandes banqueros. Si fuéramos capaces de organizarnos para defendernos entre nosotros... Que nos tuvieran miedo. Pero mientras vean que todo es impunidad y que reciben a los periodistas pero no contestan a sus preguntas se seguirán creyendo los dueños del cortijo”. Y propone que España “se organice de nuevo, se creen nuevas leyes, que no puede ser que unos votos valgan más que otros... Que España no ha sido ni es una, grande y libre”.

Punkis e indignados

Otra historieta dedicada al anarquismo muestra una pared en la que un punki hace pintadas sin orden ni concierto (acaba pateado por un Durruti salido de la tumba). Una de ellas dice: “Las mujeres a follar, las feministas a fregar”. El otro día, siglo XXI, un socialista, Jesús Ferrera, le soltaba a la ministra Báñez que “mejor estaría haciendo punto de cruz”. Por no hablar de la ya famosa alusión a los morritos de Leire Pajín, que al alcalde de Valladolid del PP parece que le inspiran.

¿Le apetecería al autor ilustrar la realidad actual española? “Hombre, por apetecerme claro, si hay un momento en este país en el que merece la pena contar la actualidad y hacer chistes de ella es éste, pero creo que no habría dónde publicarlo, de tantas servidumbres como hay en los medios de comunicación con el capital”. De momento, tiene trabajo entre manos: acaba de sacar el número 2 de su serie ‘Pepe’, biografía de un amigo suyo y colega de profesión, Pepe González (autor de ‘Vampirella’ entre otros cómics). Y además, Carlos Giménez ya ha dejado su legado para la historia de España. La historieta ‘Jet Society’, que habla de largarse con la pasta, de maletas llenas de billetes y tal, termina con un iracundo español con boina de cuya rugiente boca sale un ‘bocadillo’ vacío, el que el humorista reservó para que “el lector añada lo que quiera sin miedo a la censura”. Complicidad con los ciudadanos indignados, con el movimiento 15-M, aunque sea un guiño lanzado hace cuatro décadas.

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