Dinámicas devotas

En el décimo tema, ‘The KKK Took My Baby Away’. / OSCAR CUBILLO

Las Ramonas inglesas se rindieron al cancionero eterno de los Ramones yanquis en un bolo dinámico, explosivo y original que puso en danza al Satélite T

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

En una mañana de domingo con numerosos conciertos para escoger en Bilbao (tres a la misma hora en un radio de un kilómetro cuadrado: La Hacería, Nave 9 y Satélite T) y alrededores (en Santurtzi, en la playa de Ereaga…), nos sacudimos la pereza y las legañas y retamos al sol para, inoculados por el virus ramoniano que nos inyectaron el sábado noche Las Señoritas Estrechas en La Nube, acercarnos al Satélite T para catar a las Ramonas inglesas, que superaron todas las expectativas.

Ahí había hasta niñas con camisetas de los Ramones y los oídos protegidos por auriculares y las cuatro chicas nos soltaron 32 pepinazos en 63 minutos que progresivamente fueron enloqueciendo a los presentes hasta llegar al pogo final (antes cantaron ante el micrófono que les tendía la lideresa, bailaron, corearon, de codearen con los colegas, fueron a la barra…). El arranque fue sorprendente y absorbente, conjuntado, electrificado y enfilado. Más dinámicas en escena que los originales, las inglesitas abrieron rompiendo prejuicios y cautelas con un ‘Rockaway Beach’ perfecto para esa mañana y seguidamente ‘Glad To See You Go’ les quedó más contundente que la víspera a Las Señoritas Estrechas, el ‘Sheena Is A Punk Rocker’ lo tocaron a toda mecha, un increíble ‘Havanna Affair’ llegó lanzado y perforante, en ‘Commando’ sentíamos que eso era un no parar, por el inicio alucinante cayó nuestra favorita ‘The KKK Took My Baby Away’ (‘El Ku Klux Klan se llevó a mi chica’; la escribió el cantante Joey Ramone cuando el jefe de la banda, el estricto Johnny, le quitó la novia; ya saben que se odiaban y ni se hablaban esos dos). Así las diez primeras piezas. Sin respiro. Como un huracán de unos 20 minutos.

Tampoco se tomaron pausa en lo que quedaba de conciertos: una vez pararon un instante para brindar y anunciar que iban a tocar dos canciones originales (la 26 y la 27: ‘2.0.1.6’ a lo Toy Dolls y ‘Roadkill’ bastante hardcore) y la segunda vez para el bis («¿tenéis más energía?», preguntó con conocimiento de causa la vocalista al regresar para cantar con el vaso en la mano ‘Somebody Put Something In My Drink’ y despedirse con un brutal ‘Beat On The Brat’)

Cloey Ramona (voz), Rohnny Ramona (guitarra; la más guapa de las cuatro, con camiseta de los Sex Pistols), Pee Pee Ramona (bajo) y Cammy Ramona (batería) no bajaron el pistón, y se foguearon igual de bien en las versiones que interpretaban los neoyorquinos (‘California Sun’ con el sol de Bilbao entrando por el escaparate, ‘Do You Wanna Dance’ muy fina, ‘Let’s Dance’ muy femenina, y muy punk el ‘R.A.M.O.N.E.S.’ que les escribiera Lemmy Motörhead como en los temazos de sus (y nuestros) adorados Ramones, pelotazos conocidos a los que siguieron encontrando resquicios que les alejaban de la verbena, del tributo manido y mustio: ‘Listen To My Heart’ fue un flechazo, ‘Pinhead’ les quedó nervioso y tenso (y salió a escena un monstruo con el cartel de Gabba Gabba Hey), ‘Now I Wanna Sniff Some Glue’ brutal y minimal, ‘We’re A Happy Family’ friki y troglodita, y ‘Blitzkrieg Bop’ generó el gran pogo.

Lo de estas chicas no es cuota femenina, ni grupo tributo a tempo lento, ni imitación sin actitud. ¡Qué buenas las Ramonas!

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