El párroco y el pastor evangélico de Otxarkoaga analizan el doble crimen: «El problema es la pérdida de valores»

Joseba Segura y Ángel Borja sellan con un apretón de manos su compromiso para colaborar en beneficio del barrio./JORDI ALEMANY
Joseba Segura y Ángel Borja sellan con un apretón de manos su compromiso para colaborar en beneficio del barrio. / JORDI ALEMANY

El párroco del barrio y su pastor evangélico analizan de la mano de EL CORREO unos asesinatos que han estremecido a la sociedad

JOSÉ DOMÍNGUEZ

«Yo tenía ya 16 años cuando me bauticé, pero lo hice aquí mismo, en la parroquia de los Santos Justo y Pastor». Ángel Borja presume de ser vecino del barrio desde su fundación en 1961, además de pastor evangélico. «Y miembro del consejo de dirección de la iglesia Evangélica Filadelfia en España», remarca instantes antes dar un fuerte y afectuoso apretón de manos al párroco de la iglesia de Otxarkoaga, Joseba Segura. Ambos admiten no conocerse y que preferirían que su presentación se hubiese producido en otras circunstancias. No tras el asesinato de Lucía y Rafael en el que están presuntamente implicados tres menores, dos de 14 años y otro de 16. Agradecen, sin embargo, el encuentro propiciado por EL CORREO para analizar las claves que en su opinión estarían detrás del violento crimen. Y se comprometen a aprovechar esta «oportunidad para compartir muchas cosas e iniciar un diálogo fluido que beneficie a todos».

«Nuestro trabajo es evangelizar, ayudar al prójimo, que es la única manera que conozco de cambiar a las personas», reflexiona Borja en una tertulia improvisada en la plaza Kepa Enbeitia que deriva en un tranquilo paseo aprovechando que la lluvia de esta tormentosa mañana de viernes da un respiro. Segura asiente con la cabeza mientras anda sin que nadie le salga al paso. «Viví 12 años en Ecuador y estoy aquí desde septiembre, todavía no me identifican», se justifica el párroco. Aunque también ayude a pasar desapercibido que vista de calle, sin motivos religiosos más allá de que plumífero, pantalones e incluso zapatillas -de trekking, eso sí-, sean de color negro. Ese anonimato en el barrio, sin embargo, contrasta con una amplía experiencia eclesiástica y en labores de mediación -en el país latinoamericano activó la red de Cáritas y en la tregua de ETA de 1998 participó en las conversaciones entre el Gobierno y la banda terrorista- que le han catapultado a figurar en las quinielas para relevar al número dos de la diócesis de Bilbao, el vicario general Ángel María Unzueta, que deja el cargo.

Durante la charla, cada vez más distendida y animada, el sacerdote natural de Rekalde incide en los puntos en común que mantiene con la visión del pastor. «Muchos», resalta. Y que asegura no sólo se limitan a planteamientos estrictamente religiosos, sino del propio análisis del trágico asesinato. «Rechazamos este acto criminal realizado por personas que se han comportado como animales irracionales lanzándose sobre las presas más fáciles: nuestros mayores», sentencia categóricamente Ángel Borja. «La violencia tan extrema empleada por estos menores no se explica en un simple intento de robo», apuntala Segura. Y el predicador evangelista, que sólo en Otxarkoaga tiene 350 fieles -el 99% de etnia gitana y la mitad «de los que tienen derecho a voto en el barrio»-, concluye la reflexión conjunta remarcando que, a su juicio, lo que subyace tras «esta atrocidad» es una «pérdida absoluta de valores entre estos niños, ese es el gran problema».

El efecto «psicológico» de la presencia policial a pie por la calle

Toda la semana varios coches de la Policía Municipal han hecho guardia junto a la plaza Kepa Enbeitia. Y se ha visto a agentes patrullando las calles a pie «y no sólo para poner multas», como criticaban los vecinos. Joseba Segura ve bien la medida por su efecto «psicológico». «Ayuda a que la gente esté un poco más tranquila». El párroco, sin embargo, cree que es temporal y que las patrullas «acabarán por desaparecer sin solucionar el problema de la seguridad». Por eso urge a las instituciones a abordar las carencias del barrio de forma integral. «Y que la vigilancia se extienda a las noches, que es el momento más peligroso», añade Ángel Borja.

Con un tono más pedagógico, el cura desarrolla esta idea. A su juicio, el pilar fundamental que ha fallado para estos jóvenes ha sido el de la familia: «La institución que trasmite los valores principales y acompaña a los hijos en su crecimiento no ha estado presente». Estos chavales se han criado «solos, sin ningún control, creando sus propias referencias, su propio mundo, en el que cualquier cosa vale, con una amoralidad prácticamente completa ya que piensan que pueden conseguir lo que quieren, cuando y como quieren».

«Sin el apoyo de la familia, han creado sus propias referencias, un mundo en el que cualquier cosa vale» Joseba Segura. Párroco de Otxarkoaga

Tanto Borja como Segura matizan que su interpretación compartida no intenta «diluir la responsabilidad primera en el asesinato». Al contrario. Insisten en que la culpa recae en sus autores, «independientemente de la edad». Sobre ellos, coinciden de nuevo, la Justicia debe mostrarse implacable según la legislación vigente.

«Sumaremos esfuerzos para que, más pronto que tarde, el barrio recupere la confianza y la convivencia» Ángel Borja. Pastor evangélico

A renglón seguido, sus opiniones vuelven a confluir al considerar como implicados, «en menor grado», a otros actores. Como la propia familia por hacer dejación de sus obligaciones. Y en tercer lugar apuntan a las propias instituciones públicas. «¿Cómo puede un chaval escaparse tan fácil de un centro tutelado, y que tras la tragedia en sólo dos días reactiven la búsqueda de 30 huidos desde no se sabe cuándo? Deben reflexionar sobre sus sistemas de control y seguimiento», reivindica Segura.

Resocialización «muy difícil»

Aunque el párroco tampoco exige garantías de «éxito total» en la resocialización de unos menores «que vienen como vienen». La realidad le ha enseñado que «recuperar a estas personas es muy difícil». Por mucho que «para mí, como religioso, sea una cuestión de confianza y fe no descartar a nadie antes de tiempo».

Ángel Borja se sale ligeramente del consenso al mostrarse más crítico con los responsables políticos en su gestión de Otxarkoaga. A su juicio, la ola de delincuencia que atenaza a los vecinos y que ha visto su colofón con el violento asesinato, «ya la denuncié en 2012». Y se explica. «Fue entonces cuando vi que empezaban a traer gente desalojada de otros puntos de Bilbao y temía que eso provocase una confrontación entre nosotros. Ha sido un fracaso de las instituciones que no quisieron escucharnos», asevera. Porque, puntualiza, «yo no conozco a esos niños ni a sus familias», tras remarcar que el mayor «no es de etnia gitana» y que los otros dos «no son hijos de oriundos de Otxarkoaga». Y subraya que hasta la proliferación de nuevos residentes de los últimos años, «la convivencia entre payos y gitanos había sido muy buena, sin confrontación».

La pareja sube la cuesta que va al Mercado Chino -cerca del domicilio donde residían Lucía y Rafael-. Presencian la airada protesta de un vecino ante la aparición de un fotógrafo. «La gente sigue muy encrespada», lamenta Ángel Borja. Joseba Segura aprovecha la ocasión para lanzar otra reflexión «y un reto»: el doble crimen ha abierto en el barrio «una herida muy profunda y hay que hacer lo posible para que sane y cure bien». «Sí, que no se infecte; que más pronto que tarde el barrio recupere la confianza y la convivencia», sentencia el pastor evangélico. Y, «por lo que nos toca», añade su compromiso a sumar esfuerzos con el párroco local «y aportar nuestro granito de arena al margen de que los actuales no sean los mejores tiempos en cuestión de creyentes». Ya se han puesto manos a la obra y analizarán juntos las necesidades del barrio para consensuar acciones que faciliten volver a «coser» Otxarkoaga.

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