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Refugios de vida para Gernika
La villa foral contaba con tres búnkeres públicos y hasta siete privados más en sótanos del núcleo urbano
27.04.08 -

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Refugios de vida para Gernika
MEDIDAS. Los refugios salvaron muchas vidas. / GERNIKAZARRA
Las primeras bombas cayeron sobre Gernika al filo de las 16.30 horas. El ataque de la Legión Cóndor destruyó a los pocos minutos la casa del conde Arana. En su sótano se encontraban unas 80 personas. Todas sobrevivieron. Y como ellas, el resto de vecinos que aquel fatídico día, del que ayer se cumplieron 71 años, encontraron cobijo en la red de refugios de la villa foral. Este relato es fruto del trabajo de investigación de los historiadores Vicente del Palacio y José Ángel Etxaniz, de la asociación Gernikazarra.

«Se sabe que buena parte de las víctimas identificadas permanecieron en sus casas porque eran gente mayor, estaban enfermas o consideraban que en sus hogares estaban más seguros», manifestaron. Ambos expertos se apoyan en los datos de mortandad que disponen en la actualidad -126 fallecidos- y que no resultan tan elevados a tenor de los estudios que señalan en un 70% el porcentaje de edificios destruidos con el bombardeo.

El ataque aéreo que sobrecogió Otxandiano el 22 de julio de 1936 hizo que la Junta Municipal de Defensa de Gernika se decidiese a salvaguardar la vida de los civiles con la construcción de refugios. «Se lo encargaron al ingeniero madrileño Manuel Cabañes, que veraneaba en la localidad. Él, junto al arquitecto municipal, Castor Uriarte, diseñaron el sistema de búnkeres», relata Etxaniz.

Los encargados de los trabajos tuvieron que adaptar su estrategia al tipo de construcciones existentes en la villa. Para enero de 1937 ya tenían completado el sistema de defensa civil. Se habilitaron tres refugios públicos. Mientras que uno de ellos se ubicó en el sótano de la Casa Consistorial, el otro se realizó «a ras de suelo» en un inmueble de la calle Santa María, próximo a la actual Oficina de Turismo. El tercero, aún perdura en el Pasealeku. «Éstos tienen cuatro galerías de túneles que se extienden incluso por debajo del museo Euskal Herria», aseguran. Las infraestructuras fueron construidas en hormigón con el fin de soportar el impacto directo de las bombas. Asimismo se levantaron, al menos, siete refugios privados en sótanos de chalés repartidos por el núcleo urbano.

Sistema de señales

En este contexto, los trabajadores de las fábricas como Talleres de Gernika, así como los de la firma cubertera Jypsa y la de armas Astra-Unceta y Cía contaron con sus propios habitáculos contra la aviación. Actualmente, la de Astra aún perdura intacta. La infraestructura, de treinta metros de longitud, posee una forma de bóveda de cañón.

«Para que todos los refugios funcionasen, la Junta Municipal de Defensa de Gernika elaboró un sistema de señales para alertar a la población de posible ataques», afirma Etxaniz. Un vigía apostado en el monte Kosnoaga (Aixerrota) anunciaba el peligro con sólo agitar unas banderas rojas. Acto seguido, la señal se extendía hasta el campanario de la iglesia de Santa María donde una segunda persona hacía sonar las campanas al 'toque arrebato'. «Era entonces cuando las fábricas hacían zumbar sus sirenas y todo el mundo corría a resguardarse», afirmaron.
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